Historia de Sinaloa México

 

Combate de Veranos

 

Por: Alejandro Hernández Tyler

El día lo. de enero de 1865 el general Armando de Castagny, al mando de dos mil quinientos soldados franceses, rebasó el paso del Espinazo del Diablo, en la Sierra Madre Occidental, bajando de Durango a Sinaloa para ir a reforzar la guarnición del puerto de Mazatlán.

En los combates que se escenificaron en los contrafuertes serranos, en defensa de las instituciones republicanas, los batallones “Degollado”, “Pánuco”, “Concordia” y “Huajicori”, hostilizaron al enemigo bajo las órdenes del general Ramón Corona, los coroneles Domingo Rubí, Ángel Martínez, José María Gutiérrez y comandante Gregorio Saavedra.

Las tropas francesas, al entrar a territorio sinaloense, pernoctaron en Puerta de San Marcos, y de allí prosiguieron rumbo a Siqueros, dejando en Veranos ciento cincuenta soldados del 7o. batallón “Cazadores de Vincennes” y cincuenta arrieros mexicanos armados, que conducían seiscientas acémilas cargadas con dinero y mercancías, para que después siguieran más tarde como retaguardia.

El general Corona ordeno que se atacara Veranos, discutiendo los planes militares con los coroneles Domingo Rubí, Isidoro Peraza y Anacleto Correa, utilizando los batallones de Concordia y de Pánuco. Los franceses se habían fortificado en la iglesia de Veranos, usando las dos casas fronteras en un triángulo defensivo, cavando trincheras improvisadas.

En el “Ensayo Histórico del Ejército de Occidente”, se da cuenta del combate de Veranos, en sus principales fases: “Al dar los franceses el toque de retreta y lista de noche, los fuegos de fusilería se rompieron, a la vez que el coronel Correa ejecutaba la maniobra que tenía encomendada, excediéndose de las órdenes que se le habían dado, pues saltó con sus dragones las trincheras. Semejante arrojo impuso de tal suerte al enemigo, que le hizo de pronto replegarse al interior de la iglesia, no volviendo a ocupar sus puntos sino momentos después”.

Y continua la reseña así: “Los Cazadores de Vincennes, cubiertos con sus pequeñas trincheras de ladrillos, con una rodilla en tierra y con el arma vigorosamente embrazada, recibían como soldados de bronce, en las puntas de sus marrazos, el formidable empuje de los caballos de Correa”.

En esos momentos llegó a la línea de combate el general Ramón Corona, quien ordenó que los heridos fueran trasladados a El Verde, y enseguida destacó cincuenta dragones para que fueran a observar los movimientos del grueso de las tropas del general Castagny.

Inmediatamente después ordenó que las caballerías y la mayor parte de la infantería dieran una segunda carga, la cual fue tan ruda y violenta que la victoria se puso de su lado, quedando el campo cubierto de cadáveres. De allí fueron levantados heridos el teniente coronel Juan de Dios Rojas, el comandante Jesús Peraza, el pagador de uno de los batallones llamado Zeferino Torres, y otros oficiales e individuos de tropa más.

Sin embargo, el resto de los soldados franceses se habían hecho fuertes en la iglesia, cuyas puertas habían cerrado, así como en las dos casas fronteras, por lo que el general Corona ordenó el incendio de los jacales cercanos para obligarlos a salir. Atemorizados por las llamas, unos veinte franceses se arrojaron por las ventanas, pero una descarga de la infantería del coronel Domingo Rubí los dejó muertos, huyendo únicamente dos heridos.

 

Los cazadores de Vincennes se batieron fieramente, defendiendo sus vidas, y en el último asalto el coronel Anacleto Correa recibió una bala en el costado, haciéndolo caer muerto a la vanguardia de sus dragones.

