Identidad

 

El Escudo Sinaloense

 

 

Por Jesús Lazcano Ochoa

 

Sinaloa, como es sabido, no tenía escudo. El que aparecía en libros de historia, literatura, textos escolares, “cabezas” de periódicos locales, etc., pertenecían a la Cervecería del Pacífico, que quiso embellecer su propaganda comercial con el emblema blasónico de las figuras quiméricas.

 

Se dice que el gran pintor Diego Rivera se encargó de exhumar, con su pincel maestro del mundo nebuloso de las leyendas de la antigüedad, a las cinco Sirenas que circundan el ancla ceñida por la guindaleza tan estrechamente como si se tratara del abrazo mortal de esos seres fabulosos, (mitad mujer, mitad pez) que encantaban a los navegantes con sus dulces voces y los arrastraban a sus guaridas “teniendo a su alrededor enorme montón de huesos de hombres putrefactos cuya piel se va consumiendo”, según le cuenta Girce, la maga enamorada, al intrépido Ulises, de las rapsodias homéricas, cuando regresaba a Itaca, después de la guerra de Troya.

La pintura del muralista famoso hizo fortuna, porque fué acogida por la imaginación popular con entusiasmo. La fantasía que se nutre de la sustancia mágica del arte y de lo sobrenatural, concedió categoría de representación emblemática a lo que no era, como hemos dicho, más que un recurso brillante de la propaganda catequista de una industria cervecera.

 

La obra realizada por el notable artista Rolando Arjona Amábilis, llena todos los requisitos impuestos por la sistematización de la heráldica en sus más estrictos cánones estéticos. Consultó libros de viejas crónicas; recurrió en los archivos a fuentes de primera mano; armonizó los símbolos de la leyenda con, las más severas realidades del acontecer. En los cuatro cuarteles de su Escudo se funden y resumen muchos siglos de la vida de los pobladores que dejaron estampados la huella de sus peregrinaciones en la mullida arena de sus ríos, contrastando la oración piadosa de sus misioneros con las vesanías teratológicas de Ñuño de Guzmán, encarnación pavorosa de las más sombrías aberraciones de la maldad humana.

 

El pintor sustenta la estructura ovalada del Escudo en la forma de la fruta de la planta vascular de la región; Don Eustaquio Buelna, la descompone en estos términos:

SINALOA

SINA: Pitahaya,

LOBOLA: redondeado.

La forma del ángulo que cobija con sus alas abiertas el Escudo, corresponde a la figura que se utilizó como emblema del Estado de Occidente en el oficio número 9 autorizado con la firma del gobernador Simón Elías González, en 1826, siendo diferente del actual escudo nacional que fue modificado por un decreto del señor Carranza.

 

La bordura del Escudo del Estado de Sinaloa representa la estilización de una pitahaya y las figuras de pies humanos que aparecen en ella es la misma forma utilizada por nuestros aborígenes en sus jeroglíficos, queriendo significar las emigraciones de sus antepasados, el paso de los mexicas por el territorio que comprende Sinaloa.

Las cifras que aparecen en la parte inferior de la bordura tienen la representación cronológica de la primera constitución política que fué promulgada el 12 de diciembre de 1831.

La composición del Escudo está dividida en cuatro cuarteles.

 

PRIMER CUARTEL: CULIACAN

El culto al dios de la guerra y la etimología de la palabra sirven de base a la representación simbólica:

CULHUACAN: Culiacán, Col-hua-can o cul-hua-can

COLTZIN, nombre de una deidad; HUA, posesivo: CAN, lugar: dando este resultado interpretativo: lugar de los que tienen o adoran al dios Coltzin, pueblo fundado por la tribu Colhua, que se estableció en el valle de la Gran Tenochtitlan, después de sus transmigraciones.

