Personajes en Sinaloa

Francisco “Pacho” Peregrina

 

 

Por  Filiberto Patiño Escamilla

La historia de Pancho Peregrina es la historia del pueblo de México. Nada hay en ella que no se apareje al paso espasmódico de una evolución social de años inútiles. Compas de esperanza letárgica que azotó al pueblo por siglos y en donde lo estoico estranguló el camino de la justicia.

Una niñez incolora que solo se matiza con los pleitos de barriada, donde se templa el carácter y se arrecia el espíritu con las riñas de los barrios. Derrotas, a veces, donde el grandulón abusa de su fuerza para dejar cicatriz perenne en el rostro o el resabio doloroso que por años ha de marchitar el orgullo.

Pancho Peregrina nació en Villa de Álvarez, Colima, en las postrimerías del siglo pasado y fué traído a Mazatlán a la edad de tres años.

Durante su infancia y pubertad no conoció otras gentes que el mazatleco mal hablado que enfatiza sus pláticas con “tacos” y bromas de refinado colorido. Pero no todo era riña a pedradas, se asistía, además, a tertulia callejera de chamacos que bajo la cachimba parpadeante se enajenaban historietas de seres “aparecidos” de ultratumba; las batallas contra los franceses; las hazañas de Ángel Flores y Juan Carrasco. Y la noche era, entonces, vuelo de pajarracos que estrellaban sus garras contra los cerros para matar a los niños embutidos en el miedo estrujante.

Pancho Peregrina “aprendió el caló” sinaloense manejando las tijeras o cautín para la forja de bandejas y canalejas, y la cámara fotográfica con la que con “retoque” de artista desarrugaba rostros de damas pretenciosas de una juventud huidiza.

Sus padres fueron doña Merced Campero Ahumada de Peregrina y el señor profesor don Diego Peregrina. Ella era de Guadalajara, Jalisco, y él de Colima, Colima. Por cierto que doña Merced -según Pancho- contaba que era descendiente de Santa Teresa de Jesús y lo hacía con orgullo. Igualmente su primo, el coronel Miguel Ahumada fué gobernador de los Estados de Chihuahua y Jalisco, cuando don “Porfi” no disfrazaba el “dedazo” para designar a los gobernantes.

En la segunda década del presente siglo, el profesor Diego Peregrina fundó un colegio particular en la capital del Estado, en donde bajo su forja crecieron algunos de los hombres prominentes de la época.

Posteriormente, el maestro Peregrina vino a radicar definitivamente a Mazatlán como preceptor del Gobierno del Estado. Aquí en el puerto, fué maestro de varios jóvenes culiacanenses que eran enviados por sus padres, como los Almada, los Retes, etc. Al maestro Peregrina se le atribuye la introducción del método Rébsamen a Sinaloa.

Francisco Peregrina Campero, ya un joven de 18 ó 20 años, hizo amistad con algunos generales revolucionarios, de aquellos del 13 que se rebelaron contra Victoriano Huerta, en consecuencia, una vez las cosas “calmadas”, Pancho comenzó una vida de burócrata que le dió la oportunidad de visitar poblados y rancherías del sur de Sinaloa, donde aprendió a conocer realmente al sinaloense. Sus costumbres, su idiosincrasia, su vocabulario y la festividad con que se expresa hasta en las cosas trágicas.

Finalmente, Pancho Peregrina fué designado Jefe de Acción Social del Gobierno del Estado y ya en la época del Gobernador Rodolfo T. Loaiza, a su muerte y siendo Secretario General de Gobierno el licenciado Teodoro Cruz, Pancho fungía como Oficial Mayor. El asesinato del coronel Loaiza y una licencia del “Mayo” Cruz le dió a Pancho Peregrina la oportunidad de ser Gobernador de Sinaloa por 24 horas por ministerio de ley. Cabe decir que el “Mayo” Cruz y Pancho Peregrina tenían amistad desde niños, pues el primero de ellos vivía a espaldas de la capilla de San José aquí en Mazatlán, y Pancho fué “compañero” en dicha capilla por ese entonces.

