Cuentos de Sinaloa

De: Pablo Lizárraga Arámburu

 

COBARDÍA

 

Nos quejamos de la falta de valor civil existente en nuestro medio, diciendo que fulano debió decir esto, que no dio la cara por cobarde, que en el momento preciso no tuvo decisión, que fue muy cínico su comportamiento, etc., pero… más de alguna vez hemos sido así, reconocerlo con franqueza es lo mejor.

Hasta el cuarto año de primaria estuve en el colegio El Pacífico, las directoras eran gringas pero no las maestras. Se nos ensenaba a reconocer la culpabilidad en cualquier falta y jamás echársela a otro, “esto es lo mejor” solía decirnos sobre todo Misses Parsons. El quinto año ingresé a la escuela oficial número uno, la Morelos o la Duquesa, nombres con que también era conocida y tuve como maestra a la competentísima Juanita Alcántar, con mucha experiencia en el enseñar, alta, fornida y de muy fuerte carácter. Imponía mucho respeto en el aula, nada más su voz se oía, precisamente por eso, porque fue una gran maestra.

Juanita no estaba muy de acuerdo con eso de “echarse la culpa por tarugos”, nada de quijotismos, decía que el hombre debía ser feo, fuerte y formal, defenderse y ofender con decisión.

En quinto y sexto años por haber escasez de pupitres, cada quien llevaba su propio escritorio y silla.

Sucedió que yo había adquirido destreza para lanzar con alta velocidad un palito de paleta helada oprimiéndolo con los dedos de ambas manos sin que se me notara en los mismos dedos movimiento alguno. Entramos a clase, había terminado de saborear mi paleta pero conservaba el palito. Juanita hablaba y hablaba exponiendo su sabia cátedra y yo oprimía el palito, pero éste se me escapó y con vertiginosa velocidad rozó la oreja derecha al compañerito sentado dos cuerpos adelante. Seguramente le ardió mucho porque creyendo que el que estaba tras él le había dado un gaznuche, furibundo volteó para darle un manotazo en la cabeza. El golpeado nada sabia y también furioso le propinó una fuerte cachetada y se liaron a golpes. Todo esto delante de Juanita Alcántar, para las pulgas de Juanita Alcántar, para el férreo carácter de Juanita. Ella se dejó venir iracunda, incontrolable, fuera de sí, se le notaba en los ojos, los cogió a golpes, los llevó a golpes frente al salón de clases, los siguió golpeando, cayeron, los Levantó de las orejas y a rastras los sacó diciéndoles: “!Groseros irrespectuosos, a pelearse afuera!”. Todo sucedía mientras yo, apretando los dientes, cínicamente contenía la risa. Cuando salimos a recreo, los golpeados estaban azorados, no se explicaban lb sucedido. Yo nunca lo dijo, fui cobarde, pero hoy a casi medio siglo lo digo y por escrito para pagar en algo mi culpabilidad, pero yo sé, amable lector, que tú te hubieras comportado como todo un caballerito y sin medir consecuencias, cuando Juanita venía hecha una furia, le le atravesaras diciéndole: “!Maestra, yo soy el culpable!”. O… ¿me equivoco?.

 

 

Pablo Lizárraga Arámburu

Pablo Lizárraga Arámburu, historiador sinaloense

 

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Cobardía, cuento
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Cuento mexicano del estado de Sinaloa: Cobardía

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