Próceres de Sinaloa, México

 

DON FRANCISCO DE IRIARTE CONDE

 

Por: Antonio Nakayama

La personalidad de este distinguido patricio, Francisco Iriarte Conde, es poco conocida en virtud de los escasos datos que de él se tienen. Lo único que sabemos de su vida es lo relativo a su actuación en los sucesos del Estado Libre de Occidente y en la de la lucha por la constitución de Sinaloa como estado de la Federación pero lo que concierne a esta etapa no ha tenido todavía una divulgación bastante amplia, debido a que no se ha escrito detalladamente sobre ella.

El prócer era originario del Real de Cosalá, donde vino al mundo en el seno de una distinguida familia de la región, aunque ignoramos la fecha en que haya tenido lugar el nacimiento. Es posible que éste se registrara en los primeros años de la década de 1790 o a finales de la del 80, si tomamos en cuenta que casi al final de su gobierno en occidente casó una de sus hijas. Igualmente desconocemos todo lo relativo a su niñez y juventud, mas dado que sus progenitores eran personas de cierta holgura económica, nos inclinamos a creer que haya hecho estudios en Guadalajara o en México, aunque si bien es cierto que no logró grado académico de ninguna especie. La familia Iriarte no solamente tuvo prominencia en el aspecto económico, sino que también sus miembros destacaron como hombres públicos. Así tenemos a don Antonio Iriarte, del que no sabemos si era hermano o primo de don Francisco, y el que también fue constituyente de occidente y gobernador electo de Sinaloa, y es de suponer que don Basilio de Iriarte, diputado al Congreso Nacional que se instaló después de la abdicación de don Agustín de Iturbide, haya sido igualmente familiar.

Dedicado a las actividades mineras, don Francisco pronto se vio dueño de una fortuna más que regular debido a la riqueza de las vetas que trabajó, y respaldado por el poderío económico enderezó sus pasos por el camino de la política, logrando que se le nombrara miembro de la Diputación Provincial de Sinaloa creada en 1823, cargo que pronto dejó al ser designado por el gobierno de la Republica gobernador de la provincia de Sinaloa, que acababa de ser separada de Sonora.

Su capacidad y energía se pusieron de manifiesto en ese puesto, dado que en esos días en que se debatía el futuro de México, se iniciaron los choques que habrían de llevar a la delimitación de los campos ideológicos y a la formación de los partidos conservador y liberal. Los integrantes de ambas tendencias luchaban decididamente por la preponderancia, y en la pugna no se reparaba en medios, ya que la cabeza de la conservadora era el obispo de Sonora Fray Bernardo del Espíritu Santo, cuya agresividad en materia política conocía todo el mundo, y quien siendo la figura que dominaba al noroccidente, era el blanco de los criollos que anhelaban el poder. Iriarte, aunque de reconocida filiación liberal, tenía que guardar el equilibrio y no aparecer como parcial, y para esto le ayudaba la virtud de la prudencia. Uno de los problemas más serios a que se enfrentó fue la situación que se presentó con motivo de las elecciones para diputados al Congreso Constituyente de Occidente, ya que la campaña se realizó enconadamente. Los presbíteros Lic. Francisco de Orrantia y Br. Antonio Fernández Rojo, que eran candidatos y pertenecían al grupo enemigo del de fray Bernardo, sufrieron persecuciones de parte de éste. Al primero de ellos, que servía en el curato de El Fuerte, se le encarceló por un motivo baladí, mientras que al segundo se le suspendió en sus funciones como párroco de Culiacán. Iriarte indicó al Alcalde 1° de este último lugar que amparase a Fernández Rojo, y como el grupo afecto al obispo maniobró abiertamente para que anulasen las elecciones en el partido de la villa de Sinaloa, puso los hechos en conocimiento del gobierno federal, el que le ordenó activase la instalación del Congreso Constituyente, así que de inmediato mandó se pusiese en libertad al Lic. Orrantia y a Fernández Rojo, quienes pudieron marchar a El Fuerte para desempeñar su comisión.

