Biografías de Sinaloa

 

 

DON CLEMENTE VIZCARRA, VIDA Y OBRA

 

Por: Ricardo Mimiaga Padilla

 

Clemente Vizcarra Franco, jurista, poeta, cuentista, ensayista, político, rector y catedrático universitario, nació en Concordia, Sinaloa, el 23 de noviembre de 1901. Sus padres fueron Salomé Vizcarra Valdés y Rafaela Franco Núñez, quien por cierto murió a la edad de 106 años en 1969. Su bisabuela por vía paterna fue Encarnación Osuna viuda de Valdés “Nana Chon”, la heroína concordense que se enfrentó con temple y valentía a los franceses en plena Guerra de Intervención, cuando la ciudad fue incendiada por los invasores en febrero de 1865.

Su progenitor fue hijo de Salomé Vizcarra y Josefa Valdés Osuna, hija de Encarnación “Nana Chon”. Además, al profundizar en su origen genealógico encontramos que el licenciado descendía directamente del Marqués de Pánuco Francisco Javier de Vizcarra.

El niño Clemente realizó la instrucción primaria en su ciudad natal, en la escuela que lleva ahora el nombre de “Licenciado Benito Juárez”, en tanto que la secundaria la efectuó en el “Colegio Civil Rosales”, en Culiacán, donde vivió al lado de su hermano Salomé Vizcarra, que para ese entonces fungía como diputado local; Salomé en su juventud había sido representante del licenciado José Ferrel en Concordia (postulado a gobernador del Estado de Sinaloa en las elecciones de 1909, frente a la candidatura de Diego Redo, del grupo conocido por “Los Científicos” integrado por amigos y simpatizantes del dictador Porfirio Díaz), y durante la Revolución alcanzó el grado de coronel, asimismo ocupó el cargo de Secretario General de Gobierno, durante el régimen del general Macario Gaxiola.

En el colegio rosalino, fueron sus compañeros de estudios Francisco Verdugo Fálquez, Jesús P. Ruiz, José María Tellaeche, José Traslavina y Francisco B. Gutiérrez. En esa época, bajo la influencia de los modernistas, y abrevando en la doctrina social de José E. Rodó, Vizcarra sacó a la luz la revista Vésper, contando con el auxilio de Rigoberto Aguilar Pico, Emigdio Flores y Mariano Romero.

Nuestro biografiado finalizó su instrucción media en la Escuela Nacional Preparatoria, en la ciudad de México, para de ahí ingresar a la Escuela Nacional de Jurisprudencia, donde presentó examen recepcional el 31 de julio de 1929, y obtuvo el título de Licenciado en Derecho el 6 de diciembre del mismo ano. Sus maestros fueron el licenciado José Vasconcelos, Antonio Caso y Rafael Rojina Villegas. Entre sus condiscípulos de generación figuran Andrés Serra Rojas, connotado jurisconsulto; Ernesto P. Uruchurtu, regente del Distrito Federal; Renato Leduc, escritor y periodista; Miguel Alemán Valdés, Presidente de México; Antonio Carrillo Flores, Secretario de Relaciones Exteriores; Mario Souza; Francisco González de la Vega, y Carlos Franco Sodi. Asimismo, mantuvo estrecha amistad con Alejandro Gómez Arias, líder incansable en la lucha por la autonomía universitaria en México.

 

El hombre

Clemente Vizcarra Franco, al final de su fructífera existencia, medía 1.64 metros de estatura, era de complexión robusta, piel blanca, cabello escaso y entrecano, frente grande, cejas regulares, ojos cafés, nariz recta, boca regular, y su seña física particular, que lo distinguía sobremanera, fue su lunar voluminoso en la mejilla izquierda.

Al mencionar los gustos o algunas particularidades de la bien definida y armoniosa personalidad del licenciado, cabe recordar el enorme placer que experimentaba cuando bailaba en El Cobertizo, el mejor centro social de Concordia. Además, le gustaba caminar por las calles de su pueblo, donde se mezcla el olor a madera cepillada y la sabrosa birria de El Jaibo acompañado por una ruidosa tambora.

