Cuentos de Sinaloa

 

Carlos R. Hubbard

 

LAS ESTADÍSTICAS

 

Cuando tengo en mis manos uno de esos hermosos y costosos volúmenes, que en grueso papel couché de 90 kilos, bellamente litografiados y elegantemente empastados publican diversas Secretarías del Gobierno Federal, repaso sin interés sus cifras, complicadas gráficas, tan precisas como los resultados que arrojan, y recuerdo mi primera experiencia en recoger datos estadísticos.

Cuando fui secretario del Ayuntamiento por primera vez, me encontré con que una de mis primeras obligaciones, era rendir precisamente una gran diversidad de datos estadísticos; y que más o menos se referían a:

¿ Cuantas hectáreas de maíz se sembraron en el mes anterior:?

(Si están en producción, decir cuántas mazorcas tienen y si ya se levantó la cosecha, a cuantos kilos ascendió) Igual de frijol, calabazas, caña, etc.

Cuantos árboles de mango hay en el municipio, cuantos tamarindos, cuantos aguacates, cuantos papayos, cuantos ciruelos, etc. (Si ya dieron fruto, cuantas “bolas” dio cada uno y a qué precio se vendieron.)

Cuantos individuos estuvieron sin trabajo el mes anterior, detallando albañiles, peones, carpinteros, zapateros, hojalateros, etc.

Por ese tenor, debía de llenar siete hojas con cuestionarios.

Afortunadamente, me daban tres días para ello y me amenazaba con meterme a la cárcel si no lo hacía. Estuve a punto de renunciar. (Yo no lo hice pero hubo otra autoridad que sí lo hizo).

Acudí a don Alfredo Beltrán, que sabía mucho de cosas relacionadas con la agricultura del municipio. Llené a ojo de buen cubero uno o dos cuestionarios. Luego recurrí a otro experto, y a otro, hasta que dí con la verdadera solución.

Pero eso fue después de sumar, restar, adivinar e inventar cifras y mas cifras, mortificarme y desvelarme pensando y pensando, pues el plazo corría inexorablemente.

Entonces repito, encontré a un viejo secretario del Ayuntamiento, que fue quien me dio la clave: “No te mortifiques”, me aconsejó. Ponle lo que se te ocurra, inventa lo que te de la gana, que alcabo nadie va a venir a comprobarlo. Nada más que cada mes, te basas en el anterior y le quitas o le pones algo a tu arbitrio.

Santo remedio; todo a pedir de boca desde entonces.

Pero, a quien no le salió fue a Chano Aréchiga, quien después de muchos años de maestro en Chilillos, en donde hizo compadres y muchas relaciones, aclarando a quien le reprochaba no salir de ese rancho que ahí “soy de la primera sociedad, pues soy el único que duerme con pijama”, un día aceptó venir a fungir como Secretario del Ayuntamiento, por cierto en la época de la fatal administración de “El Teten”.

Chano quiso hacer una buena estadística: Mediante una circular a Síndicos y Comisarios, les preguntaba a cada uno los datos que ya hemos detallado, ordenándoles que personalmente fueran a ver las siembras, arboles, etc. y dándoles desde luego el plazo que a él le exigían y las amenazas que implicaba la falta de información.

Dos días después, a las 3 de la mañana le tocó la puerta su compadre de Chilillos a quien precisamente acababa de nombrar Comisario de su rancho. Compadre, Compadre Levántese, vengo a renunciar de Comisario.

Chano abrió la puerta soñoliento y se encontró con el mas patético espectáculo: Su compadre estaba llorando y entre sollozos, le decía, mire compadre, tengo ya dos noches sin dormir, En el día me voy a contar las matas de maíz y cuando ya llevo como la mitá, se me olvida cuantas eran y vuelvo a contar y me vuelvo a equivocar y cuando me acuesto, solamente sueño matas de maíz y de frijol. !YO RENUNCIO, COMPADRE, RENUNCIO, PORQUE SI NO ME VOY A VOLVER LOCO!

Desde entonces veo con desconfianza los hermosos volúmenes con datos estadísticos.

 

 

CARLOS R HUBBARD

Carlos R. Hubbard, cuentista sinaloense

Summary
Article Name
Las estadísticas, cuento
Author
Description
Un relato vivido por el autor, Carlos Hubbard.

Share and Enjoy

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*