Ya instalado el Congreso, uno de sus actos fue nombrar vicegobernador a don Francisco de Iriarte, pese a las protestas de enfermedades, ocupaciones e incapacidad que el agraciado presentó para no ser nombrado, y al celebrarse las elecciones para autoridades constitucionales, los pueblos lo eligieron para que ocupara nuevamente el cargo, habiendo sido llamado para que desempeñara el Poder Ejecutivo, por renuncia que hizo el titular, coronel Simón Elías González.

La rebelión de los yaquis y mayos, que puso en peligro la estabilidad del gobierno en El Fuerte, hizo que los poderes se trasladaran a la villa de Cosalá, donde se iniciaron los sucesos que dieron lugar a la larga pugna que sostuvo el vicegobernador con las legislaturas de occidente. Todo comenzó al votarse el cambio de la capital a Culiacán, al que se opusieron algunos diputados; la violencia llegó al grado de que varios de los legisladores abandonaron el recinto dejando a la asamblea sin quórum durante varios meses. Iriarte trabajó activamente conciliando intereses hasta que volvió a integrarse el Congreso, y reanudadas las sesiones, se votó el traslado de los poderes al mineral de Álamos, mas la ley fue devuelta por don Francisco Iriarte, con algunas observaciones. EI pueblo de Cosalá se amotinó protestando por el cambio, cosa que alarmó a la legislatura y la hizo huir y refugiarse en la villa de San Sebastián, mas habiendo encontrado la protección del coronel Mariano Paredes Arrillaga, depuso al vicegobernador y mudó la residencia del gobierno a Álamos. Esta circunstancia motivó que los sinaloenses solicitaran la división del estado, petición a la que se opuso la legislatura a pesar de que los ayuntamientos de la entidad se mostraron favorables al proyecto.

La etapa del pleito de Iriarte contra la Asamblea Legislativa para que se le repusiera en la vicegubernatura, fue la más amarga y agitada de su vida. La Corte de Justicia del estado falló 2 veces en su favor, pero la situación se encontraba en un estado muy candente, y los diputados, llenos de soberbia y mostrando gran repudio hacia el prócer cosalteco, se negaron al acatamiento de las decisiones de aquel alto cuerpo, así que don Francisco, apuntalado por su poder económico, por el afecto que los pueblos le tenían y por la justicia de su causa, continuó en una lucha que se veía completamente desigual, ya que el Congreso era todopoderoso, mas desgraciadamente ese dominio lo hizo salirse de sus facultades. Nuevamente algunos legisladores de Sinaloa y Sonora solicitaron la división del estado en el año de 1827, mostrando objetivamente los motivos que había para que se llevara al cabo, mas no lograron que se escuchara la petición en forma positiva. El Congreso era amo y señor de occidente, y su conducta llegó al grado de que habiendo resuelto el Congreso Nacional la reposición del señor Iriarte, se negara al acatamiento del fallo. La actitud de los legisladores terminó con la paciencia del pueblo, que empezó sus ataques al gobierno acusándolo de inmoralidades y de arbitrariedades, señalando los casos siguientes: el de don José María Gaxiola, gobernador, a quien se encontró un desfalco de $20 mil como arrendatario de diezmos de El Rosario; el de haber aceptado como diputado a don Antonio Almada a pesar que su elección había sido irregular, y el de acumular poderes administrativos y militares en el también diputado Carlos Cruz de Echeverría.

Los brotes de inconformidad se fueron multiplicando y pronto apareció la violencia al registrarse levantamientos en Culiacán, Cosalá, San Javier y Guaymas. Pero el Congreso se mantuvo en su actitud de intransigencia ya que contaba con el apoyo del jefe de las armas, general José Figueroa.

