Cipriano Obezo Camargo

December 5, 2014

 

 

Gente de Sinaloa

 

 

CIPRIANO OBEZO CAMARGO

 

 

Por: José María Figueroa Díaz

 

Todo el pueblo de Alhuey escuchó el estruendoso chillido que pegó al nacer Cipriano Obezo Camargo, aquella madrugada del lejano 26 de septiembre de 1918.

La gente se asustó creyendo que era el estallido de una bomba infernal o la estampida de una manada de elefantes, pues tal fue el ruidajo que armó el que después sería el orgullo de los alhueyenses.

Junto a la cama de correones donde había venido al mundo, además de sus felices padres, se encontraban el mayo Lencho y el tío del susodicho, quienes jamás se separarían de su vera ni para ir a hacer popó.

Casi de inmediato el robusto chato bebé empezó a decir palabras y a hilvanar frases chuscas que movían a risa y aplausos, entreveradas con una que otra maldición no apta para oídos pudibundos.

Gateó; Como cualquier otro infante de su edad, pero con la diferencia de que éste se arrastraba con pies y manos a una velocidad de vértigo, como si lo persiguieran para darle una purga de ricino.

Aquí entre nos, Cipriano nunca perdió esta hermosa afición al juguetón deporte de la gateada, que siguió practicando con deleite hasta que sus sienes habían sido cubiertas por las nieves del tiempo.

Al poco chico rato principio a jugar a los encantados y a la cebollita, a ir a la escuela y a decides piropos y versos a las niñas bonitas de Alhuey.

Dotado de una despierta inteligencia y una memoria de paquidermo, siempre fue el primero de su clase tanto en la primaria como en las aulas de estudios superiores.

Cipriano tenía en la punta de los labios la broma o el chascarrillo, la traviesa puntada o la puya sarcástica de doble sentido.

Nadie nunca se cansó de oírlo narrar el cúmulo de graciosas, ocurrentes e inverosímiles anécdotas que había asimilado durante su larga y fructífera vida.

Tenía una mirada y una nariz de águila escudriñadora y oteadora, que en más de alguna ocasión utilizó para rastrear la iguana o la liebre para comerlas.

Al mal tiempo le ponía buena cara Yo raramente lo vi enojado u ofuscado por algún problema que se le hubiese presentado, salvo cuando no tenía el chivo para dar de comer a su numerosa prole.

En todo, durante su fructuoso paso por este mundo, Cipriano se defendió como gato boca arriba con una agilidad, sapiencia y valentía que sólo se da en el hombre que está acostumbrado a velar muertos con cerillos y que no se asusta ni con el mismo diablo.

Poseía un talento y una perspicacia fuera de serie que se desbordaba como río caudaloso que arrasa con todo en plena época de lluvias.

Hablando o escribiendo vertía su sabiduría su ironía con una sutileza y gracejo sin igual.

Para Cipriano no tenía secretos el idioma español y el habla de los indígenas de Angostura, con quienes de cerca convivió, asesoró y sirvió cuando fue maestro rural en su tierra, en una etapa que él llamó la mejor y más hermosa de su existencia.

Primero como maestro normalista y después como licenciado en leyes, carreras que hizo con muchos sacrificios, dio cátedra de altruismo, integridad y honestidad profesional.

Fue un orador de grandes recursos. En la polémica no tenía rival. Hacía rodar por los suelos al osado que se le enfrentara,

Como servidor público, siempre en el ámbito educativo, fortaleció y amplió los esquemas de la enseñanza en Sinaloa.

Ameno y ágil comentarista radiofónico, periodista veraz y de acrisolada conducta, historiador y escritor costumbrista, hizo escuela con sus valiosas aportaciones literarias contenidas en su rico anecdotario, extraído con amoroso y paciente afán de las entrañas mismas del alma del indígena su querido Angostura.

Como todo escritor pobre sufrió la pena negra para editar sus textos. Para ello muchas veces tocó puertas que nunca se abrieron. Los mecenas siempre brillaron por su ausencia. Cipriano, desesperado, tuvo que utilizar el mimeógrafo para dar cima a sus propósitos editoriales.