 

Pero, la peculiaridad que lo distinguió a lo largo de su vida fue su acendrada capacidad para distraerse, la cual se manifestaba con relativa frecuencia en el olvido de papeles de diversa índole que caían en su poder, desde documentos oficiales, hasta cartas, oficios sin firmar y cheques sin cobrar. Se cuenta que cuando dejó el cargo de secretario general de gobierno, el funcionario que lo reemplazó encontró para su sorpresa alrededor de mil cartas y telegramas sin abrir en el interior de los cajones de su escritorio y en otros muebles de oficina.

Una anécdota que enriquece lo dicho anteriormente, refiere que en cierta ocasión el licenciado Clemente Vizcarra, al estarse rasurando la cara, dejó abierto el grifo de la llave del lavabo de su habitación, que en ocasiones ocupaba en el hotel de la CAADES y al salir, el licenciado haciendo gala de su habitual distracción no se percató de cerrar la llave y quienes recuerdan este hecho, entre ellos Jorge Medina León, afirman que el agua escurrió hasta el suelo, formando un pequeño arroyuelo a lo largo de la avenida Carrasco.

El licenciado se había casado por primera vez con Sara Alvarado, también concordense, pero ello aconteció en el año de 1935, en Mazatlán, como culminación de un noviazgo larguísimo, de esos que hacen leyenda en los pueblos; sin embargo, duraron solamente escasos meses de casados, pues se divorciaron por mutuo consentimiento y sin haber procreado hijos. Sus segundas nupcias las celebró el licenciado con la profesora normalista María de Jesús Zataráin Manjarrez, igualmente originaria de la noble ciudad de Concordia. La boda religiosa se celebró el 19 de diciembre de 1 979, cuando el licenciado Vizcarra gozaba de su tercera juventud… a los 78 años de edad.

En ese año de 1979, como una coincidencia o jugarreta del destino, el 30 de julio para ser más exactos, falleció la señora Sara Alvarado, su primera esposa.

Analizando otra faceta de la rica personalidad de Clemente Vizcarra, diremos que gracias a sus manifestaciones humanistas, su predilección por las letras y al catolicismo que practicó a lo largo de su vida, supo ganarse amigos sinceros y leales, entre quienes ocuparon un lugar preferente se destaca el historiador Antonio Nakayama Arce, a quien proporcionó en la mayoría de las veces el apoyo necesario para que éste prosiguiera con sus investigaciones, incluso en los momentos más aciagos de su vida. Don Antonio fue asistente del licenciado cuando aspiró a la senaduría y a la diputación federal; y cuando fue designado oficial mayor de gobierno, Nakayama ocupó el puesto de Oficial Primero.

 

El político

Más bien por la diversidad de su personalidad, aspiraciones e ideales, a Clemente Vizcarra habría que catalogarlo como un hombre más cercano al perfil del intelectual, académico, culto, que al político. Además, en la época en que desarrolló su actuación en puestos públicos, imperaron circunstancias poco favorables a hombres de su talla.

Por ese prurito que lo caracterizaba, de no aparecer como un oportunista político ante una ocasión de privilegio, el concordense había rechazado el nombramiento de embajador en la República de Colombia durante la presidencia de su amigo el licenciado Miguel Alemán, después que no aprovechó igualmente la oportunidad de convertirse en gobernador de Sinaloa. Pero, además, Vizcarra no pudo figurar como candidato a senador por el entonces PNR, antecesor del PRI, porque un día antes del registro le comunicaron que había cambios de última hora. En esos momentos, el licenciado se perfilaba como un precandidato sin aparente competidor al frente, hasta que en el último momento apareció de la nada el “caballo negro” en la persona del general Macario Gaxiola, por lo que entonces le ofrecieron la suplencia, la cual rechazó. Pero, lo trágico de todo esto fue que al año siguiente, en su primer año de ejercicio, murió Gaxiola y ahí el licenciado perdió la oportunidad de ocupar un escaño en el senado de la República.