En agosto de 1829, don Leonardo Escalante expidió el Plan de Aconchi, pidiendo la reposición de Iriarte, la salida del gobernador Gaxiola y el desconocimiento de las autoridades que habían sido electas en forma anticonstitucional. Ante la presión, Gaxiola presentó su renuncia, pero la legislatura, todavía ensoberbecida, se limitó a expedir un decreto en el que establecía que quedaba olvidado todo lo relativo a la división de la entidad y a la reposición del vicegobernador siempre que los levantados depusieran su actitud hostil. Los diputados olvidaron que lo que el pueblo deseaba era que se repusiera en el gobierno a don Francisco y que se dividiera al estado, así que la sublevación tomó mayores proporciones, lo que obligó al general Figueroa a hacer a un lado la tarea de apoyar al Congreso y a parlamentar con don Leonardo Escalante, comprometiéndose a reinstalar al vicegobernador aunque fuera por la fuerza de las armas. La legislatura tuvo que humillarse y en octubre de 1829 Iriarte tomó posesión del gobierno, separándose en marzo de 1830 en que lo entregó a don Leonardo Escalante, que había sido electo vicegobernador.

La tremenda lucha sostenida por don Francisco de Iriarte terminó con una estrepitosa victoria, pero como había sido alma del movimiento separatista, su mayor triunfo fue la división del estado, decretada por el Congreso Nacional el 14 de octubre de 1830, para que Sinaloa y Sonora quedaran como estados de la Federación, y el 30 de enero se verificó la elección para diputados constituyentes que habrían de reunirse en Culiacán.

Un acontecimiento que vino a marcar rumbos decisivos para el futuro de México fue la aparición de la masonería, que como sabemos fue traída por oficiales del ejercito español peninsular. No sabemos con exactitud en qué fecha se formaron las primeras logias en el noroccidente, aunque es de suponerse que la hermandad masónica llegara con el teniente coronel Mariano de Urrea, quien en 1823 fue nombrado jefe político y comandante general de Sonora y Sinaloa. Desde luego que los primeros masones en occidente pertenecían al rito escocés, dado que el yorkino se estableció hasta 1825, gracias a la habilidad y el trabajo de zapa del embajador de los Estados Unidos de América Joel R. Poinsset, para iniciar el futuro imperialismo de su país, sirviéndose de los liberales radicales y exaltados, quienes de manera inconsciente se prestaron a colaborar con él; de otra manera Poinsset no hubiera podido lograrlo, pues los escoceses eran en su gran mayoría españoles, criollos conservadores y liberales moderados. En occidente una de las figuras más destacadas del yorkinismo fue el licenciado José Joaquín de Avilés, nativo de Culiacán, a quien se señala como introductor del rito. Fue gran maestre de la logia Diana de Occidente, establecida en el Real de El Rosario, y se caracterizó como uno de los más enconados enemigos de Iriarte.

A la vista de un documento irrebatible, puede apreciarse que la pugna entre don Francisco y la legislatura fue algo más que una lucha política que degeneró casi en personal. Lo que se puso en juego que era de más importancia para los diputados y tal vez para el propio Francisco Iriarte— fue la preponderancia de los ritos masónicos. El vicegobernador y otros connotados políticos de occidente pertenecían al escocés mientras que don José Manuel de Estrella, Carlos Cruz de Echeverría e Ignacio Arriola —que eran los líderes de la Asamblea— y otras gentes tan destacadas como don Juan Manuel Riesgo y don José María Gaxiola, estaban adheridas al yorkino. La evidencia de ese pleito entre masones la encontramos en el acta de la sesión que celebró la legislatura el 3 de abril de 1829, en la que el diputado, Arriola, defendiendo el decreto de deposición del vicegobernador, manifestó que Iriarte estaba dentro del interés de los escoceses y que la cámara de senadores pertenecía a ese partido; que don Francisco había mantenido correspondencia con el general Miguel Barragán y con Ramos Arispe, para la elección de Pedraza, y que todo esto lo hacía ver que los asuntos de Occidente. . . estaban en el cálculo del partido escocés. . .que con Iriarte se dividiría el Estado y que en esa división encontraba la destrucción que anhelaban los escoceses. El yorkinismo del Congreso lo hallamos en el hecho de que cuando dio categoría política a los pueblos de San Sebastián, Chametla y San Juan Bautista de Mazatlán, les cambió estos nombres por los de Ciudad Concordia, Villa de Diana y Villa de Unión respectivamente, que eran los de las logias yorkinas que operaban en aquellos lugares.

