Gente en Sinaloa

 

 

 

DON FRANCISCO MARTÍNEZ CABRERA

 

Por: Alfonso L. Paliza

 

Sinaloa, tierra pródiga de inspirados músicos, poetas y pintores recibió en su capital al destacado maestro don Francisco Martínez Cabrera hace muchos años, quien viajaba con una compañía del género lírico, echando raíces atraídos por el paisaje humano, motivándolo a quedarse y ejercer su noble arte, sea un concierto de música de cámara o bien como maestro, modelador de generaciones de ejecutantes, instrumentistas y compositores.

De figura erguida, blanca la tez, de caminar cansino aunque de mirada entre juvenil y enérgica, llegaba puntualmente a sus clases en la que fuera casa rosalina y que conocí como alumno de secundaria como Universidad Socialista del Noroeste.

Casa de estudios provinciana, en aquel lejano 1941 de una sola planta que cobijaba en sus aulas y frescos corredores a la muchachada que se inscribió en secundaria, preparatoria, normal o bien de cursos superiores, en las carreras clásicas de química, de derecho o bien de ingeniería, impartidas las materias por maestros con verdadera vocación y conocimientos, pichicatos en sus calificaciones por que siempre exigían más dedicación a los libros de texto a una minoritaria población estudiantil que a mucho orgullo sentían ser llamados colegiales por familiares, amigos o vecinos.

En su calidad de maestro de cultura musical, que recibíamos invariablemente cada tercer día en lo que se llamó paraninfo, conocí a don Francisco Martínez Cabrera quien nos llevó de la mano para el conocimiento del método de don Hilarión Eslava y aprendimos a solfear con el pentagrama a la vista, las clásicas cinco notas de la escritura musical.

Pero la semilla del saber ya la había depositado en otras aulas habiendo germinado milagrosamente para producir óptimas cosechas.

Con impaciencia y sabiduría, en el Internado del Estado famoso porque allí iban a parar los muchachos incorregibles en su conducta o bien sin recursos para asimilar las letras primarianas, formó don Francisco la primera banda sinfónica con imberbes que los culiacanecos de aquellos tiempos llamaron los “azulitos” debido al color de sus uniformes, de modestas telas que obligadamente vestían y que por ello, los distinguían de los demás escolapios.

Dos veces por semana la banda de los azulitos daba serenatas en el kiosco de la plazuela de armas, rebautizada tiempo después por plazuela Obregón.

Sólo música clásica ofrecía a la sociedad la banda sinfónica, pero los números más solicitados lo fueron Caballería Rusticana y Poeta y Aldeano que se mezclaban con otras del repertorio mexicano o bien de maestros sinaloenses.

Don Francisco Martínez Cabrera, impulsado por su amor a la música, integró un cuarteto que en la célebres veladas literario-musicales organizadas por la Universidad, con prodigalidad entregaban su sensibilidad de artistas el propio Martínez Cabrera al piano; el Dr. Manuel Diez Martínez, virtuoso del violín; Manuelito Castro en el violoncello y Burgos en el bajo.

Era insuficiente el paraninfo para escuchar al cuarteto de música de cámara o la palabra culta y hondamente emotiva del Profr. Reinaldo González Jr., participantes en los fastos universitarios.

El maestro Refugio “Cuco” Soto tiempo después se hizo cargo de la banda de los azulitos sin desmerecer la calidad de sus ejecutantes.

Anunciada la próxima inauguración de la segunda radiodifusora de Culiacán, perteneciente a la sociedad Pablos y Elizalde que levantó estudios y planta trasmisora en la finca propiedad de dona Selma Cohn de Castro, allá por el rumbo de El Coloso, hubo la invitación para que el maestro organizara un orfeón y tomara parte en la programación del día inaugural.

Y allí nos tenía, cantando mal, desafinados pero con muchos bríos “Marchita el Alma” o bien “La Norteña de mis Amores”, entre los reiterados: … ¡no, no, así no es! del maestro que por momentos se impacientaba, entre otros incipientes artistas a los hermanos Ignacio y Matías Ayala Zazueta; José Mitl Guzmán, Jesús García “El Gordo Tyler”; Severo Gutiérrez Beltrán y mi hermano Héctor Manuel entre los que recuerdo. Las voces femeninas, entre otras, a cargo de Cuquita Hernández, Lupita Achoy y Emerita García Inda.

Nuestra participación artística fue ruidosamente aplaudida por familiares y compañeros que se pusieron, éstos últimos, verdes de envidia por no haber sido llamados para el arte, aunque muchos no volvieron a los micrófonos por ser otras sus inquietudes.

No fue larga la relación maestro-alumnos porque el curso de solfeo y canto fue de un año.

Sólo recuerdo al maestro en compañía de su hija Esperanza, también pianista de reconocida calidad, que vivían en esa tranquilidad de espíritu propia de los elegidos, por el rumbo de la avenida Donato Guerra y Calle Rosales, muy cerca del Congreso del Estado.

Desgraciadamente no se ha perpetuado la memoria de Don Francisco Martínez Cabrera ni la del maestro Cuco Soto, desinteresados forjadores de músicos que en su tiempo destacaron para legítimo orgullo de los sinaloenses.

MAYO/1980.

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 35, páginas 46-48.

 

Don Francisco Martínez Cabrera, músicos en Sinaloa, México

Don Francisco Martínez Cabrera, músicos en Sinaloa, México

 

Summary
Name
Francisco Martínez Cabrera
Job Title
Músico, profesor
Company
Universidad Socialista de Occidente
Address
Sinaloa (hijo adoptivo),Sinaloa, México

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