Colhuacan o Culhuacan, como ya lo expresó el doctor Robelo, significa: “lugar habitado por la tribu Colhua”, y según el mismo autor Colhuacan se integra con el nombre de un dios: Coltzin, compuesto de Coltic, torcido y Tzin, reverenciado; HUA, posesivo y CAN, lugar, quedando la expresión en esta forma: “lugar de los que tienen o adoran a Coltzin”, “el dios torcido ”.

 

(El Dr. e Ing. Juan Luna Cárdenas, profundo conocedor de la lengua Aztekatl por ser indio puro, sin mezcla de sangre europea, da a la palabra: KULLIAKAN, la siguiente interpretación: país de centra de aguas curvas o ríos de vueltas. Esta etimología corresponde al aspecto geográfico del río que dio el nombre a la población que se fundó en su margen derecha).

La figura del cerro coronado por una cabeza humana que se inclina casi hasta el suelo, representa al dios Coltzin, que dió nombre a los colhuas o nahuatlacas que vivieron en Colhuacan o Teocolhuacan, completando la figura el jeroglífico que aparece en el cuartel que se ha descrito, así como la mano que sostiene la serpiente representando el culto a Huitzilopochtli.

 

En la combinación de los matices el artista se sale, a veces, para dar más carácter autóctono a los motivos del Escudo, de la ley fundamental del arte heráldico que consiste en que no debe nunca ponerse en los escudos metal sobre metal, ni color sobre color, según los tratadistas más conservadores y exigentes. Explican esta regla, como procedente de los torneos, en que se usaban ligeras vestiduras de color sobre las armaduras de metal. Tampoco parecía impropio en épocas posteriores, que un caballero usase una coraza plateada o dorada sobre vestiduras de color.

 

El verdadero origen de esta norma, arguyen los citados tratadistas, está en el sentido profundamente artístico de los primitivos heraldos y reyes de armas, tradicionalmente observado por sus sucesores, para lograr, por el contraste de metales y colores, un efecto de conjunto plenamente armónico. La brillantez de color, el realce de las figuras, sólo se debe a esta norma, tan sencilla, de que el campo, el “fondo”, presente la riqueza de la plata o del oro, si las piezas son de los bellos colores simples del blazón o viceversa.

Para justificar su posición estética, Arjona, dice:

“En el jeroglífico de Coltzin se usa auténtica paleta indígena.

“El color que cubre el fondo del cuartel es sólido, térreo, como la tierra nuestra que todo nos da y que también todo nos quita; que nos proporciona no sólo la parte material indispensable para el sustento, sino también su extensa y vasta superficie para construir ciudades, culturas y civilizaciones y no sólo ésto, sino también sólida base donde el hombre con planta firme puede contemplar la majestuosidad de los océanos o el azul del infinito para crear en su imaginación la poesía de las mitologías y el misticismo de las religiones, por eso sobre este sólido color térreo se borda cual delicada filigrana el jeroglífico de la deidad (azul) Huitzilopochtli”.

 

SEGUNDO CUARTEL: “EL FUERTE”

 

La arquitectura de la época imprimió su carácter a la construcción para contener las frecuentes incursiones de los indios. El artista se inspiró en un fragmento del escudo del marqués de Montes Claros, fundador de la ciudad, representado por una media luna con las puntas hacia abajo y una sección en color amarillo claro implantada a un lado del edificio. Las flechas rotas que aparecen abajo del baluarte sugieren la pacificación lograda por un oficial de las milicias españolas.

Arjona imprimió el colorido de la piedra al macizo bastón militar. El campo o fondo de este cuartel es rojo, que simboliza el arrojo y ardimiento belicoso de los indios que hostilizaban constantemente a los defensores. Alguna vez mereció los honores este lugar de que se establecieran en él los poderes del Estado de Occidente.

 

TERCER CUARTEL: “EL ROSARIO”

El Real del Rosario se llamó primeramente “El Tajo”, que el doctor Luna Cárdenas quiere derivar de “texo”, cierta moneda de oro de forma triangular que, los aztecas partían en dos. Después llevó el nombre de “El Rosario”, que surgió de una leyenda aderezada por los trovadores antañones con las más delicadas tintas de su fantasía.