En uno de los partes puede leerse: “El general Corona, herido en lo más intimo al ver morir al más valiente de sus oficiales, mandó al coronel Ángel Martínez que diera el último ataque por las alturas de las casas, tomándose varios prisioneros, mientras que otra columna daba un asalto sobre el templo. Pronto cayeron las puertas, y las infanterías vencedoras se apoderaron de tres oficiales, cincuenta y siete Cazadores de Vincennes y cuarenta arrieros. Los demás franceses yacían muertos sobre el suelo y en diferentes puntos de la línea fortificada. El coronel Domingo Rubí salió inmediatamente con los prisioneros rumbo al pueblo de Jacobo. A las tropas se ofreció como botín, en premio de su buen comportamiento, la mitad de las riquezas tomadas al enemigo, debiendo pasar la otra mitad a la pagaduría. Esto, sin embargo, sólo produjo a las cajas la suma de diez mil pesos, pues las monedas de oro y plata se habían fundido en gran parte debajo de los escombros que aún estaban ardiendo, y no había que perder un tiempo precioso en recoger lo que se había salvado del desastre”.

A las dos de la mañana se procedió a la evacuación de Veranos, encargándose el coronel Gutiérrez de llevar a los heridos a Concordia, mientras que el general Corona, acompañado del coronel Ángel Martínez y los oficiales de su Estado Mayor, extravió el camino y fueron a dar a Puerta de San Marcos, cuyos vecinos ignoraban los sucesos de Veranos. De allí continuaron rumbo a Jacobo, donde alcanzaron a la fuerza que llevaba los sesenta oficiales y soldados franceses prisioneros.

Después llegaron informes de que el general de Castagny, al tener conocimiento del combate de Veranos, había retrocedido con el grueso de sus tropas para auxiliar a los Cazadores de Vincennes que iban a la retaguardia de su columna, pero sólo encontró cadáveres y ruinas humeantes.

El general Corona y el coronel Rubí formaron de inmediato un consejo de guerra, para resolver sobre la suerte que deberían correr los prisioneros franceses (del combate de Veranos), y se tomó el acuerdo de ejercer las mismas represalias que el general Castagny había tornado en el Espinazo del Diablo, donde había mandado fusilar a catorce prisioneros mexicanos, entre ellos un niño de catorce años.

La sentencia fue ahorcar a los sesenta prisioneros franceses, ya que los disparos encaso de fusilamiento hubieran atraído al enemigo que había regresado violentamente a Veranos, así como también se hizo para economizar parque, del cual estaban tan escasos los republicanos, pues sólo contaban con la ayuda desinteresada de los vecinos de los pueblos. Había tanta escasez también de dinero, que en esa época cada soldado percibía un haber de medio real, los oficiales un real, los comandantes y tenientes coroneles dos reales, y los coroneles y generales cuatro reales. La terrible sentencia se ejecutó en un punto denominado Pozo Hediondo, a corta distancia del poblado de Jacobo, donde el camino se bifurcaba. Allí los sesenta oficiales y soldados, pertenecientes al batallón de Cazadores de Vincennes, fueron ahorcados en los árboles y después los indígenas de Jacobo se presentaron ante el general Corona pidiéndole permiso para sepultar los cadáveres, el cual les fue concedido.

Debemos hacer hincapié en que un soldado francés no murió, pues al ser descolgado se le encontró con vida. Los indígenas se compadecieron de él y le dieron hospitalidad. Andando los años, después de terminada la guerra, el general Corona fue a España como embajador de nuestro país y en uno de sus viajes visitó Paris. Encontrándose en un café, acompañado de su nieto José Ramón Corona, llegó un anciano y le dijo después de saber que hablaba con el vencedor de Veranos: “¡Mi general, yo fui el único soldado francés que se salvó de la horca!” Diremos, para terminar, que el Presidente Benito Juárez al tener conocimiento del triunfo obtenido por las armas republicanas en Sinaloa, ordenó que el coronel Anacleto Correa fuera ascendido a general, después de su muerte heroica encabezando su batallón de dragones, en Veranos, frente a los soldados del emperador Napoleón III que apuntalaban en nuestro país el trono de Maximiliano de Habsburgo.

 

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 80, páginas 42-44.

 

 

El Combate de Veranos, Sinaloa, México

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El Combate de Veranos
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El histórico enfrentamiento armado ocurrido en suelo sinaloense entre los ejércitos de Francia y México

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