Historia de Sinaloa México

 

COSALÁ: UN PUEBLO COLONIAL

 

Por: Carlos Manuel Aguirre

 

Durante la temporada de lluvias, ¡cuan hermosa es la sierra sinaloense!

Viajar de un pueblo a otro por la sierra de Sinaloa es encontrar paisajes de ensueño, árboles cubiertos de follaje, desfiladeros, quebradas, cerros rodeados de nubes, pájaros multicolores; pero hacer ese recorrido es difícil para quienes no logran adaptarse de inmediato a las dificultades de las comunicaciones. Hay lugares que para admirarlos de cerca sólo se puede llegar a ellos a lomo de mula y en ocasiones únicamente a pie, como son las cumbres rocosas de algunos cerros.

A Cosalá (en el agua o arroyo del quetzal) se puede llegar en jeep o en camión, y en automóvil solamente en tiempos de secas y cuando se han hecho las reparaciones necesarias al camino después de que la temporada de lluvias termina. La entrada es por la carretera internacional, cerca de Agua Nueva, en el municipio de Elota y atravesando los poblados de Casas Grandes, Japuino, El Salto Conitaca, El Sabinal, Ibonía, Calafato, Vado Hondo y El Potrero.

La villa de Cosalá se encuentra rodeada por los cerros de San Nicolás, Barreteros, La Cobriza y El Carrizal.

No me he puesto a husmear detenidamente en nuestra historia para encontrar los motivos por los que a Cosalá se le nombró antiguamente Real de las Once mil Vírgenes ¿No sería acaso por la gran cantidad de mujeres hermosas de cuya fama goza? No solamente de gran hermosura, sino simpáticas, amables, trabajadoras y con muchas cualidades que las hacen más atractivas para amas de un hogar feliz.

Cosalá es el pueblo más colonial de la República Mexicana. Se ha dicho que es el Taxco sinaloense. Me parece que es al revés. De Taxco debería decirse que es el Cosalá guerrerense, ya que Cosalá se ha conservado mas típicamente colonial; todo en él es natural, sin arreglo ni sofisticaciones. El turismo no ha empezado a afluir allí por lo alejado de la carretera pavimentada y por las dificultades del camino que según proyectos dentro de poco será accesible, merced a la construcción del vecinal que llegará hasta el Mineral de Nuestra Señora y las reparaciones de la vieja vía de comunicación por tierra.

De los diversos puntos de la sierra de Sinaloa y Durango llegan a Cosalá los arrieros con sus burros cargados de quesos, panochas, naranjas y duraznos, etc., que realizan y a la vez se surten de lo que necesitan. Es Cosalá, en esa región serrana, el punto de abastecimiento.

La mayoría de las calles de Cosalá están empedradas. Los vehículos que logran verse transitar por ellas, muy pocos todavía, son de los comerciantes más prósperos. Además hay camiones de pasajeros que hacen servicios de ruta.

Las típicas callejas son angostas, con empinadas subidas y bajadas y penetran a la ciudad serpenteando y bifurcándose en callejones, y es que las casas se construyeron en un principio sin ningún plan preconcebido. Cada quien escogió el punto que más le agrado y allí levanto su vivienda.

La arquitectura de estas casas de Cosalá es típicamente colonial; sus ventanas de fierro, sus banquetas de ladrillo y de piedra, los techos de tejas con caídas de agua hacia las calles. Muchas, la mayoría, de una sola corriente, y otras de dos. Cuando llueve las tejas quedan lavadas y llaman la atención por su colorido, en los tonos del rojo al amarillo. Ello se debe a que el color de la tierra con que se fabrican es variable. Mejor aspecto daría Cosalá si se pintaran periódicamente las fachadas de las casas.

La Junta de Mejoramiento, Cívico, Moral y Material de Cosalá pugna porque la pintoresca villa no sufra mixtificaciones. Hay que seguirla conservando como es. Si se quieren construir edificios modernos que las nuevas construcciones se levanten en un área fuera de la ciudad, dejando al Cosalá Viejo tal y como está, con sus calles, con sus construcciones y sus recuerdos.

Cuando se mejoren las construcciones, tendrán los cosaltecos una fuente de ingresos al convertirse, por una parte en centro turístico de primera, no descuidando las industrias que dentro de su jurisdicción puedan explotarse.

En el centro de Cosalá se levanta la iglesia de Santa Úrsula y no muy lejos la capilla de la Virgen de Guadalupe. La primera tiene un reloj público. Este reloj es de sol; la iglesia debe ser viejísima, pero más vieja debe ser la campana del Sagrado Corazón que ostenta la fecha de 1556. Más de cuatrocientos años y todavía llama diariamente a los vecinos a oración, siendo principalmente el elemento femenino el que concurre. ¿A cuántas generaciones de cosaltecos ha llamado esta vieja campana de sonido tan armonioso?

Empiezan a llegar las mujeres con sus tapados en la cabeza. Entran a la iglesia y cuando terminan los oficios religiosos salen alegres y platicadoras, y las que no tienen mucha prisa, se sientan en las bancas de la plazuela a charlar.

En la plazuela, que tiene muchos árboles y una refresquería, hay serenata dos veces a la semana: jueves y domingo. Es el punto de reunión del pueblo, como la iglesia. Allí concurren ricas y pobres todas las tardes.

 

Ya Alfredo Ibarra le cantó a Cosalá:

¡Oh, valle encantador!, donde mis hijos

abrieron sus pupilas a la vida…

Y paraíso que a gozar convida,

están en ti mis pensamientos fijos.

La bondad de tu gente, la indulgencia

con que trata al cansado peregrino

difunde como un hábito divino,

emerge como suave refulgencia.

La exquisita guayaba y dulce caña

productos de tu espléndida campiña,

siempre serán con avidez gustados.

¿Y qué decir de tus mujeres bellas

comparables tan solo a las estrellas?

Las gentes de este pueblo son alegres, trabajadoras y soñadoras. Son amistosas y francas con los visitantes y en un santiamén se da uno cuenta de que es amigo de todos los cosaltecos.

 

Tomado del libro: Crónicas de Cosalá, antología, Colegio de Bachilleres del Estado de Sinaloa, Culiacán, 1994.

 

 

 

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Cosalá, un pueblo colonial
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Una visión de la histórica ciudad colonial sinaloense, cabecera municipal, que también ha sido sede de los poderes estatales.

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