Historia de Sinaloa México

 

EL PUERTO DE MAZATLÁN

 

Por: Héctor R. Olea

Mazatlán. Indonimia. Vocablo náhuatl. La etimología se compone de la voz mázatl, venado y la abundancia tlan; el topónimo significa “lugar donde abundan los venados”. El origen de esta geonomia está relacionado con la fauna indígena. En las crónicas antiguas se le dio el nombre de “País de los ciervos” porque, en épocas remotas, el terreno en que ahora está situada la población eran bosques frondosos, lagunas y marismas donde abundaban los venados berrendados, especie casi desaparecida de antílopes americanos.

Puerto de altura, cabecera de la municipalidad del mismo nombre. Derivados: mazateco voz correcta en lugar de Mazatleco, originario o perteneciente a Mazatlán, porque en las palabras terminadas en tlan, esta sílaba se pierde por completo agregándole la palabra técatl (que quiere decir gente de); ejido en la comisaría de Troncones, sindicatura de Bacubirito, municipalidad de Sinaloa; mazates, variante del aztequismo mazatetes que viene del plural castellano de mazátelt, compuesto de mazatl, venado y tetl, piedra; significa “piedra del venado”, nombre aplicado a la vale¬riana o yerba del gato, planta valerianácea, cuya raíz es medicinal (Valeriana tulucana Dc). Los Mazatles de los López y de los Sánchez, en la municipalidad de Mocorito.

Historia: El primer español que contempló los mares de Mazatlán fue el sevillano don Cristóbal de Barrios, capitán de jinetes de Nuño de Guzmán, que fundó, en enero de 1530, la primera problazón española del Espíritu Santo, de la que fue Justicia Mayor, villa a la que perteneció el puerto y llamó, además, a toda la región Provincia de Chiametla.

Los españoles, por el descubrimiento de las minas del Perú, abandonaron la villa recién fundada y los indios serranos mataron al capitán Diego de la Cueva y en busca de sal y pesca marina asolaron el valle de Mazatlán en 1536. El puerto permaneció despoblado y sólo servía de seguro refugio a navegantes y piratas.

En sus costas anclaron los marinos D. Diego Becerra de Mendoza y Hernando de Grijalva, en 1534; el capitán Francisco de Alarcón, después de numerosas desventuras, en 1540; el geógrafo D. Domingo del Castillo delineó sus playas, en 1541; el explorador Sebastián Vizcaíno llegó al llamado “puerto de las islas de Mazatlán”, en mayo de 1602; el capitán Francisco de Ortega en marzo de 1632 y el capitán Francisco de Lucenilla, en 1668.

El capitán Rodrigo Ruiz de Olvera, Justicia Mayor en la villa de San Sebastián (Concordia), acudió con diecisiete hombres armados, entre ellos don Martín Hernández, acompañado de su padre, hermanos y otros familiares, para socorrer a los mineros de Pánuco que habían sido atacados por los indios de Tepuxtla que dieron muerte a los capitanes Fernando de Arejo y Juan López de Quijada, la campana no se hizo hasta que se logró someter a los indios en 1576.

 

D. Hernando de Bazán, gobernador y capitán general de las provincias, en recompensa para la familia Hernández ordenó que pasaran a poblar un sitio hasta entonces “cazadero” de los indios huinas y cocoyamas, haciéndoles merced de las tierras, bajo la condición de acudir a sus expensas a todas las funciones del real servicio y les entregó los títulos que amparaban las tierras mercedadas, que comprendían cinco leguas de longitud, desde el paraje La Cantera al puesto de Montiel; y, otras cinco leguas de latitud desde la boca del río al Bajío de Sacanta; incluyendo dos ensenadas, una de nueve leguas hacia el poniente (bahía de Mazatlán) y otra, cuatro leguas al sur, hasta el paraje nombrado El Huisache o Piedras Labradas (petroglifos estudiados por el francés M.E. Guillemin de Tarayre en 1869-1882).

La primera poblazón la hizo D. Martín Hernández y su linaje que se componía de veinticinco personas de ambos sexos, en el paraje nombrado El Bajío (de Mazatlán), sitio más apropiado por tener el agua potable del río llamado entonces de Sacanta, fundación que, según referencias, se hizo a fines de diciembre del mismo año de 1576.

