Cuentos, leyendas, relatos y narraciones de Sinaloa

 

DON EUDOMÓNDARO, EL ILUMINADO

 

Por. José María Figueroa Díaz

 

En Sinaloa se producen exquisitos, atildados e iluminados poetas.

¡Y qué poetas, Dios mío, como para chuparse uno los dedos!… Ya unos se fueron a tocarle las puertas a San Pedro. Otros, que se resisten a despedirse, nos hacen todavía el favor de alumbrarnos con su aúrea y augusta presencia.

Los poetas están llenos de un espíritu chocarrero y chapucero, desgranador de tiernas y sabrosas mazorcas de maíz. Hacen gestos y pucheros (no aguantan nada) cuando su mamá les dá aceite de ricino y luego corren y vuelan, saltan y brincan, como chapulines, para finalmente ponerle Jorge al niño al abrir las puertas de su fértil, celeste y azul imaginación.

Tuvimos a un ilustre y agraciado aeda sinaloense: don Eudomóndaro Higuera alias “El tuerto”, quien según las largas y viperinas lenguas (ni Pilar ni el Memo Barraza tuvieron vela en el entierro) a todas boras y en todas partes, se hablaba de tu con las musas, esas féminas que no son dadas con cualquiera a tener coqueteos y arrumacos.

Pero así era él, juguetón y atrevido, enamorado y parrandero, muy dado a la broma y a la vacilada, al buen decir y al buen beber. Lorca, Nervo y Díaz Mirón le hacían los mandados y a escondidas se comían los pilones.

 

ERA MUY DADO A FIRMAR VALES

De don Eudomóndaro cuentan que cuando no estaba firmando vales o letras (era un eterno amante de esta terrenal afición) entre trago y trago, rigurosa botana de cueritos de puerco, teniendo como pupitre una renca mesa o una destartalada barra, y claro su guapa y apetitosa Musa por un lado, escribía sus perIas poéticas y etílicas.

De su honda y profunda inspiración seleccionamos algunas joyas (desde arriba, donde esta nos dió per mi so vía satélite) contenidas en su inmortal libro “Romance del Arroyo de los Perros”, mismo que hizo las delicias de los “chamacos” de las décadas del cuarenta y del cincuenta, todos asiduos parroquianos de la emborrachaduría de aquel gran bohemio que se llamó don Baltasar Arteaga.

Sin quitarle ni ponerle, sería un grave atentado que nadie nos lo perdonaría, de la cosecha mezcalera de don Eudomóndaro, transcribimos su poema “BURBUJITAS”, que es un himno glorioso a la exquisitez del agua de las verdes matas:

Me gustan las burbujitas,

porque son unas bolitas, que cuando hacen explosion,

nos causa mucha comezón.

Hay burbujitas de jabón,

que juegan al pimpón;

son burbujitas hermosas

que

parecen bellas rosas.

Me gustan las burbujitas,

que se encuentran en el tequila.

Yo no quiero la mamila,

venga la sal y un limón.

Las burbujitas de leche

no me gustan nada, nada,

porque son de leche

pasteurizada;

en cambio las de tequila,

siempre saben a tequila.

¡Pantaleón!, échate

la sal con limón.

¡Dios mío, pero que inspiración la de este vale que era muy “cuete” pero muy cuate!

Dicen que si se las echaba entre pecho y espalda, y muy seguido, pero que su preciosa producción literaria haya nacido por inhalación de algún cigarrillo badiraguatense, juran que no llegaba a tanto…

 

¡COMO LE CUSTABA LA BOTELLA!

Don Eudomóndaro jugaba con la rima y la métrica como usted y yo (¡como ha llovido desde entonces!) jugábamos a los encantados, a las canicas y al trompo.

Ya como un mero pasatiempo, así como no queriendo la cosa, haciendo un alto a sus arduas, complicadas y delicadas ocupaciones, compuso esta otra esmeralda, que es un canto eterno para los enamorados del bonachón, sonriente y carismático Dios Baco:

 

¿QUIEN ERA ELLA?

De mezcal a veces llena estaba ella.

De tequila en otras llena estaba ella.

También de cerveza llena estaba ella.

En otras de whisky llena estaba ella.

También de Madero llena estaba ella.

¿Y quién era ella?

¿Alguna perdida?

iNo, lector amigo:

era una botella!.

Final increíble y abracadabrante, el cierre de esta elegía dedicada a Ella, la fría y espumosa botella…

iRealmente, en verdad, don Eudomóndaro, no obstan¬te que solo tenía un farol, se encaramaba en los vapores del cielo azul de su inspiración, pero lo hacía con gracia, con salero, con donaire, tal como correspondía a un señorón como él!

Nunca padeció las angustias de una cruel cruda. Tenía un estómago y un hígado a prueba de balas. Escanciar bebidas espirituosas en una Jornada de diez o veinte horas, sólo representaba para él un tente en pie o un desaburridor cualquiera.

¡Era un mariscal de campo en estos menesteres!…

 

¡LA PIOLA DE LOLA!

Vaya desparpajo de don Eudomóndaro, que con un latinajo “nunc est bebendum”, que de esta lengua y de la otra era tan rico como un político en el pandero, encabezó otra de sus obras maestras:

 

¡A LOLA!

Lola:

¿Será cierto

que la coca-cola

sin “piquete”

sabe a piola?

¡Dímelo, Lola!

Lola:

¿Será cierto

que la coca-cola

con piquete

se va sola?

¡Dímelo, Lola!

Lola, Lola!

No tomes sola

la coca-cola…

 

 

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 1, páginas 27-28.

 

Cuento de Don Eudomóndaro Higuera

Cuentos, relatos sinaloense, Don Eudomóndaro, El Iluminado

 

Summary
Name
Eudomóndaro Higuera
Nickname
("El Iluminado")
Job Title
Poeta
Address
Culiacán,Sinaloa, México

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