 

Sin embargo, cabe aclarar que el licenciado Clemente Vizcarra fue diputado local en dos ocasiones, durante los sexenios de Pablo Macías Valenzuela y Enrique Pérez Arce, durante el gobierno de este último integró la XLI Legislatura, en el período de 1953-1956; además fue secretario general del PRI, cuando el general Gabriel Leyva Velázquez fue postulado a la gubernatura de Sinaloa; oficial mayor de Gobierno del Estado durante los sexenios de Enrique Pérez Arce y Gabriel Leyva Velázquez; secretario general de Gobierno, también en el periodo de Enrique Pérez Arce; presidente fundador de la Junta de Conciliación y Arbitraje; agente del Ministerio Público Federal, en Mazatlán, cuando dirigía los destinos del país el licenciado Miguel Alemán Valdez; notario público, en Culiacán, Mazatlán y Concordia; consejero de la Comisión Revisora de Legislación en Sinaloa, cargo que ocupaba cuando le sobrevino la muerte el 11 de mayo de 1983 en su ciudad natal, después de padecer una corta agonía. Los proyectos que no alcanzó a revisar fueron los relativos a las propuestas de reformas legislativas a la Constitución local, en lo referente al régimen municipal.

 

El parlamentario

En el ensayo “El 13 Cabalístico de Sinaloa” el licenciado Clemente Vizcarra describió con precisión cuál debería ser la función parlamentaria.

“…Los Congresos siguen siendo de hecho y por derecho, los principales colaboradores del órgano ejecutor en materia de orientación política; y deberían serlo hasta para la función administrativa, pues dado el origen popular de sus componentes, que los hace convivir a diario con los problemas de sus electores, están capacitados para opinar sobre cualquier asunto que atañe a los recursos económicos de sus respectivas jurisdicciones, sobre las necesidades que éstas enfrentan, qué obras materiales al ejecutarse redundan en verdadero mejoramiento colectivo y por lo tanto habrá que realizar para lograr un desarrollo armónico de la economía estatal”.

Por lo demás cuando a los Congresos van hombres de responsabilidad y de criterio sano, son una especie de termómetro que tiene el Ejecutivo para medir la sensibilidad de sus gobernados, en el sentido de si su acción gubernamental está recibiendo la aprobación de las mayorías ciudadanas; o si por el contrario hay algo en ella que permite nacer el descontento de los pueblos.

Todas estas cosas hacen del hombre del Congreso, interesante punto clave de la marcha correcta de la maquinaria oficial, por ello es persona que debe estar en permanente movimiento para no perder el contacto directo con los ciudadanos, a quienes y cuyo pensamiento debe interpretar con ajuste certero, y así ser un auténtico representante de sus intereses y de sus personas, en esta hora en la cual la Tesorería de la Representación Popular, exige que se le justifique con actitud positiva.

 

El educador, catedrático y rector de la universidad

En su juventud el maestro Clemente Vizcarra Franco había ocupado el empleo de profesor “A” de Enseñanzas Especiales foráneo y también se había desempeñado durante algún tiempo como abogado postulante en Navojoa, Sonora.

Por los años 1931 y 1932, el licenciado Clemente Vizcarra impartió algunas cátedras en el entonces “Colegio Civil Rosales”; asimismo formó parte de un grupo de jóvenes vanguardistas integrado por Enrique Félix “El Guacho”, Francisco Apodaca, Eladio Esquerra y Enrique Gómez, entre otros. Es importante resaltar que, en Sinaloa, ellos fueron los primeros universitarios que leyeron de manera sistemática libros como El Capital de Karl Marx, las obras de Ortega y Gasset, entonces en boga, como El Tema de Nuestro Tiempo y su revista, en la que escribían además de Gasset, Unamuno y Pérez Ayala, que lo hacían con pasión encendida y dentro de la corriente que favorecía el establecimiento de la República Española, que por esos años se constituyó.

Ese mismo grupo de universitarios inquietos activó el ambiente político y generó la simiente del cambio, que luego se concretó en reformas a la Ley del “Colegio Civil Rosales” en 1932. Uno de los principales logros fue que por primera vez en la historia de la Universidad de Sinaloa, se garantizó la representación estudiantil en el Consejo Universitario.

