Cuento triste

November 10, 2014

Cuentos, leyendas, relatos y narraciones de Sinaloa, México

 

CUENTO TRISTE

 

Por: Armando Franco Zazueta

 

El frio de la noche aquella era glacial, el astroso vagabundo acurrucado junto a la hoguera del basurero aquel, leía a viva voz el pasaje de Cyrano de Bergerac, en que, bajo el balcón pide a Roxana un beso:

 

Dulce fuera el vocablo en vuestra boca, más no lo pronunciáis, os quema el labio, venced vuestro temor, sed generosa. Ha poco os deslizásteis de la risa al suspiro y del suspiro al llanto, deslizáos un poco más ahora, y llegaréis al beso sin notarlo”.

“La noche recogía la voz cálida y emotiva del clamador y los grillos respetuosamente habían callado la sinfonía de su desafinado instrumento de cuerdas. El auditorio, constituído por luciérnagas, fantasmas, mosquitos y Centavo el fiel perro compañero de miserias e infortunio del único y principal actor que ocupaba el escenario. alumbrado apenas por las candilejas amarillentas de los leños que ardían en la fogata, guardaban la compostura de un público selecto.

Al terminar de declamar. el hombre se quedó mirando el infinito con la vista puesta a través de la distancia y la obscuridad. en quién sabe que parte, reaccionó al sentir la presencia del mugriento can que le lamía la mano. Tomando al animal del hocico y levantándolo para verlo a los ojos, dijo: “hoy nos iremos a dormir otra vez sin cenar, Centavo; es el castigo que nos da Dios por ser pobres”; el noble animal, como si comprendiera, movió la cola significativamente y se echó junto a su interlocutor que siguió hablando:

“Es mejor que Dios te haya hecho irracional Centavo, alguien dijo que la vida era una comedia para los que sentían y una tragedia para los pensaban. Para tí, el tenerme sólamente a mí en el mundo no significa gran cosa; en tu caso está justificado. tú no tienes la terrible i desgracia de pensar. como yo y todos los’, humanos; a ti no te importa que tu vida no tenga objeto, pues tu misión específica es, cuidarme y seguirme y nada más que eso. encambio, la vacuedad de mi vida, la sinrazón de mi existencia. el incierto camino a seguir (que al cabo todos son iguales). me orillan a pensar que no tiene objeto seguir viviendo. ¡Pero qué frío hace!

¡Quién sabe que tanto más habló el pordiosero aquel, hasta que el sueño lo venció. y se fue quedando dormido buscando el calor del animal que dormitaba a su lado!

El viento silbó toda la noche y cubrió con su manto de invisible gelidez aquellos dos cuerpos hombre y animal que a pesar de estar acostumbrados a las inclemencias del clima. apenas lograban conciliar el sueño.

Al amanecer, la fogata se había extinguido. el perro lanzaba aullidos y temblaba como un azogado, pero no se movía por no despertar al amo; los aullidos fueron poco a poco acallándose hasta que sólo se oyó el acompasado respirar del hombre. El animal lanzó un último quejido, y luego quedó quieto y con los ojos y muy abiertos, las pulgas de su cuerpo. avisadas por su natural instinto. de que la fuente de su subsistencia se había extinguido. emigraron al cuerpo del hombre, que ya no encontró el calor que buscaba para aplacar aquel frío espectral. Desde aquel entonces el vagabundo pulula por todos los basureros y covachas. buscando un nuevo Centavo que comparta sus miserias y le dé calor en las frías noches del invierno.

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 48, página 12-13.

 

Narraciones de Sinaloa; Cuento Triste

Cuento Triste de Armando Franco Zazueta

 

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Cuento triste
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Relato sinaloense que trata de la relación y fidelidad del perro hacia su amo hasta el final.

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