Gente de Sinaloa

 

Alfredo Ibarra Rodríguez

(El maestro, el investigador, el hombre)

 

 

Por  Juan Macedo López

A los dieciséis años de edad se publican sus primeros trabajos literarios en la “Revista Sinaloense”, fundada por otro adolescente audaz, soñador: Juan B. Ruiz. Había nacido en El Rosarito, Cosalá, el 7 de diciembre de 1903. Cabalga ya sobre el rocín de los setenta y cinco años y su vigorosa inteligencia se mantiene erguida, viva, incansable. Los frutos de su vasta cosecha literaria y científica son más conocidos en la capital del país y en el extranjero que en Sinaloa, la tierra que lleva palpitante, convulsa y alegre, dilatada y lúcida, en su sangre.

Director de Educación Pública y Rector de la Universidad de Sinaloa en 1937—la rectoría la desempeñó sin estipendio económico, por decisión propia—, el magisterio sinaloense no logró establecer identificaciones con este hombre de calidades y cualidades excepcionales.

Retorna a la capital de la República en 1938 como maestro de grupo de una escuela primaria. Gesto de modestia que se antoja increíble: don Alfredo había sido en 1924 Jefe de Técnica en el Departamento Cultural Indígena; cuatro años después, impartía cátedras de francés, inglés y geografía en la Escuela Preparatoria y Normal de Tuxtla Gutiérrez. Aquí inició sus estudios de El Alto Grijalva. Con el concurso de siete investigadores y al Término de la investigación, propuso la construcción de las presas de Chicoaseén y La Angostura.

En México ocurren milagros, desastres y aciertos. En lugar de los dos embalses proyectados, se construyó la presa Raudales. En su proyecto, previó el aprovechamiento de las aguas retenidas para la producción de energía eléctrica y el desarrollo de la agricultura, la ganadería y la industria. La Chontalpa como zona agrícola y ganadera no puede mostrarse como un éxito.

El maestro auxiliar de escuela primaria en 1932 estudió folclore por correspondencia. Fue su maestro Archer Taylor, del Departamento de Lenguas Germánicas de la Universidad de Chicago. Concluyó su aprendizaje en 1939. Su pasión por el arte popular lo llevó a la formación del Primer Museo Folclórico bajo el patrocinio de la SEP. Corrían los años 1924-25. ¡Despertaba el nacionalismo artístico con los cuatro grandes pintores muralistas, el francés Jean Chariot y los compositores musicales Silvestre Revueltas y Carlos Chávez. José Rolón, en Guadalajara, se inspiraba en los sones tapatíos para crear una música surgida del hondón de lo popular. Seguirían su ejemplo Moncayo y Blas Galindo.

El maestro Ibarra Rodríguez entregó a la UNAM su estudio sobre el Alto Grijalva para su publicación. Ha permanecido inédita, pero es una obra que consultan nuestros técnicos en hidrología, aunque su visionario autor permanezca en el olvido.

No caemos en el ditirambo facil si decimos que don Alfredo Ibarra Rodríguez es un mexicano ilustre, para quien sus paisanos los sinaloenses, sobre todo los de las nuevas generaciones, es un desconocido. Sólo los viejos sabemos quién es él, cuánto y cómo ha contribuido a la formación de nuestra cultura.

Muchos de sus estudios no se llevaron a la realidad. Tal los casos de su propuesta para crear un organismo cuya misión consistiría en que nuestro pueblo aprovechara los recursos naturales del suelo, el subsuelo, del agua y del aire. Eso ocurrió en 1931. El Presidente Abelardo Rodríguez dispuso que se aprovechara el proyecto, pero el burocratismo que heredamos de los abuelos blancos y que hemos enriquecido con deslumbrante prodigalidad, creó el Departamento de Geografía Económica. Naturalmente el proyecto fracasó.

Presentó la iniciativa de que se creara una escuela de medicina rural en el Instituto Politécnico Nacional. ¿Cómo un maestro normalista se entrometía en el campo de la medicina? Desechada la certera, visionaria propuesta. Nació la Escuela Superior de Medicina y el campo mexicano se quedó sin doctores rurales. Cada año salen del país y emigran a Estados Unidos o a Centro América más de siete mil profesionales de la medicina porque no “hay mercado”… No. El campo no es un sitio ideal para los doctores “urbanistas”.

