Cuentos, leyendas, relatos y narraciones sinaloenses

 

Arroz de leche

 

 

De:  Arnulfo Rodríguez

 

Yo vendí “arroz de leche” (que es como llamamos al arroz con leche) cuando tenía siete u ocho años de edad, y nada tendrá de particular este hecho, a no ser por las circunstancias que obligaron a mi persona a entregarme a aquel callejero y goloso comercio. Esas circunstancias son las que voy a referir.

¿Qué chico habrá que no se haya percatado de esos íntimos disgustos hogareños en que son protagonistas los papás, y que en no pocas veces se traducen en tragedias con consecuencias inmediatas para la prole?

¿Qué niño habrá, sobre todo de esa casta de los humildes y pobres, tal vez miserables, que no haya apurado el amargor de las disputas caseras y del epílogo de golpes y de insolencias que ponen los padres no educados?

Creo que todos hemos presenciado esto, y lo hemos padecido.

No pienso denigrar a mis padres con esta narración, porque mis padres viven y hacen un par de viejos adorables a los que quiero con toda la fuerza de mi vida. Viven, digo, y con armonía completa; chocheando si se quiere, pero felices, no sé si con sus recuerdos o por gratitud al destino que los ha conservado hasta trasponer los sesenta años. Pero mis padres tuvieron en aquellos años remotos, como todos los matrimonios, disgustos, grandes y pequeños, o gordos y flacos, como se diría en calo popular. Yo fui testigo de aquellas desagradables escenas y víctima, consecuentemente, de ellas, porque las desavenencias se terminaban siempre con la separación de mis padres.

De estas separaciones conyugales creo que también saben todos los niños. La de mis padres era por tantos días, más o menos, porque venía la reconciliación, tornaban a reunirse y luego… vuelta a reñir y a separarse.

En el ir y venir de mamá, a fuerza de los disgustos triviales con mi padre, los hijos (mi hermana y yo) “jalábamos” con la madre porque siempre es la madre la que pone más corazón y mas ternura y mas amor en nosotros.

Nuestra situación de entonces era de gentes pobres, casi “necesitadas”, como se dice de los que están en la antesala de la miseria, y mi madre, que rehusaba el auxilio paterno, se veía obligada a trabajar haciendo “costuras ajenas” para darnos de comer.

Una ocasión concibió mamá la idea de preparar un exquisito “arroz de leche”, y me propuso que lo llevara a la venta por las calles, a ver si se ganaban algunos “centavos” más. Acepté de buen grado, sin remilgos, porque la vanidad masculina todavía no engendraba en mis interiores, y a poco rato me encontré recorriendo las calles de la ciudad, con una pulcra charola a la cabeza, llena la charola de tazas con arroz, trascendente a canela, y pregonando el artículo con fe y entusiasmo:

—iArroooz de leche! iArroooz de leche!…

Caminé con buena estrella, realizando toda la mercancía, por primera vez. En el transcurso de los días ensanché mi comercio, entrándome a los cuarteles para vender a los “juanes”, estacionándome a la puerta de las escuelas para provocar a los chicos con el apetitoso arroz, espolvoreado bien de canela y recorriendo sin descanso todo lo más frecuentado de las calles, pregonando siempre con bríos el “arroz de leche.”

Después, cuando reunidos mis padres, nuevos disgustos los determinaban a separarse y discutían sobre con cuál de los dos (papá o mamá) se quedaban los muchachos, yo me apresuraba a intervenir diciendo:

—iYo me voy con mamá, porque la pobre no tiene quién le venda el arroz!

¡Cuántas lágrimas vertió mi madre al recogerme en el regazo y oprimirme contra su corazón cuando le entregaba la venta de todo el “arroz de leche!”

 

 

Tomado del libro Cosas de niños, Rodríguez, Arnulfo, Fundación Jesús Kuroda Martínez , A.C., Culiacán, Sinaloa, 2011.

 

 

Cuento sinaloense

Arroz de leche, cuento sinaloense

 

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Arroz de leche, cuento
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Un cuento sinaloense para niñoz titulado Arroz de Leche de la autoría de Arnulfo Rodríguez

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