El general Salvador Alvarado

February 2, 2015

Sinaloenses revolucionarios

 

 

“EL GENERAL SALVADOR ALVARADO”

 

Por: Sergio Corona Velarde

 

Estudiar la personalidad, aún someramente de un hombre de la estatura político—social—humana del general Salvador Alvarado, es enlaberintarse en el complicado examen de un icosaedro humano; pues un hombre así, polifacético, viril en grandes proporciones, una fase le observamos y otra, inexorablemente se nos escapa; así fue Salvador Alvarado, analizada su individualidad en la parte más inquieta y trascendente de su gloriosa existencia; así es Salvador Alvarado, en la historia y en el criterio de los hombres que saben apreciar la valía de cada quien; así será en el caso particular de cada héroe, mientras la historia no sea deformada por los detractores de siempre, por los inconformes.

Salvador Alvarado, nació en la ciudad de Culiacán, Sinaloa, (nos honra), en el año de 1880 y murió en la hacienda de La Hormiga, del Estado de Chiapas, en 1924; Sonora lo conoció cuando apenas era un mozalbete; trabajó en una farmacia de la antigua Guaymas.

En 1910, se afilió al Partido Antirreeleccionista, y poco después con espíritu nacionalista—batallador, se alistó en las fuerzas armadas del general Juan G. Cabral; luchó con la entereza de siempre, con el ánimo, la fe y la esperanza que anima a cada patriota en busca de un México más libre y más fuerte.

Al triunfo de la Revolución, se le otorgó el grado de mayor y en 1912, al frente del cuerpo auxiliar federal, formó parte de la columna que marchó de Sonora a Chihuahua, a través de la sierra para combatir a Pascual Orozco.

En 1913, desconoció al gobierno de Victoriano Huerta, ascendía a coronel y se le nombró jefe de la Zona Militar del Centro de Sonora.

Subordinado a Álvaro Obregón, combatió con heroicidad y en 1914, por intrigas que son naturales y que roen el corazón de los hombres mediocres y que comúnmente se tejen como redes en derredor de los hombres útiles fue detenido (dicho tristemente), por sus propias tropas, para ser puesto en libertad, posteriormente por acuerdo de la convención de generales y gobernadores revolucionarios.

Reincorporado nuevamente al Constitucionalismo, fue comandante militar y gobernador en Yucatán; ahí suprimió en primer lugar las deudas de los campesinos, que entonces tenían con los hacendados; consagró la libertad de los siervos; abolió la tutela y la curatela; liberó a los indios de la obligación de pedir permiso a los amos para casarse; suprimió los azotes, cruel estigma que marcaba las espaldas de los naturales de aquel Estado olvidado entonces de la justicia y el derecho; prohibió el beso, envilecedor y humillante, que el esclavo (porque eso eran los trabajadores de la tierra del Mayab, en la época que señalamos), debía depositar en un acto mecánico y de servilismo obligado en la mano infame y ejecutora de injusticias sin fin del patrón, amo o señor…

En 1914, el 24 de abril, prohibió la servidumbre doméstica sin retribución, sin contrato y a tiempo indefinido. El 26 de mayo del mismo año, expidió la Ley que creó la escuela rural, cuya enseñanza debía ser gratuita, laica y hasta donde fuera posible integral; fundó la escuela vocacional y de agricultura y de Bellas Artes, dejando en actividad durante su mandato, más de mil escuelas. Independientemente de las facetas descritas, fue escritor y entre sus más importantes obras, está “MI ACTUACION REVOLUCIONARIA EN YUCATÁN”, “LA RECONSTRUCCIÓN DE MEJICO”, “UN MENSAJE A LOS PUEBLOS DE AMÉRICA”, “CARTA AL PUEBLO DE YUCATÁN” y “MI SUEÑO”.

También en Yucatán, se distinguió como laboralista, estudioso y creador y en bien de sus hermanos de raza, interpretando fielmente la Revolución y su dinámica protectora del indio esclavizado y del obrero oprimido, el dolor y la ansiedad de justicia se arraigaron tan hondamente en su corazón de humanista legítimo y en su espíritu de hombre justo, que expidió la Ley de Consejo de Conciliación y Tribunal de Arbitraje y la Ley del Trabajo, de 14 de mayo y 11 de diciembre de 1915, respectivamente; las cuales crearon por primera vez en el país, tribunales del trabajo de típica estructura social, con amplias facultades procesales que rompieron la tradición civilista, humanizando la justicia y proscribiendo el estilo curialesco.

La Ley del Trabajo, no sólo fue la primera en la República expedida con este título, sino la que primeramente estableció la Jornada de ocho horas diarias. Su filosofía socialista se consigna en el preámbulo de la propia Ley.

ESTE FUE SALVADOR ALVARADO.

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 18, páginas 26-27.

 

Salvador Alvarado, general sinaloense de la Revolución

Gral. Salvador Alvarado, revolucionario sinaloense

 

Summary
Name
General Salvador Alvarado
Nickname
(Ideólogo revolucionario)
Job Title
Militar
Company
Ejército revolucionario mexicano
Address
Culiacán,Sinaloa, México

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