Benjamín F. Johnston

April 29, 2014

Personajes en Sinaloa

 

BENJAMIN F. JOHNSTON

 

Por: Fernando CUEN

 

BENJAMIN F. JOHNSTON nació en el Condado de Virginia, en 1867. Sus padres, de escasa fortuna, descendían de una altiva familia puritana que el odio de Isabel II arrojó a las costas de Nueva Inglaterra. Le dieron, sin embargo, una educación esmerada del tipo clásicamente bostoniano.

Cediendo el joven Benjamín F.  Johnston a indómitos e irresistibles impulsos de su espíritu, distintos de los que arrastran al hombre del Far West americano, abandonó su patria y vino a México allá por el año de 1898, trayendo consigo diversos proyectos y un buen número de dolares.

Con instinto maravilloso, fija su residencia en Sinaloa, y, a resultas de su primera expedición por el Estado, escrutando sus horizontes, explorando sus selvas, escalando sus montanas y descendiendo a sus fértiles valles, decide adquirir la pequeña finca azucarera “El Águila”, situada en jurisdicción del antiguo Los Mochis.

Abarcando con certero golpe de vista las vastas y halagadoras perspectivas de este pequeño y obscuro negocio, adquiere los terrenos indispensables para su desarrollo, sobre las márgenes del caudaloso río de El Fuerte, justamente considerado por todo observador inteligente como el Nilo Mexicano.

Pronto se destacó en el ambiente de mi tierra, la simpática figura de este hombre de raza sajona y de alma latina, a un tiempo práctico y sonador, inteligente, imaginativo dinámico, emprendedor, tipo acabado del “self-ademan-man” americano: héroe de su propia vida, recio artífice de su propio destino.

Libre al fin de complicaciones y litigios, que transige con lujo de liberalidad caballeresca, el éxito llama a sus puertas. Su reputación de hombre de empresa y su rectitud comercial trascienden a los bancos del país y repercute en los centres financieros de la Unión Americana. Ungido por la fama, con el entusiasmo y la tenacidad propios de su raza, fácilmente interesa a importantes capitales, con cuyo concurso funda la “Sinaloa ‘Sugar Company”.

Esta nueva empresa, regenteada por Mr. Benjamín F. Johnston, marca el principio de su brillante carrera industrial. Humanizando la vida y dignificando el trabajo, sorprenderá los milagros del triunfo. Cuando aún sonaban en México con las doctrinas socialistas, Mr. Johnston las implantaba en Sinaloa. No profetiza ni predica: obra. Iniciando este hermoso despertar, acuerda en favor de sus obreros aumento de salarios, vacaciones pagadas, habitaciones higiénicas, servicio médico, medicinas, hospital, escuela y campos deportivos. Por primera vez se oye hablar de participación en utilidades, como el medio más eficaz de solidarizar los destinos del obrero al porvenir de las industrias. Siguiendo este orden de ideas, habla con exaltación del maquinismo, observando que sus progresos satisfacen, pero no libertan. Por una consideración filantrópica, prefiere al mejor tipo de máquina, el mejor tipo de hombre. Johnston ha sido un precursor: un verdadero Mesías social.

Conservando este ritmo bienhechor, en menos de diez años, merced a su múltiple iniciativa civilizadora, va surgiendo con arreglo a un trazo moderno, dotada de amplias avenidas, magnífico hotel, parques, templo y servicios de agua potable, luz, hielo sobre los campos de la fracasada Colonia Owen, la actual ciudad de Los Mochis, que yo llamaría, como modesta recompensa a su creador: Ciudad Johnston.

A medida que crece la población, cobra fuerza y prestigio su negocio. A su amparo nace la “United Sugar Company”, S.A., que habrá de erigirlo, con el tiempo, en árbitro y poderoso factor de nuestra industria azucarera. Preso de innovador afán, con alientos de cíclope, construye ferrocarriles, obras de irrigación, carreteras y reemplaza los anticuados instrumentos de trabajo, por los modernos implementos de labranza que mejoran los cultivos y ensanchan la visión de los plantíos.

Quienquiera que haya conocido a Mr. Benjamín F. Johnston,- de seguro lo conserva en su retina: alto, vigoroso, descollado e imponente: de frente amplia y serena, de espíritu libre y fuerte, de insondable y penetrante mirada. Raro ejemplo del infatigable y eficaz trabajador, que sabe alternar el estudio con la meditación y el trabajo, con el descanso y la alegría. Tipo de hombre esencialmente bueno, rico, justo, cordial, con algo de Mecenas y de antiguo Gran Señor, que ya de “overall” o bajo el frac, oculta siempre a un “gentleman”. Todo en él respiraba grandeza, distinción, elegancia y poderío.

Cuando Mr. Benjamín F. Johnston hubo conquistado su fortuna y su legítimo nombre, se casa, en Niágara Falls, con la virtuosa neoyorquina que fuera su inteligente y abnegada compañera. De ese matrimonio nació un solo hijo: Sherwood. Digno sucesor de su padre: sano, fuerte, modesto y alegre, generoso, ilustrado, “sportman”. No heredó la prestancia ni el genio de su padre, pero sí sus más altivas virtudes. Los habitantes de Los Mochis admiraron a este joven millonario lanzado al taller, predicando el evangelio del trabajo, compartiendo la vida y el pan de sus obreros, hasta que, emancipado, emulando a su padre y maestro, se compromete en importantes negocios mineros y en la explotación de plantas empacadoras de los más variados productos, que inundan los mercados.

Así fue cómo surgió a la vida la ciudad de Los Mochis: cómo al conjuro de su voz, en el decurso de los años, la pequeña finca azucarera “El Águila” se transformó en el primer ingenio de la República. Con cada amanecer, Mr. Johnston contempla su obra: imagen reflejada de su espíritu, de su poder y de su voluntad; apoteosis de una vida sana, optimista, potente, afirmativa y fecunda.

Después de cincuenta años de esta laboriosa existencia, Mr. Benjamín F. Johnston, sin experimentar el desaliento que embargara al Manfredo de Byron, radiante de alegría, parte de México, vía Nueva York, a un viaje alrededor del mundo, Nuevo Anacarsis, no abandonará la vida sin antes visitar el solar de sus mayores; sin contemplar los monumentos de España; sin haber respirado el aliento de las ruinas de Italia; sin remontar el misterioso Nilo que meciera la “deslumbrante galera de Cleopatra; sin despedirse de la antigua Atenas, ni musitar con religioso silencio la oración del Acrópolis.

De regreso a México, por la ruta transpacífica, arriba al puerto de Hong Kong, en la China. El 4 de marzo de 1937, mientras contemplaba extasiado una puesta del sol, lo sorprendió la muerte. Antes de dos años su hijo Sherwood, que heredara su cetro y su fortuna, arrebatado por el vértigo, pereció en un accidente de aviación, a la vista del puerto de Mazatlán.

 

Tomado de la revista: Letras de Sinaloa, número 52, páginas 38-40, Universidad Autónoma de Sinaloa, 15 agosto 1955.

 

Benjamín F. Johnston

Benjamín Francis Johnston; personajes en Sinaloa

 

Summary
Name
Benjamin F. Johnston
Nickname
("Fundador de Los Mochis")
Job Title
Contador Privado
Company
"United Sugar Company", S.A.
Address
Condado de Virginia,Estados Unidos

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