Biografías de Sinaloa México

 

AYAPIN

 

Por: Enrique Ruiz Alba

 

La plaza se tiñó de rojo-sangre en un instante. El cuerpo mutilado de Ayapin derramaba rebeldía. Cuatro potros corrían aún arrastrando pies y brazos del descuartizado. Los blancos presentes en aquella réplica del circo romano rugían de emoción: por fin el cabecilla que puso en peligro el éxito de la conquista, había muerto. Ya podían con tal escarmiento y en nombre de “Su Majestad” continuar “civilizando” los pueblos de la Nueva Galicia. Ya podían seguir masacrando, incendiando, arrasando cual modernos Atilas todo aquello que se opusiera a sus planes conquistadores.

Solo los indios, hermanos del ejecutado, forzados a presenciar la cruel y sanguinaria acción, se horrorizaron; nunca en su lucha contra los barbados y entre tantas infamias observadas y sufridas, habían visto cosa semejante.

Cuéntase que esa tarde nació el crepúsculo en el cielo de Culiacán; rojo intenso, brillante, que asombró a los hispánicos verdugos: era la sangre de Ayapin que se elevó por gracia de sus dioses para teñir el espacio celeste; para simbolizar perennemente la rebeldía de los indios de Culiacán.

Así nacieron los crepúsculos en nuestro cielo ¡Por ello la lucha aún no termina!.

Los aborígenes hallaron en Ayapin el caudillo ideal para su causa. Antes de ello, combatían aisladamente, practicando el “albazo”, debido a su desorganización y armamentos ineficaces. Con Ayapin, joven, valeroso y dueño de una agradable personalidad, la rebeldía progresó. Desde el Culiacán hasta el Petatlán, los combates favorecían a los in¬dios. Los españoles vivían con “el Jesús en la boca”, con el arcabuz o la espada a la mano, temerosos de los repentinos ataques de Ayapin y su gente.

Ante tal situación en ese año de 1539, don Melchor Díaz, alcalde mayor de Culiacán, vióse precisado a solicitar auxilio del gobernador, don Francisco Vázquez de Coronado, quien llegó a esta ciudad, procedente de Compostela, el 23 de diciembre de! mismo año, acompañado de muchos soldados.

Ayapin se retiró a la sierra, pensando que las montañas le darían ventaja sobre sus seguidores. Pero Melchor Díaz, experimentado soldado, veterano de muchas campañas, lo derrotó e hizo prisionero conduciéndolo a San Miguel en donde se le juzgó y encontrándolo culpable se le condenó a muerte.

Coronado ordenó el descuartizamiento.

Se dice que antes de morir, Ayapin pronunció unas palabras, que sus verdugos no pudieron entender.

Lo cierto fue que después de la ejecución, Vázquez de Coronado emprendió la aventura a las míticas ciudades de Cíbola y Quivira, acompañado entre otros de Melchor Díaz. Esperaban encontrar tierras llenas de oro y plata, pero solo hallaron la muerte y la locura.

Melchor Díaz, cabalgando por el Valle Imperial, sufrió la incrustación del regatón de su lanza en la ingle, destrozándole la vejiga. Durante 20 días se le trasladó herido en parihuela improvisada, pero murió en el camino el 18 de enero de 1541.

Vázquez de Coronado, abandonado por muchos expedicionarios decepcionados de no haber hallado el oro soñado, cayó de su caballo y sufrió un trastorno mental durante varios meses. Regresó a Culiacán en 1542, obteniendo licencia. Luego, en México, fue sujetado a juicio de residencia, sin haber vuelto a ocupar cargos administrativos. Murió fracasado en 1554.

¡La maldición de Ayapin no entendida por sus verdugos, se había cumplido!

 

 

Ayapin, líder indígena en la época colonial

Ayapin, el líder indígena sinaloense que combatió a los españoles durante la conquista de México

 

Summary
Name
Ayapin
Job Title
Lider indigena, caudillo sinaloense
Company
Tribu tahue
Address
San Miguel de Culiacán,Provincia de Sinaloa, Nueva España

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