Cruel venganza yaqui

December 11, 2014

Cuentos, leyendas, relatos y narraciones de Sinaloa

 

 

CRUEL VENGANZA YAQUI

 

Por: Julián Camacho Angulo

 

La patria daba tumbos tratando de encontrar la puerta para iniciar el camino hacia la democracia. Vivía los estertores de una lucha fratricida. Eran las primeras décadas del siglo veinte y aún se debatía indecisa, buscando la forma de encontrar y consolidar la tan anhelada y necesaria paz.

Persistían pues, algunos residuos conflictivos como eran, el caso de los yaquis en Sonora, y el problema cristero en el centro del país.

 

Silvestre deambulaba por las viejas calles de Culiacán, inmerso en una situación de angustia, por el estado económico que estaba viviendo; sin ocupación alguna, y sin saber a dónde ir a encontrarla; entró por la puerta sur del mercado Garmendia, viendo y deseando lo que ahí se vendía y casi llorando de amargura al ver que todo aquello estaba fuera del alcance de sus bolsillos vacíos; salió por la puerta norte y vio un grupo numeroso de personas que se apiñaba enfrente, al cruzar la calle Ángel Flores, en el sitio donde estuvo el mercadito Vizcaíno. En una mesa laboraba un escribiente, mientras otro individuo invitaba a todo pulmón a enlistarse en el “reenganche para ir a trabajar en el traque a Fínicas”… (en el track de Phoenix, Arizona) en el tendido de vías férreas del área. Silvestre se acercó al grupo y al enterarse de lo que se trataba y darse cuenta de que adelantaban alguna cantidad a los que firmaban de conformidad para viajar hacia allá, de inmediato se enlistó y fue informado de la obligación de presentarse al día siguiente en la Estación del Ferrocarril Sud-Pacífico de México, para ser embarcado hacia el país del norte. En efecto Silvestre se presentó según lo convenido y enseguida fue encerrado en un carro-jaula para ganado que junto con varios centenares, llenaban otras unidades, las que una vez enganchadas, el convoy inició la lenta marcha hacia el norte. Después de viajar todo un día y parte de otro, la caravana de enjaulados sintió que el tren se detenía en un punto más allá de Vicam, dándose cuenta enseguida, con cierta aprensión, como se acercaban grupos de soldados, que abrían las puertas de las jaulas ordenando a todos bajar a tierra y formar filas.

 

Después de éste paso, un oficial, con voz estentórea, arengó a los reunidos en la forma siguiente: “Señores, no hay tal trabajo en el traque de Fínicas; los hemos traído aquí con ese señuelo ya que voluntariamente nadie quiere venir; necesitamos gente para ir a combatir y someter a los yaquis, que no han querido pacificarse y aún se encuentran en rebeldía ante el legítimo gobierno; así pues, aquí tendrán sueldo, un caballo y armas y mañana se les instruirá lo que tendrán que hacer y a qué unidad irá cada cual y al mando de quien estarán”. Al rayar el alba tras el cerro del Bacatete, ya Silvestre y todo el grupo estaban siendo instruidos de la comisión del día.

 

En su momento, enfiló el regimiento de caballería, del que formaba parte Silvestre, rumbo a los montes, cerros y cañadas del oriente a cumplir con la encomienda; y al mucho caminar y estando ya avanzado el día, y sin haber encontrado señales de indios, llegaron a un maizal donde verdeaba la milpa ya en elote.

 

El oficial de mando dio órdenes a la tropa de desmontar y dejar la caballada a discreción comiendo en el milpar; se pusieron a hacer fogatas para asar elotes en las brasas y saciar el hambre de la que todos eran presa; no tenían mucho de estar en esos menesteres, cuando de los cuatro puntos cardinales, les empezó a llegar una lluvia de balas, piedras y flechas que disparaban los naturales, con una salvaje gritería, emboscados tras las rocas y árboles; caballos y soldados de la expedición, caían como moscas; algunos pocos alcanzaron a huir en el primer caballo que agarraron a modo, abandonando la lucha campal que ya se libraba cuerpo a cuerpo entre militares y emplumados.

 

Silvestre y los pocos que le acompañaron en la huida, lograron llegar al campamento, informando al alto mando de lo acontecido, saliendo de inmediato un numeroso refuerzo, los que al llegar al lugar de los hechos, encontraron un silencio absoluto y el maizal lleno de cadáveres de hombres y caballos; estos últimos, fueron muertos y ya, pero el sadismo de los yaquis se cebó en aquellos, introduciéndoles a cada uno, una mata de milpa en medio de los glúteos y llevándose los caballos que quedaron con vida así como las armas de los muertos como botín y como venganza o advertencia de lo que podía pasar a todo yori intruso que osara invadir su territorio.

 

 

Tomado de: Brechas, Órgano de Difusión Cultural de la Región del Évora, número 30, Guamúchil, Sinaloa, otoño de 1994.

 

Relatos de Sinaloa, México

Cruel venganza yaqui, relatos y leyendas sinaloenses

 

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Cruel venganza yaqui
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Relato de la conducta que tenian los integrantes de las tribus yaquis cuando veian afectados sus intereses y amenazados por la fuerza del gobierno.

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