Gente de Sinaloa

 

 

BELÉM TORRES, PATRIARCA NAVOLATENSE

 

Por: Evaristo Pérez V.

 

De elevada estatura, robusto, rostro bonachón, así fue físicamente don Belém Torres, amigable patriarca de Navolato. Hay quienes llevados por la curiosidad de conocerlo personalmente y con el deseo de platicar con el autor de sentencias salomónicas y jocosas “charras”, no escatimaron esfuerzo para localizarlo en su domicilio ubicado en el corto callejón que lleva el nombre de otro ilustre navolatense, el Dr. Fortino Cuéllar.

Don Belém convivió rodeado de vecinos de muy humilde condición, que sienten el orgullo de haberse contado entre las amistades de este buen hombre. “Me siento muy agusto viviendo entre esta gente humilde como yo” —nos dijo en cierta ocasión que tuvimos la suerte de platicar tanto como quisimos, con el juzgador de los pobres.

Vivió hasta el último día de su existencia, sin ostentación alguna; trabajando en lo que fue su pasión y su verdadera vocación: la impartición de la justicia, valor humano siempre tan escaso y tan anhelado, gran amigo y compañero inseparable de Belém Torres. Su último empleo público lo desempeñó dentro de la administración municipal presidida por Jesús Camacho Calderón, en graves problemas con la ley en estos días, como Juez de Barandilla, el juez de los desposeídos.

Son muchos los que han intentado dar con el hogar que fue de Don Belém, sin éxito, pues lo intrincado de las calles lo impide. Siempre se llega con el auxilio de los vecinos que guían al curioso. Pero si usted aún no logra dar con la última morada de Belem, trataremos de darle un “norte”: por la calle Almada, llegue al callejón Sinaloa, frente al súper MZ, por su mano izquierda, a los quince metros, encontrará el callejón Dr. Fortino Cuéllar y caminando unos treinta metros rumbo al poniente (rumbo a la calle Cuauhtémoc), busque una casa humilde rodeada de árboles de pingüica en la acera norte de la Fortino Cuéllar, y estará en la que fue la última casa en donde vivió nuestro personaje.

No le mentimos si le aseguramos que aún se siente la presencia de don Belém, descansando bajo los árboles en la amable compañía de sus hijos y de sus nietos y tataranietos que abundan. Para estos fue una tarea dura poder derrotar a don Belém en el juego del dominó; frecuente mente eran dejados “zapateros” por el buen abuelo.

Mientras platicábamos, se dejaba escuchar el grave y quejumbroso sonido del “pitón” del ingenio “La Primavera” anunciando el cambio de turno de las doce del mediodía en esa fábrica. Don Belém calla de repente y en tono nostálgico, como si presintiera que ya no escucharía más esa chimenea, decía: “es como el palpitar del corazón de la gente de Navolato”. Como el momento era propicio, interrogábamos a don Belem sobre algo que mucha gente se preguntaba: ¿todas las anécdotas y “charras” que se dice le sucedieron a él, realmente le pasaron, o es producto de la imaginación popular? Con una sonrisa franca y amable, como si esa pregunta se le hiciera muy seguido, don Belém nos dijo: “mira m’hijo, a mí me pasó lo mismo que le pasó a aquel “amigo” de la antigüedad que con una lámpara de aceite encendida en pleno mediodía, cuando el sol brillaba a todo lo que daba, buscaba un hombre decente, sin pecado”. Con esta anécdota se hizo tan famoso y popular que aún en estos días se le recuerda y parece que la gente hablará siempre bien de él.

Como usted se habrá dado cuenta, don Belém se refiere en este comentario al ejemplo que Diógenes dio al mundo, rechazando los convencionalismos sociales y para demostrarlo se metió a un barril de madera en donde vivió en la más absurda de las miserias, a la que voluntariamente se entrego el filósofo griego.

