Cuentos de Sinaloa

 

UN BESO INOCENTE 

 

Por: Arnulfo Rodríguez

 


Seguramente que nadie, en la edad de la primera escuela, ha dejado de sentir esa necesidad de alianza entre sus compañeros de clase, de aunque el mar con uno, para hacerlo confidente de todo: de sus angustias puestas adentro del plantel; de sus ignorancias en las materias de estudio, para pedir “soplidos”; para la fuerza de la unión y así cometer maldades o repeler agresiones; compartir las golosinas y dividirse los minúsculos hurtos de pizarrines, gises, lápices, etc .; para todo eso, en fin, que constituye la pintoresca vida de la escuela desde que se inician hasta que sí terminan los estudios primarios.

Yo tuve, en mi tiempo de escolapio, un compañero de escritorio, en la escuela primaria de la ciudad de El Rosario, en el Estado de Sinaloa; fue el ahora Subsecretario de Relaciones Exteriores, don Genaro Estrada . El voluminoso intelectual y Diplomático de aquella remota época de la infancia era un pequeñín gûerejo”, de rizada cabellera con tonalidades de oro, sutilillo de cuerpo, de mi estatura, y de los que seguramente estuvo catalogado, para la apreciación de las gentes, entre los niños bonitos. Yo era diminuto y feo, qué sin el pulimento físico es los años de que llevo de vivir haya mejorar logrado mis facciones. Me decían “Chiquillo”, era porque, en efecto, el más pequeño de toda la clase. Me sentía orgulloso de mi compañero de pupitre porque, ademas de nuestra alianza para las actividades interescolares, era el la instancia de parte decorativa de la pareja que hacíamos. Lo quería por esto con cariño sincero y cierto; diré que hasta con amor puro de muchachín, y siempre procurar hacerle sentir la afectuosa disposición de mi ánimo para el.

Un buen día lo bese en uno de sus carrillos colorinescos. Sentí aquel deseo sano, inocente, desprovisto de idea de toda maldad, y acercándome un su mejilla derecha le imprimí el ósculo que me pareció testimonio de mi gratitud, ya que toleraba conciliatoriamente mi compañía de niño pobre ante su relativa opulencia.

!Que se yo lo que Genaro Estrada, aquel niño inmejorable compañero mío, el de mis confianzas, el de mis confidencias y mi aliado de la escuela, pensaría de mi espontaneo beso inocente! pero de como los años han pasado, muchos! desde entonces, y ahora somos dos hombres de recia masculinidad evidente, quiero en esta narración, tal vez desprovista de interés para los que me leen, añorar aquellos tiempos infinitamente felices de la escuela primaria, para ver si es exacto el recuerdo y si en ese recuerdo no se pierden las minucias de la vida policroma, testa de sensaciones, de alegrías y únicas de sustos mayúsculos que constituye, y constituirá siempre el tiempo de la escuela primaria elemental.

¿Qué dirán de mi los niños de hoy?

¿No encontrarán en mi narración frívola, reflejo de su propia vida escolar?

 

Tomado del libro Cosas de Niños, Rodríguez, Arnulfo, Fundación Jesús Kuroda Martínez, AC, Culiacán, Sinaloa, 2011.

 

 

Arnulfo Rodríguez

Arnulfo Rodríguez, sinaloense cuentista

 

 

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Un beso inocente, cuento
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Un cuento de niños escolares, de la escuela primaria.

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