Al distinguido maestro Alfredo Ibarra Rodríguez se debe la fundación de institutos indigenistas en los países centro y sudamericanos en donde la población indígena permanece marginada. Si la Escuela de Periodismo “Carlos Septien García” que dirige el poeta y escritor de enjundia y garra Alejandro Avilés, funciona, en cierto aspecto se debe a otra iniciativa de don Alfredo, que proponía la fundación de este tipo de escuelas.

Fundador de la Academia Nacional de Historia y Geografía, se le otorgó medalla de oro en 1975, “por servicios especiales y mantener viva la Academia por veinte años”. Y también en 1968 se le concedieron las Palmas Académicas por la misma AdeHyG.

El autor de “El Alto Grijalva”. 1929. Inédito en la UNAM. “El Sumidero”. 1930. Suplemento de la Revista Universidad. “Cuentos y Leyendas de México”, “Sinaloa en la Cultura de México”, “Fogatas de la Revolución”. “México, Paz, Libertad”. Sus trabajos han sido publicados en los Anuarios de la Sociedad Folclórica de México — de la que fue, igualmente, fundador de los años 1939-1940, 1942 y 1943. Ha colaborado en “Imaginación de México”. R.H. Valle. Colección Austral, de Buenos Aires, Argentina; en “Juegos y Deportes Nacionales”; compilador de Tres Congresos Nacionales de Prensa; “Record First National And Pan American Press Congress, Habana,1945.

Con honrosas referencias se le cita en “Handook of Latin Estudies, 1930, cuyos autores son Lewis Hanke y Miron Burgin, de la Biblioteca del Congreso. Harvard University Press editó en 1940 su “Who’s Who en Latin América” y aparece el nombre y la obra de ese gran sinaloense. En 1972 se le cita en “Who’s in México”. Dos libros suyos han sido publicados en Suiza y otro por la Universidad de Leipzig en 1937.

Los Ibarra Rodríguez es una familia de intelectuales. Su padre, Alfredo Ibarra, cosalteco puro, fue un delicado poeta, a quienes algunos ubican entre el romanticismo y aproximaciones al modernismo. Su hermano Héctor honra también el patronímico y como don Alfredo — si, don Alfredo, gran señor de la cultura — escribe, investiga.

Apenas si en una o dos ocasiones conversamos con el laureado escritor. El no nos recuerda. Nosotros lo evocamos en una calle de México en un día primaveral. Alto, maciza arquitectura corporal, nariz aguileña y el cráneo del descendiente del vasco. Ameno, cordial en su conversación.

“El sinaloense entre otras cosas, nos dijo, resiste mejor que otros mexicanos el frío de la metrópoli, porque trae en su organismo una gran carga calórica. Pero acaba por perderla”.

No había en sus palabras asomo de presunción. Valoramos entonces su calidad humana y comprendimos que los maestros estatales sinaloenses habían perdido a un auténtico guía.

México, en cambio, ganó a un investigador. De haber permanecido en el terruño, tal vez lo hubiera ahogado la estrechez del medio ambiente. O probablemente, don Alfredo vaciaría su enorme voluntad y su vigor intelectual en el estudio exhaustivo del Sinaloa verdadero.

¿Que tareas realiza a los setenta y cinco anos de edad? Sigue trabajando como si fuera un hombre en plena madurez. No nos extrañará que un día de estos nos sorprenda con la publicación de algún nuevo libro.

 

 

Tomado de; Presagio, Revista de Sinaloa; número 10, páginas 27-18.

 

 

Alfredo Ibarra Rodriguez

Alfredo Ibarra Rodríguez, profesor e investigador sinaloense

 

Summary
Name
Alfredo Ibarra Rodríguez
Job Title
Profesor, investigador, Rector de la Universidad de Sinaloa, Director de Educación Pública
Company
Academia Nacional de Historia y Geografía, Gobierno del Estado de Sinaloa
Address
El Rosarito, Cosalá,Sinaloa, México

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