Además de la inquietud anterior, el público se preguntaba, y aún se pregunta ¿qué tan justas y apegadas a Derecho, son las resoluciones tomadas por Don Belém? Pues una cosa es la amable opinión, siempre benigna, de amigos y conocidos de este buen hombre, que ignoran la ley, o la conocen superficialmente, que la adusta y docta opinión de servidores públicos cuya función es precisamente ésa: resolver problemas jurídicos conforme a los códigos de las leyes, caso por caso, para aplicarla a los que están en desgracia por violarla, conciente o inconcientemente.

Para despejar esta duda, entrevistamos a un juez penal, especializado en esta rama del Derecho: Lic. José Luis Pineda Rodelo, actual juez penal del distrito judicial de Navolato. Pero como la gran mayoría de los jueces que integran el poder judicial en el Estado, el juez Pineda Rodelo, no se mostró “nadita” de entusiasmado para expresar su criterio personal sobre las tesis de don Belém, sobre todo los famosos casos de las sandías, el de los burros amorosos, el del rapto y el tintero, el del “delicado” y otros.

Sin embargo, el juez se dio cuenta que su opinión en estos casos, nada tiene que ver con los criterios jurídicos en los que ellos deben intervenir; se anima y nos dice lo siguiente: Es evidente que don Belem fue un personaje admirable, inteligente y justo por naturaleza; lo conocí personalmente en los actos oficiales a los que asistimos los dos, pues ambos teníamos responsabilidades que cumplir, llamándome la atención su constante buen humor y la permanente sonrisa en sus labios. Estuvimos en El Limoncito, Villa Ángel Flores, La Pipima, Sataya y otros lugares en donde se celebraron actos administrativos y políticos.

Don Belém caía bien desde la primera impresión, pero esa amable impresión se refuerza cuando se le escuchaba hablar con ese buen humor que nunca dejó de tener. Hasta donde sé —continúa diciendo el juez penal Pineda Rodelo, arrellanándose en su sillón mientras cierra el grueso legajo que contiene una dramática historia humana y que tiene que resolver sin excusa ni pretexto, poniéndolo al lado de su modesto escritorio —este ilustre navolatense no tuvo instrucción escolar más que la elemental, pero su natural inteligencia, le abrió las puertas del conocimiento de la justicia.

El juez calló momentáneamente, pero le insistimos en la opinión pedida.

Don Belém no se basó en los códigos legales para tomar sus decisiones; cuando menos, no se basó en ellos en la forma tradicional como lo hacen los funcionarios judiciales; pero la equidad, es decir la justicia natural en oposición a la de la letra de la ley y el sentido común, fueron el sustento utilizado por este modesto juez, don Belém. Y si atendemos que la ley formal, en un gran número de casos, deja al criterio y sentido común del juzgador la resolución de los casos en particular, pues la ley es connatural al ser humano, y Belém, como decimos, tenía esa facultad del criterio justo, nadie mejor que él para erigirse en juez de los humildes.

Está por demás decir —continúa el juez Pineda Rodelo— que sus sentencias no requirieron de un procedimiento civil o penal, con todas sus etapas procesales perfectamente definidas, pues se trataron sólo de infracciones al Bando de Policía y Buen Gobierno o de problemas de tan poca cuantía que se resolvieron en el juzgado menor que él presidió en otros tiempos.

El juez dio por concluida la entrevista y discretamente tomó de nueva cuenta el legajo para adentrarse en su estudio. Entendimos el mensaje y nos dispusimos a retirarnos, pero antes de despedirnos el juez nos dijo: “El uso del sentido común y la equidad fueron las armas que Belem utilizó para trabajar y por ello actuó correctamente”.

Esta es la opinión de quienes conocen el derecho formal sobre las sentencias de don Belem Torres.

Sin embargo, quienes fueron objeto de la ley de Belém Torres, la aceptaron puntualmente pues la consideraban justa y humana, “pero además lo decía Belém Torres”.

 

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 67, páginas 41-43.

 

Belem Torres

Don Belem Torres, patriarca de la ciudad de Navolato, Sinaloa, México

 

Summary
Name
Belém Torres
Nickname
(Don Belém)
Job Title
Juez Registro Civil
Company
Gobierno del Estado de Sinaloa
Address
Navolato, ciudad,Sinaloa, México

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