Finalmente, en la última etapa de su vida, a duras penas logró cristalizar a media la edición de parte de sus obras, dejando inconclusas algunas otras que ojala algún día sean objeto de divulgación para solaz de quienes somos afectos a la lectura de buenos libros.

Cuatro son los títulos que dejó impresos dentro del género de la poesía, la historiografía y la cuentística: Lira andariega, Los viejos barrios de Los Mochis viejo, Ahora sí ya le entiendo al Mayo Lencho y Tras la huella del indio.

* * *

El “tío” de Cipriano, ese “tío” legendario, hipotético e ingenioso, fue el caballito de batalla del hombre de Alhuey. Cientos de anécdotas contadas y escritas por Obezo Camargo, con chispeante sabrosura, las atribuía con desparpajo a su famoso pariente.

¿Existiría en verdad este travieso “tío” o sólo fue un ser imaginario inventado por él?

Lo cierto es que en la mayoría de las crónicas humorísticas de Cipriano, lo hace aparecer como protagonista de primera butaca.

Podemos jurar, sin temor a una ex comunión del Santo Papa, que el cuento de la existencia del tío no fue más que una argucia chapucera del escritor angosturense.

Voy a leerles la anécdota que Cipriano intitulo “El dejado de mi tío”, que publicamos en la revista Presagio, en noviembre de 1979.

“Acababa de pasar una carrera que se había jugado en el callejón que va de San Antonio a Nacozari, al oriente de la cabecera del municipio de Angostura, cuando sin un centavo en la bolsa, encontré montado en su viejo zaino a mi tío Narciso Gutiérrez que nunca andaba ‘arrancado’.

“Tío, le dije acuadernandomele por un lado- ¿me puede prestar veinte pesos?

“Apostaste al que perdió ¿verdad?,. Contestó el hombre, mientras contaba cinco billetes de a veinte pesos cada uno y me los alargaba en préstamo.

“Temeroso de darle la contra’, recogí el dinero, le di las gracias y me despedí buscando quien me llevara de ‘raite’ a Alhuey.

“Pasados unos días, cuando cobre mi quincena de escuela, busque al viejo pariente para hacerle entrega de su dinero.

“Mire, le dije, aquí tiene sus cien pesos, solo cogí de ellos los veinte que necesitaba; de modo que cuatro de esos billetes de a veinte, son los mismos que usted me prestó en San Antonio.

“¿Y por qué es usted tan terco?, dije en son de reproche. ¿Por qué arriesgo más dinero que el que yo le pedí aquel día?

“Mira, me contesto, por veinte pesos yo no pierdo el tiempo buscando a nadie, pero por cien pesos soy capaz de meter a la cárcel a cualquier jodido, ¡asi sea muy mi sobrino…!, concluyo rubricando su afirmación con una sonora carcajada.”

Poeta vernáculo, prosista fino, Cipriano fijó principalmente su despierto estro en las estampas y personajes de Angostura, su tierra natal.

Al viejo Alhuey, que tantas reminiscencias le traía de su niñez, le dedico la siguiente poesía.

Viejo Alhuey,

Pueblo abuelo

Que en tu infancia una India

Con sus senos nutrió;

te parió la llanura

la laguna fue cuna;

fue tu padre el “riyito”

y el bisnieto soy yo.

 

De tu estirpe de mayos,

te quedó la nobleza,

y la tierra en promesa

los maizales te dio.

 

Si el garbanzo extranjero

te dio fama y grandeza,

siempre tu sol moreno

por mi raza brilló.

 

Juega el yori a la hulama;

baila el indio un pascola,

y desde el templo de San Pedro

de un milagro se ufana

si al cabresto entra sola

una yegua alazana,

que un retinto ganó.

 

De tu verdad de junio

la capilla es herencia

y el ejido es presencia

de la Revolución;

pues parcelas y escuelas

son los signos más

claros de otra verdad mejor.

 

Viejo Alhuey,

pueblo abuelo:

El bisnieto soy yo…

 

Cerca de que se cumplan 15 años —27 de diciembre de 1980—, el recientemente fallecido maestro, escritor y periodista don Juan Macedo López, escribió una bonita y sentimental carta dirigida a Cipriano, en ocasión del homenaje que le tributó en ese entonces el pueblo y el gobierno municipal de Angostura.