El fundador señor Hernández tuvo a su cargo la vigilancia del puerto por veintisiete años debido a que una creciente del río arrasó el pueblo de El Bajío, puso en peligro las vidas de sus moradores y ocasionó la perdida de los títulos originales, por el mes de septiembre de 1603.

Acudió D. Martin Hernández, por la pérdida de la documentación, a la villa de San Sebastián ante la Justicia Mayor del capitán Ruiz de Olvera, quien recibió información testimonial sobre la merced que habían obtenido de las tierras, y, después de treinta y seis años, a los descendientes del fundador se les dieron los autos hológrafos con el mandamiento de amparo que aprobó, en la villa de Durango, el licenciado Cristóbal Aragón y Azedo, teniente gobernador y capitán de las provincias, el día 20 de septiembre de 1639.

El pueblo de Mazatlán se volvió a fundar, por segunda vez en la ribera del mismo río, en otro sitio que escogieron los parientes consanguíneos de Martín Hernández, conforme a lo dispuesto por la resolución legal de las autoridades virreinales que impusieron a los moradores la obligación de cuidar en forma permanente de la vigía del puerto, “dos hombres que semanariamente se alternaban de veinticinco que tenían de fuerza”.

Esta segunda poblazón tampoco tuvo éxito porque, después de cuarenta y ocho años, la población se dispersó buscando los aguajes y las tierras fértiles; quedó abandonada la vigilancia del litoral y, en el año de 1687, arribaron al puerto llamado por los marinos Mazatlán de los Mulatos, unas embarcaciones de piratas bajando a tierra más de cien hombres que, por tres días, en el pueblo se dedicaron al robo e incendiaron las casas, incursiones que duraron por espacio de cinco años a pesar de la vigilancia del litoral.

Los frecuentes asaltos de los piratas y el abandono de las costas, casi por medio siglo, obligó al gobernador de las provincias, D. Manuel Bernal de Huidobro, a formar “milicias pardas” e impuso a los indios flecheros de la jurisdicción del Real del Rosario (a donde pasó a pertenecer el puerto de Mazatlán) la conservación de un vigía a la orilla del mar, en 1734.

Después de dieciséis años, por la poca o nula eficiencia de la vigilancia marina, el virrey D. Francisco Güemez y Horcasitas, conde de Revillagigedo, expidió título de capitán a Tomás de Ibarra, antiguo vecino del pueblo de Mazatlán, concediéndole la jurisdicción en lo militar, civil y criminal de toda la región sur, en 1750.

El pueblo de Mazatlán se había vuelto a edificar, por tercera vez, y se concluyó su nueva iglesia y se fundó la cofradía de Nuestra Señora de la Concepción, templo donde ofició de pontifical el obispo Tamarón y Romeral el día 8 de diciembre de 1765. El pueblo, desde entonces, recibió la designación de Presidio de la Purísima Concepción de Mazatlán.

En 1768 D. José de Gálvez, visitador general de la Nueva España, desembarcó en el puerto Mazatlán de los Mulatos y se mantuvo en este lugar por ocho días reconociendo los méritos de los milicianos les concedió una Inhibitoria de la Contribución de Productos y Alcabalas, relativa a los comercios que tuvieran dentro del Presidio y aumentó hasta el número de diez los vigías del puerto, que se establecieron en forma permanente levantando en el cerro una peana y sobre ella una cruz.

El gobernador de las provincias, D. Mateo Sastre, tres años después y en vista del informe de Gálvez, aprobó la reorganización de las milicias de pardos, que en forma tradicional desempeñaban el mando político y militar, compuestas por un capitán nombrado por el pueblo y designados por la superioridad un teniente, un alférez, dos sargentos y la tropa reclutada por el capitán.

Por disposición del virrey, conde de Revillagigedo, el comandante general de las provincias internas, don Felipe Neve, designó al manchego español, capitán D. Joseph de Garibay, gobernador militar y político de S.M., en la provincia de Sinaloa y Puerto de San Juan Bautista de Mazatlán (según designación oficial), quien tomó posesión de su cargo y rindió un detallado informe con fecha 24 de septiembre de 1792.