Durante los años de 1936 y 1937, y teniendo como compañeros a Enrique Félix y a Solón Zabre, el aún joven Clemente Vizcarra participó en el movimiento que reformó ampliamente al “Colegio Civil Rosales” para transformarlo en “Universidad Socialista del Noroeste”.

Asimismo, es oportuno recordar que el licenciado Vizcarra ocupó el cargo de rector de la Universidad de Sinaloa, en el corto período que va del primero de septiembre al día último de diciembre de 1962, pues el 31 de agosto de ese año, había finalizado la gestión rectoral del doctor Fernando Uriarte. En ese tiempo organizó por primera vez el inventario de los bienes de la Universidad, la introducción de nuevas cátedras, principalmente en la Escuela de Derecho, tales como Derecho Fiscal y Derecho Mercantil Marítimo. También, fundó dos escuelas que al poco tiempo perdieron interés y apoyo por parte de los rectores que lo sucedieron: Periodismo y la Facultad de Altos Estudios.

El 6 de diciembre de 1962, en la ceremonia solemne en la que se le concedió el grado de Doctor Honoris Causa a Salon Zabre, el rector de la Universidad de Sinaloa licenciado Clemente Vizcarra Franco dirigió un mensaje significativo a los catedráticos y estudiantes:

“Nuestra casa de estudios nació con el alto propósito de ir a la búsqueda de la grandeza del Estado de Sinaloa, preparando a sus hijos en profesiones y oficios que significaran la capacitación de elementos útiles y enérgicos, para el desarrollo de su vitalidad.”

“Es muy importante hacer notar que fue a raíz de la definición política de nuestra patria, planteada por los pensadores liberales de la época, cuando inició sus tareas docentes nuestra institución, en forma modesta de Liceo, al amparo de las nuevas ideas que llegaron al noroeste de México y que tuvieron su más alto representativa en su fundador, el señor licenciado don Eustaquio Buelna.”

“Desde entonces acá, las instituciones de enseñanza superior en el mundo han librado, día a día, la batalla de su desarrollo y su perfeccionamiento, para que lleguen a cumplir, cada vez mejor, la misión que la sociedad les ha conferido”.

“Maestros y filósofos se han preocupado por definir cuál debe ser la misión de la Universidad. Así se han sustentado diversas tesis, fijando otras tantas finalidades a cumplir por ella. Grandes debates se han originado para fijar si la misión de la Universidad debe ser la enseñanza y la trasmisión de la ciencia, quedando fuera de su alcance la técnica, y, lo que es más, se ha hablado también del divorcio entre la misma ciencia y la cultura. Ha habido quien, desconociendo la integridad de nuestro actual, despotrique contra la ciencia y contra la técnica elaboradas por la civilización occidental, sencillamente porque se sostiene que aquéllas no han estructurado la felicidad íntegra de la humanidad.”

En una entrevista concedida al periódica Caminemos, publicado en noviembre de 1971, el licenciado Clemente Vizcarra comentó acerca de la importante función de la Universidad en un tipo de sociedad como la nuestra. Entonces expresó:

“Ortega y Gasset en su libro Las Misiones da a la Universidad tres tareas por cumplir: la primera entregar a la juventud un concepto claro del Universo que la rodea y en que vive; la segunda, proporcionar a sus alumnos una especialización o sea una carrera; y la tercera, una guía filosófica de comportamiento. Creo que este señalamiento tiene aún validez si le agregamos la objetiva enseñanza de la problemática de la sociedad en que van a vivir y actuar sus egresados.”

Mi vida está ligada a la Universidad desde muy joven. Siendo preparatoriano y con inquietudes literarias formé junto con los médicos Rigoberto Aguilar Pico, el destacado, simático e inteligente Emigdio Flores y Mariano Romero el grupo de la revista Vésper. Nuestra fuente eran los modernistas y en la doctrina social José E. Rodó.

