Mujeres ejemplares de Sinaloa

 

 

Profesora Amalia Millán

Por  Rosalía D’ Chumacero

Es una de las mujeres mexicanas de más polifacética y brillante personalidad que ha abarcado fases las más disímiles, sobresaliendo en todas ellas de manera indudable como un indiscutible valor del feminismo mexicano. Estas fases son: el arte, proyectado en el canto, la música y el folklore; la cultura como conferencista, educadora y escritora; como minera, ocupación la menos femenina, y por último la política.

Amalia Millán nació en el pueblo de San Ignacio, estado de Sinaloa, en el hogar de don Hilario Millán, y doña Teresa Maldonado. Cursó su primaria en Culiacán y la Secundaria y el Bachillerato por suficiencia, magnífica manifestación de su voluntad y talento al verse obligada a ello para obtener en 1944 el Diploma Universitario que la titulaba profesora de folklore, siendo la primera mujer que en México obtenía tal titulo en la Universidad Nacional.

Pero regresemos a 1937 cuando Amalia, una jovencita llena de ilusiones y amor al arte, ingresa en la entonces llamada Facultad de Música, hoy conocida como Escuela Nacional de Música. En cierta ocasión necesitaba a toda prisa encontrar al maestro Mischaca para resolver cierto problema de solfeo, cuando en su busca, entra equivocadamente a otra clase que decidió su destino. Un maestro de cabeza blanca hablaba de poesía y danzas antiguas, temas que la apasionaron, quedándose parada en la puerta para escucharlo. Él, la invita a entrar. Al terminar la clase pregunta quién es ese maestro.

Es el maestro don Manuel M. Ponce le contestan. Se acerca entonces al célebre autor de Estrellita y tal es su vehemencia al hablarle que él ve reflejados en los ojos de la jovencita, la pasión por el folklore, invitándola a escuchar sus clases en calidad de oyente.

Al día siguiente, Amalia, como todas las alumnas del que era el quinto año del maestro, presenta el trabajo que habíale oído pedir basado en sus explicaciones en aquella clase, trabajo que por supuesto ella amplió por las consultas que hizo en libros de historia del folklore. Tan bueno fue el suyo que el maestro se lo pide para publicarlo en uno de los principales diarios. Este fue el primero de la serie de bellísimos artículos que luego publicó en su libro Clases de folklore, que ella, en sustitución de ese mismo maestro diera durante la ausencia de éste en uno de sus viajes, pues sobresalió de tal manera que llegó a tener la capacidad para suplirlo, poniendo eso sí como específica condición el que el sueldo siguiese siendo íntegro para Ponce.

Viendo su capacidad, el gran compositor pide al entonces rector de la Universidad señor Brito Foucher que se constituyera un curso especial de esa materia, creándose en tal concepto esta carrera en la que la señorita Millán fue la primera graduada. Al mismo tiempo había seguido estudios de piano y canto; auspiciada por el maestro Ponce, hace su primera presentación en la Unión Femenina Iberoamericana, interpretando varias canciones indígenas yaquis, acompañada por el típico tamborcito de la tribu. Esto la puso en el camino de la interpretación folklórica, iniciando así una carrera que en su género nadie ha superado y con la que ha dado sentida interpretación a la canción indígena de México dentro y fuera de su Patria.

Participó en una película cantando canciones otomíes, actuación que le fue aplicada a la figura central de la misma, invirtiendo el producto monetario de ese trabajo en la adquisición de material folklórico (trajes e instrumentos musicales) para continuar su labor pro enriquecimiento y divulgación de este género expresivo del arte autóctono del pueblo mexicano, labor en la que le acompañaba periódicamente el mismo maestro Ponce, de quien se convirtió en la más inmediata y útil colaboradora, y con quien la unió un intenso y admirativo afecto.

Estudiosa hasta el máximun, continuó el rudo aprendizaje de los idiomas: inglés, francés, alemán, italiano, tanto para prepararse una nueva carrera, como para dar un mayor auge a la interpretación del folklore de su pueblo, ante otros pueblos y otras razas. Sin embargo, su marcada devoción indígena la apartó de aquel derrotero, en tanto que la interpretación folklórica hecha en los idiomas originales de las canciones, la llevan por el sendero que al equivocarse de profesor la hiciera dar con el célebre Ponce. Y es así como en 1945 es invitada a asistir a las conferencias de La Paz, en San Francisco de California, para cantar este género, dando a la vez charlas sobre el origen de las canciones de las que se grava un álbum que comprende un curso completo de la música indígena de tres de las épocas trazadas por el maestro Ponce: la Precortesiana, la Colonial y la actual.