El gobernador, capitán Garibay, pidió autorización superior para reorganizar las milicias de pardos, nombró comandante de los milicianos provinciales del Puerto de San Juan Bautista de Mazatlán al capitán D. José Antonio Pardo, con residencia en el Presidio, y éste colocó, a su vez, como jefe de la guarnición permanente del puerto a Francisco Xavier Morales, sargento de las Compañías de Pardos, en los primeros días del año de 1793.

El comandante, capitán Pardo, inició los trabajos para llevar a cabo los proyectos del capitán Garibay, aprobados por el virrey, marqués de Branciforte, en el periodo del 12 de julio de 1794 al 31 de mayo de 1798, tendientes a establecer baterías en Mazatlán para la defensa de las costas del mar del sur. El sargento Morales, jefe de la guarnición del puerto, en un cerro redondo de proporcionada altura (Nevería), inmediato a la barra de la Bahía, en tierra firme y a orillas del mar, encontró en la cumbre una meseta en la que había formada “una media trinchera de piedra puesta a mano, dando frente a la mar para las observaciones de la tropa y del vigía”, también levantáronse barracas de varas replastecidas de barro y se formó un campamento que servía de residencia a la guarnición, en los primeros días de 1793.

La fundación definitiva y permanente del puerto de Mazatlán se inició al ser creado su gobierno autónomo, en lo político y militar, por real orden de 23 de marzo de 1793. En el cuartel provisional establecido por el sargento Morales en el cerro (La Nevería), se construyó, por disposición del gobierno, una casa o galerón que era conocido con el nombre de Casa Blanca, que ocupaban de seguido, o con interrupciones, los guardacostas o presidiales.

 

Por este tiempo los habitantes del puerto vivían en un estado patriarcal, en su mayoría, dedicados a la agricultura en sementeras de tierra adentro y a la pesca en el mar. Los estrechos senderos conducían al Cerro de la Cruz donde se establecieron, años atrás, los vigías nombrados por el visitador Gálvez. Por Puerto Viejo de San Félix, en un muelle provisional, comenzaron a descargar algunos buques de cabotaje mercancías destinadas a los comerciantes de San Sebastián y Real del Rosario.

A principios del siglo XIX, el intendente de Sonora, D. Alejo García Conde, designó teniente gobernador de Mazatlán al capitán don José Esteban quien pidió, en interesante documentación, “que el importantísimo Puerto Viejo o de San Félix sea agraciado con la Real Beneficencia, por la cual obtenga las ventajas a que aspiran sus moradores”, según gestión hecha con fecha 24 de julio de 1804.

El manchego capitán Esteban calculó, en el citado año, “una población de dos mil almas, dispersa en noventa leguas cuadradas, siendo las dos terceras partes de mulatos libres y la una de españoles”. Estimó también: “El supradicho puerto es con seguridad, después de Acapulco, el más seguro, capaz y útil de toda la costa”.

El descubrimiento del mineral de Guadalupe de los Reyes, el 12 de diciembre de 1800, llevó a la región más de seiscientos gambusinos y también cobró auge el tráfico de cabotaje por el Puerto Viejo o de San Félix, a pesar de que sólo había un muelle provisional y el establecimiento fijo del vigía en el año de 1814. La edificación del puerto de Mazatlán se inició, por el rumbo de la playa poniente, en 1818. A la llegada del obispo, fray Bernardo del Espíritu Santo, apenas había en el puerto la ermita de Puerto Viejo con paredes de vara blanca replastecida de barro y techumbre de zacate que fue la primera casa de oración que tuvo el solar mazatleco.

Al estallar la Revolución de Independencia las cuatro compañías de milicianos que se llegaron a formar, fueron convertidas en insurgentes por el comandante veterano don José Esteban y el capitán de fragata retirado. D. Gil de Angulo, que se unieron al teniente coronel don José María González Hermosillo, enviado a la intendencia por don Miguel Hidalgo, en abril de 1811.

Por desgracia, esta actitud patriota de los milicianos de Mazatlán a favor de la independencia no fue comprendida y se impuso, en todos aquellos dominios, la estrategia del realista García Conde.