Para el siempre juvenil pensamiento de Clemente Vizcarra la autonomía universitaria significaba crear y ordenar su existencia por normas que la comunidad universitaria se dicte a sí misma, decidir su destino y su proyección, gobernarse soberanamente.

Con una gran visión futurista, el licenciado además expresó, que la Universidad Autónoma de Sinaloa necesitaba dejar de ser una ínsula dentro de la geografía social de nuestro país.

Afirmó tajante lo siguiente:

“Que la UAS deje de ser la isla tranquila de crítica teórica que le da una posición peyorativa, pero inactiva, mientras a su alrededor se agita el mar de las cuestiones sociales, lo que hace que el estudiante no llegue a tener un enraizado y comprensivo contacto con el pueblo, sobre todo con los obreros y campesinos. Lo que les he repetido en mis clases es que proyecten su mirada sobre todas las cosas trascendentes y vivan su época histórica con decisión.”

En el ensayo Espiral de la Universidad, el licenciado Vizcarra dejó también este mensaje a las nuevas generaciones de universitarios.

La Universidad como organismo dirigido hacia un fin, ha tenido una evolución larga y tormentosa, ya que encontrar la finalidad de una institución es tarea ardua, pues ello significa justificar con plenitud, el por qué de su existir, es ahondar en un problema filosófico como es el de discernir entre los muchos objetivos que se ofrecen a tal investigación, cuál es el adecuado, cuál de todos ellos se aviene mejor a la naturaleza y esencia del objeto creado.

Es muy fácil decir que los institutos de enseñanza superior buscan la transmisión del conocimiento; pero claro este desiderátum lo persigue también cualesquier escuela de la escala que sea.

“La Universidad debe tener un fin específico que la distinga de los variados tipos de escolaridad, para ello es necesario descubrir sus objetivos precisos, encontrar la naturalidad de su ser y su forma de organización, ambas cosas en relación con su trayectoria y su meta final. Más precisa considerar, adelantándolo de una vez, que la Universidad es obra de los hombres, no del hombre aislado, sino de la persona social, del que busca una respuesta a una pregunta, o busca soluciones para una serie de problemas sociales…”

En 1971, el licenciado Vizcarra presentó su solicitud de jubilación como catedrático de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Por otro lado, el 12 de enero de 1972, se le autorizó el cambio de jurisdicción para el ejercicio de su función notarial, de Mazatlán a Concordia, siendo gobernador el licenciado Alfredo Valdés Montoya.

 

El poeta

 

Ernesto Higuera, el autor de la Antología de Prosistas Sinaloenses, que el Gobierno del Estado publicó en Culiacán en 1959, en el tomo II, volumen II, comenta que el que haya leído el poema Romance de la bien guardada que se publicó en la Antología Lírica, concederá a Clemente Vizcarra el extraño calificativo de “magnífico”, continua…

Por la transparencia de cristal de la arquitectura aérea de ese madrigalesco alarde que juega con el cosmos, con las piedras preciosas del firmamento estrellado, engarzando sus sueños en una luminosa procesión de metáforas celestas a la manera de Gabriel Miró, que desgrana sus alegorías en la concavidad del espacio con cadencioso ritmo de salterio. Oíd el revuelo de sus campanas de plata: esplendían las grandes estrellas en soledades de espacios, y del confín oriental se remontaba una nube magna, gloriosa, de espuma, como un bando de cisnes de encantamiento… nubes gruesas, rotas, blancas, veloces…azul caliente entre las rasgaduras…sol grande, sol de verano…más nubes de espuma…y la tarde se abría y se entornaba, ancha, apagada, encendida, fría…

Es también célebre y ocurrente la siguiente octavilla escrita improvisadamente sobre una simple servilleta de papel:

 

En esta noche de estrellas

Que iluminan nuestra hora

Clemente Vizcarra ignora

Cuál de todas es más bella.

 

El texto fue escrito en Concordia el 18 de enero de 1982, durante un certamen para elegir a la señorita Concordia, ya que el licenciado fungía como miembro del jurado y al no poder decidirse por alguna de las concursantes emitió este voto razonado, siendo leído ante los ojos azorados de los concurrentes.