De algunos otros aspectos de la vida de don Francisco de Iriarte es muy poco lo que se conoce. Las escasas noticias que nos han llegado las debemos a un viajero extranjero que pasó por Sinaloa: H. G. Ward, encargado de Negocios de Su Majestad Británica, que en su obra México in 1827, editada en Londres en 1829, dice que Iriarte era dueño de una mina llamada Nuestra Señora de Guadalupe, la que contenía una ancha veta de oro, pero que don Francisco te¬nia la fama de caprichoso y no la trabajaba en forma continua, sino que a veces pasaban 5 ó 6 meses para que lo hiciera, mas cuando se ponía en obra, no sacaba menos de 4 arrobas —46 kg— de oro por semana. Corría el rumor de que Iriarte guardaba en su casa no menos de 2 millones de dólares en oro y plata, pero que dado el carácter del hombre, esto era imposible de averiguar; que vivía muy económicamente; que raramente iba al extranjero; que tenía 3 hijos y una hija, la que nunca se apartaba de su vista, y que a pesar de su enorme riqueza, los hijos manejaban una tienda en Cosalá Comenta Ward que se decía insistentemente que en 1825, algunos extranjeros ofrecieron a don Francisco un millón de dólares a cambio de trabajar la mina durante 2 años, a lo que se negó manifestando que no deseaba dinero, pero que en caso contrario, él podía sacar el millón de la mina.

Desconocida en muchas de sus facetas, la personalidad de Iriarte adquiere ciertos relieves a la luz de lo expresado por Ward; nos da la impresión de que el patricio cosalteco era hombre sobrio, que no amaba el lujo ni la ostentación a pesar de su riqueza, que era muy grande, y el hecho de que viviera muy económicamente, no quiere decir que fuera un avaro, ya que poseemos el dato de que cuando fue jefe político de la provincia de Sinaloa, cedió sus sueldos a favor de ésta. Asimismo llegamos a la conclusión de que no deseaba que sus hijos fueran unos inútiles atenidos a la fortuna paternal, por lo que les impuso la obligación de trabajar, así que por lo menos durante la vida del padre, no representaron el papel de los modernos junior. La circunstancia de que la hija nunca se apartaba de su vista, nos indica que Iriarte era celoso, lo que se justificaba por ser su único vástago femenino; esto quedó evidenciado cuando la chica contrajo matrimonio. Se llamaba María de la Luz y casó en 1828 con un inglés llamado Ventura Arturo Short, lo cual causó un gran disgusto al prócer, que inclusive trató de nulificar el matrimonio, aunque sus esfuerzos fueron inútiles. Ignoramos las causas que haya tenido para dar ese paso. Posiblemente seria el resentimiento que le dejó la conducta de la hija; tal vez sería la disparidad de religiones ya que Short profesaba el anglicanismo; o bien pudo ser que no deseara que la joven casara con extranjero. En el peor de los casos, es posible que haya pensado que sus riquezas irían a parar a manos de su yerno.

Podemos pensar que los conceptos de Ward hayan sido escritos a la ligera, como un producto del desconocimiento del hombre, mas hay que recordar que en el tiempo en que el diplomático llegó a Sinaloa y Sonora, Iriarte se encontraba tramado en su dura lucha contra el Congreso, y que su nombre y su vida eran bien conocidos de todos los habitantes, así que los datos recogidos por el inglés deben de haber sido hasta cierto punto fidedignos.

Se ha calificado a Iriarte como un ardiente liberal, pero visto que pertenecía al rito escocés, creemos que su liberalismo no habrá sido muy ardiente, y esto no es ningún desdoro para su memoria ni para su patrimonio. Sencillamente no amaba los extremismos y su ideología fue la de otros muchos liberales moderados. Lo anterior queda explicado con los ataques que le hizo El Payo del Rosario en un panfleto denominado Si en Sonora hay división cierta es la Revolución, escrito en México el 30 de mayo de 1829 e, impreso en esa ciudad en la Imprenta de la Testamentaría de Ontiveros, y reimpresa en Álamos, por el gobierno de Occidente. El Payo, liberal al rojo y masón del rito yorkino, debe de haber escrito en esa ocasión por encargo de sus hermanos de la legislatura, y tal vez no tuviera mucho interés en el tema, ya que a pesar de que recibió contestación, no volvió a ocuparse del asunto. Entre los ataques que endilgó al vicegobernador dijo entre otras cosas:

En el Estado de Sonora y Sinaloa se ha suscitado una cuestión escandalosa sobre división [. . .] promovida por los resentimientos personales del ex-gobernador D. Francisco Iriarte, hombre astuto y rico, pero vengativo y mal patriota el cual ha cometido torpezas dignas cada una de un suplicio, hasta el caso de armar a la plebe contra la magestad del Congreso, negarle las seguridades que este le pedía, despreciar sus decretos soberanos con orgullo, entorpecer sus resoluciones legislativas [. . .] prevalido de la autoridad ejecutiva y del influjo que le proporcionaba su fortuna [. . .]

D. Francisco Iriarte es el gérmen de los disgustos en aquel Estado: él es el que levanta la tea de la discordia entre los pacíficos e inocentes habitantes de aquel suelo; él quien esparce los rumores alarmantes para justificar sus depravadas intenciones, suponiéndolos efectos del deseo de división, cuando es todo lo contrario; él quien disemina sus agentes por los demás estados para que sorprendan á las legislaturas en favor de sus pretensiones destructoras; y él quien tiene bastante frialdad para ver á su país anegado en la sangre de sus hijos.

Como es bien sabido, El Payo del Rosario tenía muchos años fuera de la región occidental, y por los conceptos que expuso, se ve desde luego que todo lo que dijo en el panfleto le fue aleccionado por los enemigos de Iriarte.

A don Francisco de Iriarte podemos calificarlo en forma acertada de tenaz en sus decisiones y en sus luchas. Su pugna con la legislatura le llevó varios anos, en los que en su mayor parte se vio no solamente humillado, sino hecho polvo por sus enemigos. Sin embargo, su voluntad de vencer y su fe en la causa que representaba le llevaron al triunfo. Por otra parte, debe de haber sido de noble fondo, pues no sabemos que haya tornado venganza contra los que le hicieron mal.

Al decretarse la erección del estado de Sinaloa, pese a no ser cabeza visible de ningún partido, era el amo y señor de la política, pero desgraciadamente no pudo ejercer la hegemonía que tenía en las manos, ya que tuvo que marchar a México en busca de salud, cuando el Congreso Constituyente de la nueva entidad lo había nombrado gobernador. Viejas dolencias, la pesada lucha que sostuvo y el matrimonio de la hija minaron su fortaleza física y le llevaron a la tumba, lo cual cambió el panorama político, ya que de haber sobrevivido hubiera sido un valladar para los apetitos y ambiciones del grupo veguista, que hacía tiempo venía buscando el poder.

1832. Septiembre 17. Fallecimiento del Gobernador del Estado don Francisco de Iriarte, en México. Este es el escueto pasaje que don Eustaquio Buelna estampa en sus Breves apuntes para la historia de Sinaloa para dar a conocer la desaparición del egregio patricio, la que también marco el final de una de las etapas más interesantes de la vida de Sinaloa y Sonora.

Francisco Iriarte es una de las grandes figuras sinaloenses. A su valor, tenacidad y decisión se debe que su tierra natal haya entrado a figurar como uno de los estados de la Federación Mexicana. Tuvo defectos, pero sus virtudes fueron más grandes. Es el padre del estado de Sinaloa.

 

Tomado del libro: SINALOA textos de su historia, Ortega, Sergio; López Mañón, Edgardo (compiladores), Gobierno del Estado de Sinaloa, Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, México, D.F., 1987.

 

 

 

Francisco Iriarte Conde

Francisco Iriarte Conde (firma), El Padre del Estado de Sinaloa

Summary
Name
Francisco Iriarte Conde
Nickname
(Padre del Estado de Sinaloa)
Job Title
Empresario, político, Gobernador del Estado de Occidente, Gobernador del Estado de Sinaloa
Company
Gobierno del Estado de Sinaloa
Address
Cosalá,Sinaloa, México

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