El puerto de Mazatlán fue abierto al comercio extranjero por decreto de las Cortes Españolas del 9 de noviembre de 1820, pero la medida no tuvo efecto por haber sobrevenido la Revolución de Iguala; la junta gubernativa de México declaró, el 15 de diciembre del año siguiente, puertos de altura y a los habilitados por el referido decreto de las cortes y, a mayor abundamiento, resolvió que Mazatlán quedaba comprendido en dicha rehabilitación por orden del 6 de febrero de 1822.

D. Bernardo Andrade, residente en San Sebastián, en el año de 1821 construyó en la llamada puntilla frontera a la isla del portugués, sitio que desde entonces tomó el nombre de “astillero”, el primer buque construido en Mazatlán con el nombre de Luisa y que surcó sus mares al mando del capitán D. Juan Gómez. En esta costa apareció, por primera vez, una expedición de mercancías extranjeras en 1823.

El comercio internacional obligó al gobierno a establecer una aduana en el presidio, debido a gestiones de D. Vicente Ortigosa, originario de Tepic, quien hizo estudios en Alemania por la ayuda del barón de Humboldt y escribió interesantes ensayos sobre economía política. Al ser abierto el puerto al comercio extranjero se cambió el fondeadero de Puerto Viejo o San Félix a la ensenada sur y se le impuso el nombre de Puerto Ortigosa, pero no arraigó porque el autor de la iniciativa del cambio, D. Vicente Ortigosa, abandonó sus negocios en el puerto y se radicó en Guadalajara.

La primera oficina del gobierno local se estableció en el puerto, a cargo de D. José María Ramírez, subalterna a la que ya existía en el Presidio bajo la dirección de D. Tomás Gómez. El gobierno federal organizó una aduana marítima, poniendo al frente de ella a D. José Maximino Magan en 1828.

El Congreso Constituyente del estado de Sinaloa concedió el nombre de Puerto de los Costilla, en honor a dos comerciantes españoles establecidos en San Sebastián, a la población formada en el puerto de Mazatlán, por decreto del 4 de enero de 1832. Tampoco perduró esta designación.

El gobierno del estado erogó, también en 1832, la cantidad de trescientos pesos para que se formara un dique o terraplén al pie del Cerro de la Cruz, con el fin de impedir la comunicación de las aguas, por un pequeño canal, de la ensenada poniente con la bahía del sur donde estaba establecida la aduana marítima. En esta forma se inicio la edificación por esa parte y el malecón construido recibió el nombre de Paseo de Olas Altas.

El primer ayuntamiento del puerto de Mazatlán entró en funciones con el subprefecto D. Rafael Martre, el secretario Dr. D. Francisco Díez Martínez y el alcalde 2do. Manuel Mallén, corporación que se instaló el 2 de julio de 1837. En este mismo año se inauguró la primera escuela municipal al cuidado del profesor don Manuel María González.

En el año de 1831 se iniciaron las colectas para la construcción de la iglesia vieja o de San José, en la falda oriental del cerro de la Nevería, pequeño templo de estilo franciscano, sencillo y pobre, de una sola y baja torre, techado con teja y sin atrio, del cual se echaron los cimientos, seis años después, en 1837, y se terminó de edificar en 1840.

El general D. Francisco Duque, introductor de la primera imprenta al puerto de Mazatlán, ordenó, durante su administración pública, la publicación del periódico oficial del estado La gaceta del gobierno de Sinaloa; bajo la dirección del impresor D. Juan José Félix, el 15 de agosto de 1842.

El general D. Miguel Blanco mandó construir, en el Cerro de la Cruz, una pequeña fortificación, abajo de la casa que ocupaba el vigía, defensa que sólo servía a la autoridad militar para colocar en ella artillería en caso de saludo a las embarcaciones; a esta batería se le conoció con el nombre de Fortín de la Paz, construida en 1845.

Las corbetas Siam y Portsmouth bloquearon el puerto de Mazatlán; el Ayuntamiento activamente organizó la guardia nacional para hacer frente a la invasión norteamericana; se arreglaron varios batallones, pero al fin los invasores tomaron la plaza, debido a la conducta reprensible del coronel Rafael Téllez, el día 13 de noviembre de 1847.

