Personaje Ilustre de Sinaloa

 

Antonio Nakayama Arce, perfil de un gran sinaloense

 

Por  Juan Lizárraga T. 

La cruel ley humana de reconocer las grandes obras hasta la muerte de quien las crea, no ha hecho la excepción con Antonio Nakayama y así, de manera póstuma, empieza a recibir a seis años de su muerte, el homenaje que en vida le quedó como deuda.

En 1911, en Culiacán, hoy capital de Sinaloa, nació el ilustre amante de la historia y de la cultura sinaloense. Nakayama fue el fruto de la unión de mexicano y oriental, de México, país de realismo mágico y del enigmático Japón de sicología indescifrable como él mismo lo describiría.

En la primera década del presente siglo, los primeros emigrantes japoneses hacen su aparición en el solar sinaloense: Monobe, Tanamachi, Koyama, etcétera y Kami – shiru Nakayama, quien fue bautizado como Marcos al cristianizarse para contraer nupcias con María Dámaso Arce.

Esto nos dice sobre la vida de Nakayama su biógrafo más autorizado, Antonio Valenzuela Mísquez.

Era el padre de Antonio un minero metalúrgico, mas las circunstancias lo obligaron a ejercer el oficio de la panadería, humilde labor que no permitía ofrecer a los hijos una educación y particularmente la educación de Antonio, quien desde niño se mostró despierto e inquieto. María Dámaso Arce habría de vender sus joyas para hacer la hermosa inversión de otorgarle educación a Antonio que había heredado la inteligencia de su padre, Severiano Arce, conocedor de catorce idiomas.

Antonio Nakayama auxilió a su padre en “La Bebelama” y hubo de trabajar como obrero en el ingenio de Los Mochis, como jefe de Crédito de Financiera del Noroeste y luego como notario parroquial donde inicia su batallar como recopilador y divulgador de la historia de Sinaloa.

Formó parte, Nakayama, de una distinguida generación de estudiantes del Colegio Civil Rosales, donde conoció a Enrique Félix Castro, amigo cordial a quien él mismo calificó como “el sinaloense más brillante de los últimos años”.

Antonio Nakayama Arce se perdió entre los archivos parroquiales y las bibliotecas para emerger armado de exquisito material histórico y cultural, al cual difunde a veces de manera íntegra, para respetar el documento y en otras comentado y criticado de manera precisa con su estilo sobrio, usando “siempre la palabra exacta y algunas veces la frase única” dentro de una prosa “escueta, incisiva, vertical y acerada como un estilete florentino”, a decir de Ernesto Higuera en su prologo a los Prosistas Sinaloenses II.

“El Ilustrísimo Señor Licenciado Lázaro de la Garza y Ballesteros, sexto Obispo de Sonora e Impulsor de la Cultura del Noroeste”, fue el primer trabajo de Nakayama, publicado en 1942.

Se inicia su obra y a la par que producía, organiza el Archivo Histórico del Obispado de Sinaloa, es oficial primero del Gobierno del Estado de Sinaloa, oficial mayor y secretario general de Gobierno y secretario de la Comisión de Límites del Estado de Sinaloa.

Fue, de acuerdo a su curriculum vitae publicado por Valenzuela Misquez, maestro de la Escuela Normal del Estado de la cátedra de Historia de Sinaloa, fundada por él mismo, representante del gobierno de Sinaloa en varios congresos de historia y antropología; es inspector honorario del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Es miembro de diversas sociedades como el Congreso Mexicano de Historia, la Sociedad de Artistas y Escritores Americanos de La Habana, Cuba.

También se desempeñó en los siguientes cargos: director fundador del Museo Regional de Culiacán (1958 -1963); director de la Biblioteca Central de la Universidad de Sonora (1964-1970); Miembro del Consejo Académico de la Universidad de Sonora; Becario del Departamento de Estados Unidos (1964); encargado de la Sección Editorial de la Universidad de Sinaloa; asesor Histórico de la Comisión de Límites Sinaloa – Sonora; miembro del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Su obra crecía. Incursiona en el periodismo y publica el semanario “Evora”, así como las revistas “Resumen” y “Senda”, en cuyas páginas se vertió la creatividad literaria de Enrique Félix Castro, Francisco Gil Leyva, Alejandro Hernández Tyler, Enrique Peña Gutiérrez y otros amantes de la cultura y la historia sinaloense.