En esta hermosa mañana en que el Honorable Ayuntamiento de Angostura, DIFOCUR, COBAES, la Asociación de Periodistas de Sinaloa y la Academia Cultural Roberto Hernández Rodríguez, A.C. rinden este emotivo y múltiple reconocimiento a Cipriano Obezo Camargo, en sobrado y justo mérito a su prolífica trayectoria en los campos de la literatura el magisterio, entresaco algunos párrafos de dicha misiva.

Oigamos con placer lo que le dijo el maestro Macedo López:

“Uno mi voz al coro y me regocijo porque Cipriano sea honrado por los suyos en vida y no en muerte, precisamente cuando vives la exuberancia de tu talento, en este instante en que tu ironía se afina y tu humorismo fusila, con una sonrisa en los labios, a quienes de la gravedad hacen teatro; de la política empresa mercantil; del periodismo escuela de elogios; del magisterio aventura que no tiene calor humano ni fervor pedagógico y conducta misional.

“Lástima, Cipriano, que ya no se encuentran, ni de milagro, iguanas en Alhuey. Durante tres días y tres noches comí su carne blanca en tu solar. Me hiciste creer que la carne era de polio, que siempre ha sido mi debilidad.

“Cuando la misión universitaria abandonaba Alhuey tuviste un aparte conmigo y con socarronería me preguntaste: ¿estuvo a punto el pollo? En el mejor de los puntos, contesté agradecido. Sabes una cosa, comentaste con el aire inocente de un cordero, aquí en Alhuey los pollos se llaman iguanas. Y te alejaste con una sonrisilla que todavía me eriza el cabello. Desde entonces las iguanas merecen toda mi simpatía.

“Cipriano: perteneces a una generación batalladora, limpia, leal. Evoquemos a tus compañeros de generación, a Solón Zabre y a Enrique Félix, hombres y mujeres de lucha, de conciliación y de diálogo.

“Saludos tristes a los polios —iguanas— y cordial-mente para quienes te ofertaron este homenaje. Lo mereces. Permíteme que comparta tu gozo.

“Muchos abrazos”.

Y la firma de Juan Macedo López, el maestro querido, respetado y admirado de varias generaciones de sinaloenses, quien al igual que Cipriano dejaron una estela luminosa a su paso por las aulas y las letras de Sinaloa.

Su inagotable vena humorística, la fresca y fina ironía, el picaresco lenguaje del indígena y su sabrosa socarronería, fueron la dulce y picante sazón con los que aderezó sus escritos y enriqueció de paso las letras de Sinaloa.

 

El cuento La Tichi González, para mi uno de los más ingeniosos que escribió Cipriano Obezo Camargo.

 

* * *

Cipriano Obezo Camargo expiró el último aliento de vida el 30 de abril de este ano ante el dolor y la pena de su esposa dona Josefina Ayón y de sus ocho hijos.

Sinaloa, Culiacán y Angostura se estremecieron con la fatal noticia. Se acababa la existencia de un preclaro sinaloense que dio lo mejor de sí mismo al servicio de los demás.

Pobre nació y pobre murió porque nunca sus manos se mancharon con el dinero ajeno. Fue un hombre probo a carta cabal.

Sirvió con holgura y honestidad a la administración pública; tendió su mano generosa a sus hermanos los indígenas de Angostura; hizo de su vida profesional un apostolado y dejó, como mejor herencia a su querida familia, un nombre limpio y respetado; y a las letras sinaloenses, un rico legado con sus preciosas aportaciones literarias, que las generaciones actuales y venideras tienen y tendrán que reconocer en su valía cultural.

Por eso, el homenaje que hoy le rendimos a Cipriano Obezo Camargo sólo es un pequeño y modesto abono a la cuenta impagable que Sinaloa tiene con este hombre excepcional.

 

Tomado de: Dos Angosturenses en la Histiria y la Literatura: Cipriano Obezo Camargo, Herberto Sinagawa Montoya, DIFOCUR, Culiacán, Sinaloa, México.

 

Profesor Cipriano Obezo Camargo

Profesor Cipriano Obezo Camargo; Gente de Sinaloa, México

 

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Name
Cipriano Obezo Camargo
Job Title
Profesor
Company
Secretaría de Educación Pública
Address
Alhuey, Angostura,Sinaloa, México

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