El puerto de Mazatlán, en 1850, contaba entre sus edificios más notables: la aduana marítima, almacén, muelle de piedra, cárcel, hospital militar, plaza de mercado, paseo público, puente Antonio López de Santa Anna, teatro (perteneciente a doña Cleofás Vargas), cuatrocientas fincas y trescientas ochenta “casuchas de palo parado y horcones, rellenados de lodo, con techos de zacate y teja”. Estaba comunicada la población por tres garitas: una, por Puerto Viejo o de San Félix; otra, en el Astillero; y la última en el Resguardo, situada en el muelle. Contaba con dos carruajes particular y uno para uso público, veinticuatro carretas y un carro militar. El puerto tenía, en este año, una imprenta con un encuadernador y dos impresores. La población se abastecía de un ojo de agua ubicado en la calle de San Germán (hoy Francisco Cañedo) y con 132 aljibes con una capacidad de 184 006 barriles de agua.

El capitán de artillería Pedro Valdés, que estaba de guarnición en el puerto de Mazatlán, con las tropas a su mando, se sublevó contra el gobierno local, declaró a Mazatlán segregado del estado de Sinaloa y erigido en territorio federal, en la madrugada del día 11 de julio de 1852.

Efemérides: El obispo don Pedro Loza y Pardavé durante su visita al puerto de Mazatlán, en 1855, promovió la construcción de un nuevo templo, proyecto que se aplazó por el movimiento de Reforma, pero el párroco, monseñor Miguel Lacarra, inició las obras y terminó la iglesia (hoy basílica) donde colocó imágenes que hizo traer de Guatemala el 7 de mayo de 1875.

El general liberal D. Ignacio Pesqueira tomó por asalto el puerto, en la madrugada del 3 de abril de 1859. La División Francesa a las órdenes del general Armando de Castagny, entró al puerto el día 15 de enero de 1865.

La fragata francesa Cordelliere se presentó, a la hora del alba, frente al puerto y pretendió el desembarco de 400 invasores, pero fue rechazada por la artillería del coronel de ingenieros Gaspar Sánchez Ochoa, el día 26 de marzo de 1864.

Un depósito de pólvora propiedad de la señora María Valdés hizo explosión el día 28 de julio de 1881.

La fiebre amarilla azotó al puerto en agosto de 1883.

Se desarrolló la epidemia de la peste bubónica en Mazatlán en los años de 1902-03.

Fuerzas revolucionarias ponen sitio al puerto de Mazatlán en los primeros días de noviembre de 1913.

El primer vuelo aéreo entre Guadalajara y Mazatlán, conduciendo correspondencia, tuvo lugar el día 24 de diciembre de 1921.

Nacieron en el puerto de Mazatlán: el novelista y político Lic. Juan A. Mateos, el día 24 de junio de 1831; el periodista y escritor Dr. Martiniano Carbajal, el día 2 de enero de 1866; el general Antonio María Escudero, el día 31 de julio de 1864; el periodista Lic. Arturo Paz, el 22 de junio de 1868; el político y magistrado Lic. Ignacio Noris, el día 22 de septiembre de 1871; el general revolucionario Juan Carrasco (en el pueblo del Potrero), el día 24 de junio de 1876; el escritor Lic. José Mena Castillo, el día 30 de abril de 1883; el artista y periodista Adolfo M. Wilhelmy, el 21 de septiembre de 1884; el escritor y periodista Lic. Alejandro Quijano, el día 5 de enero de 1883; el escritor y diplomático Genaro Estrada, el día 2 de julio de 1887; el general revolucionario y gobernador del estado, Ramón Fuentes Iturbe, el día 7 de noviembre de 1889 (en el pueblo de Siqueros); el general revolucionario José Gonzalo Escobar, el día 10 de enero de 1892; el poeta y periodista Manuel Estrada Rousseau, el día 25 de octubre de 1898; el historiador y periodista José C. Valadés, el día 1 de diciembre de 1901; el segundo comandante del Escuadrón 201, en Filipinas, general y piloto aviador Radames Gaxiola Andrade, el 7 de abril de 1914.

 

 

Tomado del libro; SINALOA textos de su historia, Ortega, Sergio; López Mañón, Edgardo (compiladores), Gobierno del Estado de Sinaloa, Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, México, D.F., 1987.

 

 

Puerto de Mazatlán, Sinaloa

Puerto de Mazatlán; historia de Sinaloa México

 

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Historia del puerto de Mazatlán
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Una visión de la historia del puerto sinaloense a partir del significado de su nombre.

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