Personajes de Sinaloa

Francisco R. Serrano

Mártir Antireeleccionista

 

Por  Celso N. Tirado Páez

El cargo más grave que el obregonismo hizo al general Francisco R. Serrano cuando éste aceptó su candidatura a Presidente de la República, fue el de traidor a la amistad del caudillo sonorense; y la acusación electoral contra el general don Álvaro Obregón, fue el de traidor a la Revolución. Su enemistad de 1927, que terminó con la tragedia de Huitzilac, se debió principalmente al criterio divergente de ambos. Obregón vió sin repugnancia su discutidísima reelección, y Serrano la consideraba como un atropello sangriento al postulado democrático que originó el movimiento acaudillado por Madero.

Lo cierto es que el general Serrano era un antireeleccionista ortodoxo, exigente de la doctrina; y convino en su postulación creyendo que así servía mejor a los principios de la Revolución.

En la humilde aldea de Santana, de la municipalidad de Choix, Sinaloa, donde nació el 16 de agosto de 1889, pasó Serrano su niñez inquieta y precoz.

Tenía destellos de inteligencia natural en las conversaciones familiares y en los juegos infantiles, en que siempre manifestó su temperamento fogoso y su inclinación a la munificencia.

En este deslumbrante escenario tropical del Noroeste se desarrollaron los primeros pasos de su vida.

De cinco años lo llevaron a Huatabampo, Sonora, y tanto doña Micaela Barveytia como don Rufino Serrano, padres suyos, se empeñaron tesoneramente en su educación. En su casa le enseñaron el silabario en sólo unas cuantas semanas, y más tarde ingresó a un plantel escolar de la misma ciudad sonorense, en donde cursó meteóricamente una parte de sus estudios.

En 1903, don Fortunato Vega le dio un empleo en su negocio de El Fuerte al jovencito de 14 años de edad, Francisco R. Serrano. Se le señalaron las labores de ayudar en los menesteres de la oficina y en el despacho de mercancías. Allí permaneció tres años, mostrándose tan diligente y listo en el trabajo que se le encomendara, que le concedió don Fortunato varios aumentos de sueldo, y le guardaba consideraciones muy especiales en virtud de su honradez y su sentido de responsabilidad, admirándose de su espíritu de iniciativa para resolver cualquier problema que se le presentara en los negocios a él encomendados.

A raíz de la penúltima reelección del general Francisco Cañedo, en el año de 1904, se le pidió a Serrano su opinión sobre aquel suceso político que los amigos del mandatario porfirista celebraban con atuendo; y él se concretó a contestar con esta frase apotegmática: “La reelección es en política sinónimo de castración”. Así se rebelaba desde entonces contra la tiranía y el continuismo.

Quiso elevarse en sus condiciones de vida el joven Serrano, y de El Fuerte pasó a Mocorito con el fin de ocupar un empleo de más categoría en la negociación del señor don Manuel J. Esquer, personaje influyente en el gobierno y rico comerciante. Interesado éste por el progreso de aquel joven, lo inició con buen éxito en la Teneduría de Libros, y en pocos meses puso en sus manos la contabilidad de su empresa.

En busca de su mejoramiento, y deseoso de entrar en otras actividades que no fueran las de un simple empleado comercial, se trasladó Serrano en 1907 a la ciudad de Álamos, en donde colaboró como articulista en un periódico, pronunciándose ya con más vigor por las ideas antireeleccionistas.

Precisamente por causa de uno de sus comentarios en aquella prensa, fue encarcelado al venir a Sinaloa en septiembre de 1908, porque había escrito en contra del general Cañedo, censurando sus contínuas reelecciones. El prefecto de Culiacán dió orden de que lo aprehendieran, y, con lujo de arbitrariedad, lo internaron en la cárcel local.

En aquella época calificaba personalmente a los presos el general Cañedo, y supo en su visita a la prisión, que el novel escritor mantenía aún su actitud digna y elevada de oposición.

El gobernador le hizo algunas preguntas de carácter político, como queriendo disuadirlo patriarcalmente de un error, y como el detenido sostuviera su criterio con fervor romántico, le vino en gracia su rebeldía y ordenó su libertad.

Su ideología revolucionaria inspiró a Serrano el apotegma de El Fuerte y los comentarios periodísticos de Álamos, y su encarcelamiento de Culiacán podó su entusiasmo antireeleccionista.

Su esfuerzo por salir del reducido ambiente económico en que vivía, llevaron al joven Serrano a los campamentos de trabajo del Ferrocarril Sud Pacífico de México en construcción. Luego se trasladó a Huatabampo con el objeto de pasar una temporada al lado de sus familiares, de los cuales le sobreviven sus hermanos Manuel Serrano, doña Micaela S. Vda. de Jáuregui, doña Amalia S. Vda. de Obregón y doña Dolores S. de Ruiz.