 

A un arriero que conducía una recua, se le perdió una bestia que no pudo encontrar porque las sombras de la noche pusieron fin a la afanosa búsqueda. Juntó leña seca y formó una fogata para alumbrar su improvisado campamento y calentar sus “gordas” de maíz. Se entregó al sueño placentero confiado en que la lumbre le ahuyentaría las alimañas y las víboras. Despertó con la fresca de la madrugada, y se dispuso a reanudar las pesquisas del rumbo que había tornado el descarriado animal. Las luces del amanecer le disiparon las brumas del espíritu, adquiriendo plena conciencia de su situación. Quiso elevar sus preces matinales. Rindiendo culto a la costumbre, buscó el rosario que llevaba colgado al cuello. Pronto se dió cuenta de que lo había perdido, regresando a su punto de partida. Removió las cenizas de la extinguida fogata con el regatón de la cuarta, viendo refulgir en el fondo un tejuelo de plata. Para marcar el sitio del hallazgo, dió un machetazo en el lugar donde se había efectuado la combustión de la prenda litúrgica, que se convirtió después, con el tiempo, en catimia inagotable de metales preciosos.

En el cuartel está representado este suceso místico y piadoso por las cuentas del rosario y por la cruz, y debajo de ésta, la plancha reluciente de metal fundido. La flama simboliza la primera victoria lograda por las fuerzas insurgentes mandadas por González Hermosillo, el grillete roto de la esclavitud y la gota ígnea de la sangre que mana de la parte inferior del eslabón tronchado y que se vierte sobre el campo de armiño de la causa de la libertad encerrando ésta en dos secciones de color verde, que con el rojo de la sangre, forman los colores de la enseña nacional, que no tomaba forma todavía en el plan de Iguala.

El fondo amarillo de este cuartel da vida y representa la causa noble de la independencia, alumbrando el altar de los héroes que forjaron la patria con su sacrificio.

 

CUARTO CUARTEL: “MAZATLAN”

Según la etimología apuntada por Robelo y ratificada por Luna Cárdenas, Mazatlán quiere decir lugar de venados. Las rocas estilizadas corresponden al litoral rocalloso tan característico de la bahía rumorosa que refleja las tintas escarlatas de las puestas de sol con que se engalana el grandioso escenario del Pacifico… El ancla es la personificación de la ensenada musical y de los navegantes que en el siglo XVI la descubrieron.

Centro de conspiradores y contrabandistas; refugio muchas veces del gobierno republicano; capital del Estado en los tiempos calamitosos de la intervención y el imperio; por la ilustre tradición de sus torneos literarios, por la bravura legendaria de sus hijos, Mazatlán llena con gloria y bizarría el cuartel del Escudo.

Arjona lo representa con la “cabeza de venado inspirado en un dibujo indígena, las formas que salen de los belfos aluden al bramido del animal, el ojo es cual joya engarzada en verde jade bruñido, más si este decir no valiera, se apoya en bella leyenda que sobre el lugar de venados afirma que había una hermosa corza parda que tenía los ojos verdes. En el fondo del cuartel a dos tonos de azul, sugiriendo cielo y mar, encuadrado en sus brumosas lejanías”.

El simbolismo de color azul corresponde a realismo, majestad y hermosura.

El soporte o base en la parte inferior del escudo, formado por raíces y en las cuales se leen voces indígenas, confirman lo asentado por el doctor Robelo en su voluminoso diccionario de aztequismos.

 

 

Escudo del Estado de Sinaloa

El Escudo Sinaloense

 

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Escudo del Estado de Sinaloa - México
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Descripción y significado del Escudo oficial del Estado de Sinaloa, México, obra la cual fue diseñado por el artista yucateco Rolando Arjona Amabilis.

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