Desde 1942 hasta su muerte el 4 de abril de 1978, cuando la vista no le respondía, cuando muere olvidado y en la miseria, crea su abundante obra de la que se mencionan los siguientes trabajos:

-Documentos Inéditos e Interesantes para la Historia de Culiacán (1952).

-Documentos para la Historia del Rosario, Sinaloa (1955).

-Exposición que sobre las Provincias de Sonora y Sinaloa escribió su diputado Carlos Espinoza de los Monteros (1957).

-Homenaje al Pensamiento Liberal Mexicano, textos de Antonio Nakayama y de Erasto Cortés (1957).

-Calendario Cívico de Sinaloa (1958)

-Urdiñola en Sinaloa, Anuario del Centro de Estudios de la Universidad de Nuevo León, Monterrey, N. L. (1963).

-California Pioneer’s from Sinaloa, Mexico. En Pacific Historian, University of Stockton California, USA. Vol. 13, Spring (1969).

 

-Pioneros Sinaloenses en California, UAS, (1970).

-Juárez, Rumbo y Señal de México (1973)

-Culiacán Crónica de una Ciudad (1973)

-Relaciones de Antonio Ruiz. La Conquista del Norte de Sinaloa. Paleografía y notas de Antonio Nakayama.

-Sinaloa, su Drama y sus Autores. INHA y SEP.

-Sinaloa, un Bosquejo de su Historia.

-Culiacán, Historia de una Ciudad.

Aún sin publicarse, permanecen los siguientes trabajos de Nakayama: El Estado de Occidente, Espejismo y Fracaso de una Entidad; Galería de Culiacanenses distinguidos; Franciscanos en Sinaloa; Aztatlán, Prehistoric Mexican Frontier on the Pacific Coast, en versión castellana de Nakayama; Documentos y Datos Interesantes para la Historia del Antiguo Obispado de Sonora; Documentos para la Historia de Sinaloa, II Vols.; Mazatlán, Parva Crónica de un Puerto.

Además de la vasta obra histórica de Antonio Nakayama, en las revistas y suplementos culturales de los periódicos sinaloenses vagan casi inéditos muchos de sus escritos. Algunos otros, desconocidos para el sinaloense, se imprimieron en publicaciones de Sonora y de Baja California Sur.

Dos de estos artículos, publicados ambos en la revista LETRAS de Sinaloa, titulados La Poesía en Sinaloa y el HAI – KAI, Revelación de la Poesía Japonesa, demuestran su amor por las bellas letras, por la poesía de su tierra natal y de la que le dió su sangre.

En La Poesía de Sinaloa (LETRAS No. 59), abre su ensayo con un elogio al poema épico “Grandeza Mexicana”, escrito por Bernardo de Balbuena inspirado por doña Isabel de Tovar y Guzmán, noble y hermosa mujer sinaloense. Balbuena era nativo de España, pero su producto “era netamente americano. Sinaloense era la dama y el noble poblado donde ésta vivía…. por eso, consideramos este fasto literario como la iniciación de la lírica en América y a Culiacán como la cuna de la poesía americana”.

Y uno a uno, muestra a los poetas y escritores que a través del tiempo proliferaron en la entidad.

En el HAI – KAI, Revelación de la Poesía Japonesa. (LETRAS No. 60), más recuerda que aunque amante de su estado natal, continúa uncido al Japón donde su padre Marcos Nakayama, esperó que la fortuna le sonriera a su hijo en cuya inteligencia confiaba, para volver a Sinaloa, mas su regreso no fue posible, no solo porque la II Guerra Mundial interpuso una infranqueable muralla, sino porque la humildad de Antonio Nakayama no le otorgó el dinero suficiente y su padre había de fallecer en su país.

Analiza en su ensayo a los mejores cultivadores de “esa inmensa miniatura delicadamente colocada en “cajita de laca” como llamó Juan Eulogio Guerra Aguiluz al Hai – Kai. Basho, Shiki, Kito, Kyorai y Roka, son algunos de los poetas japoneses de los que nos habla Nakayama para enseguida exponernos la fascinación que provocó entre los poetas mexicanos, de manera particular en José Juan Tablada, de la composición breve pero plena de evocaciones.

Y veladamente reconoce la superioridad creativa, condensada en el Hai – Kai, de los orientales: “Para el japonés, el jardín no es el apéndice de su casa, sino que puede decirse que la casa es el apéndice del jardín. Se entrega a la meditación ante la vista de un lago de arena y rocas y puede pasarse todo el día en la inmovilidad contemplando la florescencia de los cerezos. Así pues, no debe extrañar que se dedique con pasión a crear esas pequeñas joyas literarias que son algo más que meros versos, ya que los Hai – Kais son en realidad respuestas pasajeras o impresiones que por lo general ilustran el conocimiento del poeta —y también el nuestro— sobre la identidad de la vida en diferentes planos”.