 

El cuentista

En la pequeña producción del licenciado Vizcarra, en su papel de cuentista, se destaca “El Caporal”, un relato caracterizado de vigoroso realismo acerca de la figura legendaria del general Juan Carrasco. Ernesto Higuera comenta que en esas estampas vivas de la Revolución, “los vaqueros trotan por las laderas de las montanas alumbrados por los cocuyos fosforescentes y por los relámpagos que ciegan y deslumbran con su viva luz momentánea”.

En la narrativa de Vizcarra la prosa canta con la sobriedad de un corrido y va describiendo la epopeya de un Taras Bulba ranchero, “con un redoble metálico de resonancia de lenguaje y filigranas de estilo”.

Finalmente, Higuera expresa que Vizcarra como escritor político alcanzó cumbres resplandecientes al pregonar la autonomía del municipio y la independencia del Poder Legislativo.

La monografía inconclusa sobre Concordia

De acuerdo con el antiguo índice de trabajo, conservado en un papel amarillento, aparecen los capítulos o quizás los apartados que se habían proyectado en la realización de una monografía del municipio de Concordia.

De acuerdo a ese plan sencillo presumiblemente elaborado por el licenciado Vizcarra, se comenzaría por tocar las raíces históricas y la fundación de la villa de San Sebastián; enseguida se abordaría el tema no menos interesante de la época colonial, preponderando la riqueza minera y resaltando la figura del conquistador Francisco de Ibarra; el apartado tres, estaría dedicado al Marqués de Pánuco Francisco Javier de Vizcarra, constructor de las iglesias coloniales de Concordia, Copala, Rosario, etc.; luego se relataría la historia de sus minas, “El Faisán”, “El Cerrillo”, etc.; el apartado o capítulo cinco estaría dedicado a la fundación de pueblos durante la Colonia; en tanto que en el sexto, se tocarían las anécdotas, sus leyendas, en especial las que aún perdura sobre la Virgen de Pánuco y la mina encantada de Copala; el séptimo lo tenía reservado para relator la historia del camino real y como se construyó la carretera Mazatlán-Durango; luego se abordaría el período de la Independence, el capítulo referente a González de Hermosillo; en el noveno se hablaría sobre la Reforma, dándole relieve a la lucha por el restablecimiento de la Constitución de 1857, así mismo, a la guerra contra el Imperio de Maximiliano, al Batallón de Concordia, Domingo Rubí, Isidoro Peraza, Encarnación Osuna Vda. de Valdés, Batallón de Pánuco y el florecimiento de la industria vinícola de fibras duras durante el Porfiriato; en el apartado destinado a la Revolución, el autor o director de este proyecto quizás tenía contemplado analizar la influencia del Ferrelismo y el Maderismo, y destacar las figuras de Salomé Vizcarra (hermano de Clemente), Justino Rubí, Vidal Soto, Rafael Garay, José Miramontes y la Brigada del general Rafael Buelna, aparece ahí señalado también Ramón F. Iturbe cuando acudió en auxilio de Venustiano Carranza, decomisando la plata del mineral de Pánuco y enviándola por mar a Veracruz, igualmente se encuentra señalado Juan Carrasco y cómo se dieron las circunstancias de su refugio en Concordia; en la época postrevolucionaria, el apartado doceavo está marcado para tocar el tema no tan lejano de “los del monte”, donde sobresalen por sus acciones Rodolfo Valdés “El Gitano”, “El Payo” y Pedro Ibarra; posteriormente viene un bloque dedicado al florecimiento de Concordia, gracias a su industria de fabricación de muebles y alfarería; el catorceavo, sobre los bosques y la industria maderera, cuyo personaje principal es Abelino Herbella; luego la fruticultura; la geografía física; sin olvidar un capitulo de sus presidentes municipales; también los atractivos turísticos; las ciencias y bellas artes, escribiendo breves semblanzas de los músicos Sebastián Sánchez y Chilo Morán (trompetista), Celso A. García (poeta), Faustino Mendoza (pintor) y Jesús Martínez (artesano mueblero).