Al retorno del hijo distinguido, sus padres lo vieron convertido en un ciudadano libre. Don Rufino y doña Micaela nunca le insinuaron una conducta diferente al saber que seguía con interés ostensible el curso de la campaña electoral del Lic. José Ferrel, candidato a gobernador de Sinaloa en 1909, y hasta vieron con simpatía que su hijo se apasionara por esa causa que abrió el fuego cívico nacional contra el porfirismo y que enarbolara el gonfalón revolucionario de “Sufragio Efectivo. No Reelección”

Con la constante lectura de buenos libros y ayudado por su espíritu de evolución, obtuvo Serrano una cultura maciza que le dió la viveza de imaginación y de raciocinio que le conocimos.

En el sur de Sonora y norte de Sinaloa, dentro de un sencillo marco agreste, forjó su carácter liberal y batallador: en Huatabampo se enseñó a leer y escribir, y en El Fuerte ganó el primer peso que le produjo su trabajo. Por este doble vínculo de enseñanza y lucha, les tuvo gran cariño y gratitud a los Estados del Noroeste que lo vieron nacer y formarse.

En Quilá, Sinaloa, conoció Serrano a la señorita Amada Bernal, a quien hizo su esposa en octubre de 1912. Cuando se efectuó su boda, era Presidente de la República el señor don Francisco I. Madero, por quien él sentía una viva admiración. Pensaba que ningún hombre podría cimentar incorruptiblemente la doctrina de la Democracia como el caudillo de 1910.

Sus ocupaciones le absorbían toda su atención personal, y a ellas se dedicó por entero en Hermosillo, ya que formó su hogar de recién casado. Dos meses después de su matrimonio, expuso a sus padres, con clara y certera visión, que la política nacional iba siendo de día en día muy difícil, y que, deseando estar listo para cualquier evento en que se viera obligado a cumplir con su deber de revolucionario, viviría con ellos su esposa para mayor seguridad y respeto.

Ya entonces, en 1912, existía la amistad intima de Serrano y Obregón. Sus familiares se relacionaban asiduamente, y ellos no tuvieron en esa época ninguna contrariedad. Primero en Huatabampo y luego en los campos de la Revolución, se trataron con gran cariño y atenciones. Quienes conocieron su amistad y la confianza con que se hablaban, no pensaron nunca en que se distanciarían tan trágicamente.

Don Álvaro era cuñado de doña Amalia Vda. de Obregón, hermana del general Serrano. El parentesco les venía porque dicha señora se casó con don Lamberto, hermano mayor del Manco de León.

La señora doña Micaela S. Vda. de Jáuregui, también hermana del divisionario sinaloense, estaba emparentada políticamente con el general Obregón.

Esas ligas familiares, tan íntimas como evidentes en sus mutuos parientes, no contuvieron las pasiones de partido ni evitaron el distanciamiento fatal de estos candidatos presidenciales; ni tampoco fueron obstáculo para que se declarasen ambos una guerra sin cuartel.

Serrano señalaba a Obregón como un imitador o una caricatura de don Porfirio Díaz, por su propósito de reelegirse tras el intermedio del general Dalles, (como en el truco electoral de don Manuel González y el héroe del 2 de abril) y el general Obregón aseguraba que Serrano lo había traicionado.

Doble dolor sufrieron los hermanos del general sinaloense con los sucesos de Huizilac: la muerte de su ser más querido y la amargura del vínculo familiar manchado con sangre.

En el lapso de un año se epilogó el intento de reelección de 1927 con el asesinato de La Bombilla, quedando antes la negra huella de las catorce cruces de Huitzilac.

Jamás se han relacionado ya las familias Serrano y Obregón como consecuencia de la honda división surgida por la enemistad de sus jefes.

Los amigos del mártir de Huitzilac siguen acusando al general Obregón como el culpable de la tragedia de 1927, y los obregonistas niegan aún que el caudillo sonorense haya tenido complicidad en la trama del crimen.

Después del discurso demoledor del general Serrano en Puebla, los negros agoreros de la política nacional hicieron fatales vaticinios…¡ Sabían mucho!

Desde su comentario periodístico contra la reelección de Cañedo, hasta el momento angustioso de su aprehensión en Cuernavaca el 13 de octubre de 1927, el general Francisco R. Serrano fue un alucinado de la doctrina democrática, y con esa fe cívica bajó a la tumba.

 

Tomado de; Presagio, Revista de Sinaloa; numero 5, páginas 16-19.

 

 

 

General Francisco R. Serrano

General de División Francisco R. Serrano

Summary
Name
Francisco R. Serrano
Nickname
(Mártir antireeleccionista)
Job Title
Revolucionario mexicano sinaloense, Candidato a la presidencia de México
Company
Ejército Revolucionario de México
Address
Santana, Choix,Sinaloa, México

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