Poetas de Sinaloa, México

 

ENRIQUE FÉLIX CASTRO, SINFONÍA INCONCLUSA

 

Por: Juan Macedo López.

 

Su figura remota camina, todavía, y mientras alentemos sobre la tierra, señoreará en los meandros del espíritu y por las rutas de la sangre cálida, viva, de la evocación. Poeta frustrado por el torvo influjo de alguien que siempre se ha alimentado con la turbia leche de la envidia, Enrique devino en prosista en cuya obra se descubre la urdimbre sutil de lo lírico y el pensamiento frutecido en la lectura de los clásicos de ayer y de hoy, prosa en donde la metáfora cae, por su propio grato peso, en la imagen que a veces es plasticidad y en otras, armonía, armonía del lenguaje que Enrique Félix había domesticado, lo había hecho suyo y con el que realizaba uno como fogueo lúdico.

Quizá Toño Nakayama Arce, el investigador que amorosamente conserva en su pequeña, pero rica biblioteca, ediciones princeps de algunos escritores sinaloenses, guarde una plaqueta que escribieron, en hermandad de estilo, Enrique Félix y Solón Zabre, sobre los dos juanes revolucionarios: Juan Banderas y Juan Carrasco. Y en sus páginas se dibujan, en acuarelas que tienen el temblor solar de Sinaloa, las hazañas de Rafael Buelna, el estratego genial, preterido en el huracán del resentimiento por Álvaro Obregón, que se erizaba con el resentimiento y el odio contra el Granito de Oro, cuyo rostro de efebo prefiguraba la belleza de su gallardía en el combate y, en las horas pacíficas del breve reposo, su señorío.

Páginas ahora perdidas, que leí bajo la sombra de los álamos del río Tamazula, barrocas, no minuciosamente labradas con la paciencia de los canteros indígenas que hicieron florecer la piedra en los templos de Concordia y Rosario, si no creadas al correr de la palabra que surgía a borbotones, ya de los labios de Enrique, ya de los de Solón. En parte, fuí testigo del parto. Aunque Octavio Paz afirma que la prosa lírica no es poesía, yo me he alimentado golosamente con “Doña Bárbara” de Rómulo Gallegos y con “La Vorágine” de Eustaquio Rivera, leyendo sus líneas magistrales que nos entregan el bravío paisaje de las selvas y de joven, sentíme raíz y árbol, río y pájaro con las novelas de Gallegos y Rivera.

Y también hombre de ira y de furia, como después con la prosa de Enrique y de Solón advertirían jinete y brazo que se prolongaba en el fusil treinta-treinta.

Sigo creyendo que el escritor y el orador más cabales de los primeros cincuenta y cinco anos de este siglo y en Sinaloa, fue Enrique Félix, cuerda rota de un chelo que silenció la adversidad para que el escritor no concluyera su sinfonía, cuya estructura, bruscamente destruída, abarcaría todos los estratos del espíritu sinaloense, dibujados con lo sustantivo de su talento, adjetivados con la novedad de sus metáforas o imágenes, con palabras que eran como atrevidas manos que rasgaban las vestiduras del lugar común, o de las contradicciones socio-económicas de un Sinaloa que apenas se asomaba al esplendor de su riqueza agrícola, pero en la que ya apuntaban los problemas que hoy perviven irresolutos. Enrique intentó arrancar la túnica de la hipocresía social del Sinaloa de entonces, para mostrarla, como el decía, parafraseando a Barbusse, “con el corazón entre los dientes”, desnuda, con la desnudez inocente de la Venus de Milo, pero con la valentía del que ama con angustia, con dolor trascendido en fervor y que se siente con el derecho inalienable y el deber como imperativo, de mostrar la verdadera, la auténtica intimidad de una comunidad en que la justicia social es todavía proclama de plazuela, en la que pocos tienen mucho y los muchos o tienen poco o no tienen nada.

Lo acusaron de comunista y el reía de la acusación y ponía en solfa al partido, en donde no había líderes que conocieran las obras del intrincado Marx y de su amigo y protector Engels. En su cátedra de la Universidad o en el auditorio, sus jóvenes discípulos escuchaban, sensibilizados, el discurrir de sus pronunciamientos. Enrique tenía una peculiar manera al enunciar sus ideas: unía los dedos cordial e índice de sus dos manos, como si sostuviera dos invisibles batutas para dirigir la orquesta de su decir armonioso a las veces, encrespado en otras, arrojando al aire las saetas de su ironía.

Paseaba sobre el foro y en ocasiones sus dos brazos se cruzaban sobre el pecho y no era raro que sus dedos se clavaran, en el clímax emocional, sobre sus hombros.

El paso de Enrique Félix por la Universidad fue como un parpadeo. Errores de estrategia política motivaron su clausura temporal. Sus conferencias en la cátedra se perdieron en el viento. Queda, dispersa, su obra en prosa, parte de la cual hemos entregado, amistosamente, a PRESAGIO.

Charlamos, por última vez y lo veríamos también con el presentimiento de que sería nuestro último encuentro, en la planta baja del edificio de la Secretaría de Educación Pública. Su aspecto nos desgarró. Lo abrazamos como un hermano del que sabemos que partirá al viaje sin retorno. Recordamos cuando hacia 1945, escribimos juntos “Sinaloa Canta” y “Barandal de Primavera”, dos revistas musicales escenificadas en el absurdamente destruído Teatro Apolo. Por momentos, renacía su espléndida lucidez mental y hablaba de Octavio Paz con crecida admiración.

Enrique Félix aró en el mar y su semilla, puesta bajo el terrón del surco, aparentemente no germinó. Ahora es el tiempo del silencio. Mariana será el día en que Enrique Félix, pequeño e indomeñable David, retornará a su nativo Culiacán para seguir librando sus batallas generosas.

Porque solamente el escritor mediocre, el pensador sin enjundia se olvidan para siempre. Enrique tornará para concluir su sinfonía. Sus prédicas, preñadas de presagios y de mensajes, renacerán, cuando Sinaloa se encuentre a sí misma y cuando los sinaloenses redescubran al Guacho Félix.

Guadalajara, Jalisco, Septiembre 10 de 1977.

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 3, página 19.

 

Enrique el guacho Félix

Enrique -el guacho- Félix Castro, sinfonía inconclusa

 

Summary
Name
Enrique Félix Castro
Nickname
(El Guacho)
Job Title
Poeta
Company
Universidad Socialista de Occidente
Address
Culiacán,Sinaloa, México

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