Los colaboradores apuntados para llevar a cabo esta obra eran los siguientes: ingeniero Manuel Herrera y Cairo (geografía y comunicaciones); José Fitch Tobar (minería); Francisco Cázares (leyendas); Cosme Castillo Tirado (“La Monteada”); Nicolás Garzón (arte); Carlos Enrique López Monroy (industria); Roberto Tirado (bosques y fruticultura), y al final aparece el nombre del licenciado Clemente Vizcarra.

 

Obras publicadas

-Homenaje a Concordia en el IV centenario de su fundación.

Culiacán: Talleres de Artes Graficas de la Universidad de Sinaloa, 1965; 53 pp.

-Discursos: Culiacán: Ediciones de la Universidad de Sinaloa, 1965; 14 pp.

Contiene el discurso que pronunció el licenciado Vizcarra siendo Rector de la Universidad de Sinaloa al concederse el grado de Doctor Honoris Causa a Salón Zabre, exrector de la Universidad Socialista del Noroeste, el cual pronunció en sesión solemne de la Universidad de Sinaloa el 6 de diciembre de 1962.

-Tríptico a Juan Carrasco, folleto, 4 pp.

-Poesía “Romance de la bien guardada”, en: Antología lírica, del recopilador Ernesto Higuera. Culiacán: Ediciones Culturales del Gobierno del Estado de Sinaloa, 1958.

-Cuentos y narraciones, en: Antología de Prosistas Sinaloenses, Tomo II, Volumen II, de Ernesto Higuera. Culiacán: Ediciones Culturales del Gobierno del Estado de Sinaloa, 1959, 555 pp.

Aparecen “Elogio de la nube”; “El 13 Cabalístico de Sinaloa”; “Selección primordial”, y “El Caporal”.

Además, se presume que dejó inéditos antes de morir unos apuntes históricos de Concordia, pues entre sus papeles se encontró un guion de investigación.

 

Obra como jurista

-”Apuntes de filosofía del derecho” y “Esbozo de la metodología del derecho”.

 

Ensayos

Escritos mecanografiados con excepción de varios impresos aparecidos en periódicos de Sinaloa:

“Crónica histórica del templo religioso de Concordia, Sinaloa”, 2 pp.; “Historia y leyenda de Copala”, 3 pp.; “Glosas de historia”, publicado en el Periódico Concordia, p. 3 y 7; “Paisaje de un problema”, 4 pp.; “Administrar bien para servir mejor”, 4 pp.; “Glosa. Postura nueva”, 2 pp.; “Elecciones desde adentro”, 3 pp.; “Glosas Políticas”, 2 pp.; “Proyecto de un recorrido turístico”, 4 pp.; “Espiral de la Universidad”, 8 pp.; “Señores: Fulano…etc”, 2pp.; “Discurso pronunciado en memoria del natalicio de Benito Juárez”, 3 pp.; “Palabras pronunciadas en memoria del licenciado Octavio Rivera Soto”, 2 pp.; “Manolo Martínez. Elegancia y sabor”, 2 pp.; “Nubes fijas”,; 3 pp. “Antonio Haas con el bicentenario”, 3 pp.; “Ensayo sobre el movimiento obrero”, 14 pp.; “Carta a Rafael Carlos Quintanilla”. “Carta al presbítero Rodolfo Rosales”, Concordia, Sin., acerca de datos históricos del templo. 1 p.; “Comentario a la obra del licenciado Agustín Yánez, Al filo del agua”, 2 pp.; “Análisis de la novela El Señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias”, (Premio Nobel).

 

 

Lic. Clemente Vizcarra Franco

Lic. Clemente Vizcarra Franco, biografías de Sinaloa México

 

Summary
Name
Clemante Vizcarra Franco
Job Title
Jurista, poeta, cuentista, ensayista y político
Company
Colegio Civil Rosales, Universidad Autónoma de Sinaloa
Address
Concordia,Sinaloa, México

Share and Enjoy

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*