Con ese espíritu enigmático de los pueblos orientales, con esa sicología indescifrable para nosotros, Antonio Nakayama se entregó a la tarea de rescatar la historia de Sinaloa.

Antonio Nakayama alcanzó el rigor frío de la ciencia en sus investigaciones históricas, mas irradiaban al tiempo una clara humildad y humanismo. Aunque sus escritos no tuvieron parangón, aclaraba que si su vida la dedicó “a desenterrar los estratos del pasado, hechos y nombres que dormían el sueño del olvido, mi designio no ha sido que el sinaloense vea en Eso algo momificado, sino para que con el conocimiento del pretérito pueda entender el presente, pues de otra manera no podrá levantar el andamiaje del futuro”. Y recalca sus humildes pretensiones:

“Que sea de utilidad para los que al igual que yo han visto la luz en esta tierra bronca y generosa, así como también para los mexicanos que tengan interés en conocer una visión panorámica de la vida que ha bullido en ella”… He ahí el ánimo que lo movió a hurgar en el pasado y presente sinaloense.

Fue imparcial y recomendó que las pasiones políticas no interfirieran en los propósitos de relatar la vida histórica, mas se vió solitario en su empresa y decepcionado buscó “su segunda patria” en Sonora, donde a través de “charlas deshilvanadas” llevó el mensaje, su mensaje de hombre al que le preocupa primordialmente el desarrollo de la cultura en el noroccidente mexicano:

“El lugar del nacimiento es un mero accidente…. (pero) habiendo llegado recientemente a Sonora, si dijera que ella es mi segunda patria, sonaría a exageración, pero para mí, vivir en Sonora no significa vivir en cualquier otra entidad, sino que se traduce a seguir viviendo en Sinaloa porque aquí, las gentes, el medio y las costumbres son un tanto iguales a los que han rodeado mi existencia”.

Tal dijo Antonio Nakayama a su arribo a Sonora, decepcionado de Sinaloa, pero lleno de fé, de confianza en su región:

“He venido a dar mi esfuerzo a Sonora y enhorabuena que esto haya sido así, porque este Noroeste de donde soy nativo, representa el porvenir de México. Tengo conciencia de mi pequeñez, y por lo tanto de que mi esfuerzo será igualmente pequeño, pero también sé que unido al de la colectividad, servirá para acrecentar la grandeza de Sonora”.

Terminan aquí estas breves notas y comentarios para recordar a don Antonio Nakayama. A otros corresponde realizar su biografía completa, poca cosa para quien tanto hizo por Sinaloa.

 

 

Antonio Nakayama A.

Antonio Nakayama Arce, ilustre historiador sinaloense

Summary
Name
Antonio Nakayama
Job Title
Historiador
Company
Escuela Normal de Sinaloa, Instituto Nacional de Antropología e Historia, Congreso Nacional de Historia, Museo Regional de Culiacán,
Address
Culiacán,Sinaloa, México

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1 Comment

  • Juan Lizárraga Tisnado says:

    Me da mucho gusto ver la publicación de esta biografía en este sitio.
    Entre 1984 y 1985, Rafael Franco Zazueta, dueño en Mazatlán de la imprenta “El puerto”, me invitó a redactar biografías de personajes ilustres de Sinaloa cuyos nombres serían inscritos con letras de oro en el salón de sesiones del Congreso de Sinaloa por iniciativa de la LI Legislatura. “Necesito una biografía de Genaro Estrada”, me decía Rafael. ¿para cuándo?, le preguntaba, y él me respondía: “para antier”. Así es que gracias a Rafael hice estos trabajos de corte estrictamente documental y sintético.
    Realicé las siguientes minibiografías:
    (1984) Francisco Iriarte, el padre de Sinaloa
    (1984) Domingo Rubí, un hombre excelso
    (1984)Antonio Nakayama, perfil de un gran sinaloense
    (1985) Genaro Estrada, el sinaloense universal
    (1985) Gabriel Leyva Solano, el primer revolucionario
    (1985) Pablo de Villavicencio, por la justicia y la libertad

    Algunas de estas minibiografías se publicaron en diarios de Mazatlán, de donde seguramente tomaron la publicada en este sitio de internet, lo cual agradezco sinceramente.

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