Luego de las conferencias es llamada a hacerse cargo en la Universidad del Sur de California de la cátedra de folklore que fundan para ella, la cual imparte a maestros especiales que a su vez instruyen tanto alumnos mexicanos como a norteamericanos. Entre sus propios alumnos está el profesor y compositor Laphtchan, quien compone una linda ópera de los temas mexicanos aplicados sobre una bella leyenda del mismo origen, que la profesora Millán les hace conocer. Publica además un libro de canciones indígenas mexicanas traducidas al inglés con lo cual corona sus actividades en Norteamérica, país en el que permanece hasta 1954, cuando por asuntos familiares se ve obligada a volver inmediatamente a México dejando pendiente un brillante contrato para cine y viajes por todos los Estados Unidos y Europa, ofrecido por poderosa agenda teatral que contrataba únicamente a figuras de alto relieve.

Al regresar continúa su magnífica trayectoria de folklorista, con participaciones constantes en la prensa mediante artículos, conferencias en los principales centros culturales e interpretaciones de canto y danza, labor que realiza con exposición de los trajes auténticos, y la música e instrumentos indígenas, lo cual sigue haciendo tanto dentro del país, como en frecuentes viajes al exterior, el último de ellos realizado en el pasado octubre a los Estados Unidos.

Pero no se detiene aquí la actividad de Amalia Millán y la vida la obliga a asumir una nueva fase totalmente disímil de la anterior: la minería. A la muerte de su hermano mayor se ve en la necesidad de hacerse cargo del negocio de minas que él tenía, procediendo con gran capacidad organizadora y espíritu de empresa a los respectivos denuncios, explotaciones y todo lo que atañe a tan singular actividad.

Su nombre y su figura se hacen familiares en todos los rincones y cercanías del Cerro de la Silla y de los pueblos y caseríos que une mediante un camino que construye al conocer la urgente necesidad de él. Ya no es la dulce muchacha de sentidas interpretaciones indígenas en los lenguajes nativos; ahora es la valerosa minera de pistola al cinto (que ingenuamente confiesa siempre anduvo descargada), quien vigila a sus trabajadores, da órdenes, pelea con la Secretaría de Economía que quiso expropiarla, y a la cual le ganó.

Tales valerosas, humanas y eficientes actuaciones le ganan la popularidad de muchos caseríos o pueblitos y la postulan todos ellos para candidata a diputada local propietaria del Distrito de San Ignacio del estado de Sinaloa, ganando unánimemente pues no encuentra contrincante, en la elección efectuada el día 5 de julio de 1959, y dando su protesta el 15 de septiembre del mismo año.

La campaña la realizó, no con discursos políticos, sino mediante el concurso de un médico pasante que fue a vigilar la salud de los electores, a los que además brindo 15 bibliotecas populares, organizando también clubes de mujeres para trabajar con los Comités de Mejoramiento y los Patronatos Pro Hospitales y Escuelas que formo durante dicha campaña. “Como no sé hacer política -dice- hice, mi campaña así”. Y agrega:

“Realmente sería mucho lo que respecto a mis actividades e inquietudes debiera decirles, no porque ello en lo particular me importe a mí, sino porque las mismas las he realizado en pro y por México.

El folklore mexicano es tan extenso, tan vasto, tan rico en matices, que no puede conocerse, amarse y difundirse íntegro en una sola, es decir que jamás, pese al mucho estudio podemos profundizar debidamente en él. Sin embargo, diré lo que grita dentro de mí el dolor y la rebeldía ante un hecho inaudito que las autoridades y organismos respectivos contemplan con una impavidez que asombra. , Cómo es posible, me pregunto, que no advierten que lo que como Folklore sale, no es sino una farsa, una adulteración de el? ¿Qué lo que como folklore contemplan los extranjeros no es sino una manifestación denigrante del más sagrado de nuestras artes, genuina expresión de lo que fueron los sueños, las ambiciones, los ritos, y todo lo que significó la grandeza esplendorosa de nuestro glorioso pasado?

En los Estados Unidos, personas amigas mías vinieron a decirme luego de haber escuchado a un grupo de Mariachis desnaturalizando nuestro folklore con estentóreos gritos y canciones, que sólo expresan sentimientos bajos y más bajas pasiones, que ese no era el arte que yo les había enseñado a admirar. Y efectivamente, el folklore que ellos escuchaban, y así se los decía, era un folklore comercializado, que únicamente podría representarse en los lugares en donde fue creado y para gentes como quienes lo crearon. Jamás para la exportación.

Yo creo que tanto la Secretaría de Educación como los organismos turísticos debieran poner “alto ahí” a ese género denigrante de folklore mexicano, y sólo permitir la representación del que sea genuino palpitar de la dignidad, del valor del sentimiento de nuestro pueblo, en cualesquiera de las tres épocas de su historia: la Precortesiana, Colonial y la actual”.

 

 

Amalia Millán

Amalia Millán, folklorista, minera, actriz, politíca sinaloense

Summary
Name
Amalia Millán
Job Title
Historiadora, folclorista, actriz, diputada, escritora, catedratica
Company
Universidad del Sur de California
Address
San Ignacio,Sinaloa, México

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