En el año de 1958 el periódico “El Nacional” convocó a un concurso literario internacional. El premio era de $15,000.00 y un diploma. Pancho ya tenía esbozado un retrato literario del sinaloense sureño que llamó “En el Sur de Sinaloa” y en donde narra sin desplantes académicos una devota querencia al folclorismo de tonos armoniosos con que vive y se entiende la gente “mal hablada”, parrandera que “Jala” la tambora por las calles y canta al amor; toda la gama de la expresión corriente y llana del sinaloense que baja desde la sierra mojada con su melancolía cancionera, hasta los planos y lomeríos donde el campesino siembra “a piquete” para hermanarse con el “marismeño” que huele a pescado porque vive en los esteros entre los mangles; parece que “En El Sur de Sinaloa” se trasunta la bravía postura de los hombres en los bailes de “candil’.

La eclosión en el ámbito de clarinetes y trombones, matizados por el grito ríspido que emana el mezcal para decir a voces de copla el “corrido” pueblerino que es historia. Historia de hombres valientes que lo mismo les dá balacearse las entrañas en un baile que en una cantina. O de mujeres hermosas que también pierden la vida a manos de galanes despechados.

“En el Sur de Sinaloa” se deja pasar el tiempo prendido en los aleros de las casas, para dar paso a otros años que en nada cambian las costumbres de los sinaloenses, excepto que hoy la energía eléctrica ha vencido las cañadas y los barrancos serranos para llevar la canción de la radio lejana y la escena casi grotesca en esos parajes, de los programas de televisión de novelas peruanas y venezolanas, que nada tienen que hacer en esos hogares de gentes sencillas que no conocen la prostitución mercantilizada.

La novela de Pancho Peregrina seguirá ungiendo a la literatura, la vida bronca con el decir ranchero de los hombres y las mujeres sureñas de Sinaloa. Y aunque pasen los aconteceres de una cultura que cambie la raíz y la esencia de estas gentes, las Siris, los Carmelitos y las Lugardas permanecerán presentes mezcladas en el pueblo.

La novela de Francisco Peregrina triunfó en el citado concurso de “El Nacional”, llevando como jurado a José Martínez, Luis Spota y Alí Chumacero. Su lema: “Llaga que no se mira no se cura” fué publicado en el periódico “El Universal” allá por el año de 1965. Y se decía además, que se ignoraba el nombre del autor. La noticia fue leída por el Dr. Camelo y Vega (compañero de Peregrina, Verdugo Fálquez y Alejandro Hernández Tyler), en “la banca” de la plazuela Obregón en Culiacán. Peregrina supo inmediatamente que era su obra y se trasladó a la ciudad de México a reclamar sus derechos. Y en efecto, el hombre había alcanzado la gloria en las letras tanto a nivel nacional como internacional.

En la página editorial del periódico “El Universal”, del 6 de febrero de 1966, se publicó una crítica de la novela de Francisco Peregrina.

La que transcribimos en su parte más importante: “una novela costumbrista, pero con ser eso muy grande; no el lingüístico el único, ni siquiera el principal mérito de la novela, tampoco lo es el costumbrismo que es acertadísimo, lleno de colorido; quizá lo mejor y lo más notable es el humor de los grandes novelistas que narran con una sonrisa en los labios aún los lances más trágicos: como Dickens, Daudet, como Balzac, y, bueno, como Cervantes…

“La novela nos parece una de las más hermosas, de las más cuajadas y de las más llenas de sabor y calor que se han escrito en México en lo que va del año”.

 

 

Tomado de; Presagio, Revista de Sinaloa; numero 4, páginas 9 y 34.

 

 

Francisco Peregrina

Francisco “Pancho” Peregrina

 

Summary
Name
Francisco Peregrina
Nickname
(Pancho Peregrina)
Job Title
Funcionario público, literato,Gobernador de Sinaloa,
Company
Gobierno del Estado de Sinaloa
Address
Villa de Álvarez,Colima, México

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