Cuentos, leyendas, relatos y narraciones de Sinaloa

 

COMO EN UN CUENTO PARA NIÑOS

 

Por: Clemente Vizcarra Franco

 

Éranse que se eran unos inditos errabundos, que jugaban a construir idolitos de barro, con barro que suena a plata como en el verso de López Velarde. Subían y bajaban las montañas y hacían sus chozas provisionales de lodo y vara en las faldas de los cerros, en las orillas de los arroyos o en las cumbres de las Cordilleras.

 

Un día se encontraron un sitio en el que abundaban las víboras y le llamaron a ese lugar “Amaloloa” que en su lengua pinut quiere decir: “Tierra de Víboras”; y poblaron esa tierra para hacer sus ollas y sepultar en ellas a sus muertos.

 

También dibujaban sus historias y leyendas en las grandes piedras; las piedras pintadas, que perpetuán su memoria por los rincones de las quebradas, entre la grama y los colonos, como las que se ven todavía en los arroyos del Zapotillo y Las Labradas.

 

Hacían sus cuamiles en las espaldas de las lo mas figurando tableros de ajedrez y creían en el coyote y el búho como dispensadores del bien y del mal.

 

¿Vivirían felices los inditos en aquella rusticidad? Quizás sí, puede ser que no, porque en todo hombre anida la inquietud por saber lo que se es y más por lo que se será después; el mañana se pinta siempre con colores de aurora, pero imprecisos, dudosos en la congoja pálida de lo que no sabemos pero que de todas maneras acontecerá.

 

En sus sueños de siglos, de soles, de lunas y de nubes, apareció la figura blanca, acerada, de un hombre distinto, joven, generoso, pero valiente con el valor que ellos tanto admiraban; y los conquistó. Aquel guerrero les espantó sus coyotes y sus búhos y les enterró sus juguetes de barro para elevar sobre los horizontes, los maderos cruzados de su fe.

Les ordenó que no anduvieran errantes y para reunirlos en el alero de una colina construyó muchas casas grandes de piedra, para que durasen en el tiempo, en ella los aposentó diciéndoles que formaban una villa, que esta se llamaba “San Sebastián“.

 

Les aconsejó que trabajasen juntos y nunca más riñesen, porque sólo en la paz serían grandes y poderosos; que ya no jugasen con lodo, sino con acero y con fuego, para que dirigiese sus juegos una cosa sutil, inmaterial y eterna que dijo llamarse inteligencia.

 

Se fue el guerrero blanco, pero les dejó la herencia de su espíritu creativo por lo que pintaron su ciudad y escarbaron la tierra para sacar la plata. Pero aún no sabían lo que era ser libres, por eso cuando oyeron que el Padre de la Patria con su voz de bronce gritó la Independencia, al paso de sus huestes que a su villa llegaron al mando de José María González Hermosillo, los hermanos Costilla, parientes del Libertador, por las cuestas de Pánuco bajaron la plata que pusieron en las manos de aquél sirviendo a la causa que los haría mexicanos.

 

Años después, cuando desde ultramar llegaron a su tierra escuadrones de hombres con traje azul y franjas rojas y les quemaron sus hogares, por ser ellos, los hijos de los hijos de los indios y de los que con ellos se quedaron cuando los dejó el guerrero blanco, se armaron de honor y patriotismo y expulsaron de sus tierras a los hombres de traje azul con franjas rojas, haciendo nuevas páginas de historia y leyenda heroicas.

 

En las jornadas lentas de los días reconstruyeron su pueblo con amor republicano.

 

Cuando la Revolución como tren de aguinaldo cargado de promesas redentoras cruzó por su villa, los hombres de ella lo siguieron para que en los momentos de zozobra en que la Revolución parecía naufragar replegada en Veracruz, hacer llegar hasta el Varón de Cuatro Ciénegas la plata de las vetas de Pánuco. Concordia cuidaba una vez más por los destinos de México.

 

En nuestros días la paz, aquella paz que predicara el hombre blanco, ha oreado con su brisa los sudores y la sangre de la antigua Villa, y en su calma hombres y mujeres siguen fabricando con barro que suena a plata sus ollas y sus jarros y muebles olorosos de maderas perfumadas, sin nunca más perder de vista el destino de la patria, que sienten como suyo desde sus cuatro siglos de existencia, mientras cruzan el horizonte de su valle las parábolas eternas de los soles, las lunas y las nubes.

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 78, páginas 12-13.

 

Narraciones y leyendas del municipio de Concordia, Sinaloa, México

Como en un cuento para niños, narración del sinaloense Clemente Vizcarra Franco

 

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Como en un cuento para niños
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La narrativa historica sinaloense hecha cuento, describiendo los origenes e identidad de los antiguos pobladores de la tierra de los once ríos-Sinaloa

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