RETRATO DE MI PUEBLO

 

Por: Enrique Félix Castro

 

I

Los muros de la tarde se desploman en la tempestad del color. Es el drama de la hora fragante… Y en el horizonte del malecón dormido muy cerca de mis ojos, muy cerca de mi vida: el magnífico arrebato de pájaros en vuelo.

II

Una nuble furibunda en el filo de la tarde, entrega al milperío, con alma de lluvia, el ademán nazareno de su sangre. La lluvia de mi tierra es como el llanto de mis ojos.

 

III

Todavía se dispersa en la calma verde de las huertas de mangos el rumor franciscano de una noche de octubre y la dulce oración del seminario. Aún se siente, en las arterias de su vieja presencia, la voz de la paloma lastimada, el misterio de las hojas que se pierden y el lento musitar del río. Porque desde el poético silencio de la estrella —en un trance crepuscular—, se desprendió en fragmentos, con los más altos colores, la eterna eucaristía de mis sueños.

IV

El panteón San Juan era apenas una lección secundaria de lápidas y de musgo. Piedras ungidas con la categoría inmortal de Rafael Buelna. Pero entonces, cuando ladraron los perros a los harapos de una noche cualquiera, aquel cementerio de lejanísimo aire romano, vertió en la inmovilidad todas las transparencias del recuerdo y selló de jacintos mi penúltima aventura.

A veces me pregunto por qué la calle Ángel Flores, cuando está contra las campanas de catedral, es como un columpio de siesta que sirve para mecer, en la hora nona, tenuemente, la violada ingenuidad de sus rodillas.

VI

Por el puerto sierreño de Cosalá, como un as de oros, se anuncia el sol. Y en el mercado Garmendia, tempranísimo, el esquileo de las voces del rebaño musical del mujerío.

VII

Por la misma calle, mojada de claridad, —en metafísica de luz y en ejercicio de rosas— viene Teresa, la Bien Plantada, ¡la mujer de mis litorales!, cruzada con la insignia del primer lucero.

VIII

Un ángel de nostalgia diluido en sus alas colgó a luna como una medalla en el pecho azul de Culiacán. La escala de rumores de niebla se rompió en el atrio de la madrugada y el alba en la ventana.

IX

Ella cruza la calle Ángel Flores como una muñeca de níquel en estreno. En el barco de sus ojos se mece el color del Atlántico y el pañuelo que remola su mano por lo alto, de colores enérgicos, parece bandera de piratas.

X

En la oceanografía de domingos aburridos, alargada por tardes de lisa superficie, el Tamazula Club abre sus custodia de reflejos en vals y reclina sus sueños eléctricos los párpados de cualquier canción. La aurora de vidrio hace añicos en la reja musical del Cachi Anaya y la lluvia se confunde con los cabellos de mi amiga.

 

 

XI

La gaviota ciega volaba tan desesperada de mar y de Sur, que abrió el pico sobre el monte bordado de jaculatorias y tiró su cesta de torres y campanas. ¡La Capilla de La Lomita! El Noroeste con su mínimo Tepeyac. Por ella el horizonte se cierra como puño de turquesa. Hay claridad en la lejanía. ¡La distancia es la pulsera del cielo!

Julio de 1979

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 90, páginas 38-39.

 

Templo La Lomita, Retrato de Culiacán

Dibujo del antiguo templo de La Lomita

 

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Culiacán-retrato de mi pueblo: poema
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El pensamiento sinaloense traducido a obras que honran a sus pueblos, Enrique Félix y su trabajo "Retrato de mi pueblo"

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