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Alcaldías mayores en el oeste de la Nueva Vizcaya

 

El alcalde mayor como representante del gobernador en el territorio a su cargo, ejercía funciones administrativas, de guerra, de justicia y fiscales. Las actividades del alcalde eran equiparables a las del gobernador sólo que limitadas a su jurisdicción. Por lo común el gobernador designaba a los alcaldes mayores pero en las alcaldías del noroeste faltó claridad respecto a qué autoridad correspondía hacer los nombramientos. La Audiencia de Guadalajara reclamaba el derecho de designar alcaldes porque era la costumbre antes de que se fundara la Nueva Vizcaya. El gobernador neovizcaíno disputaba este derecho porque era facultad de los gobernadores designar alcaldes mayores. La situación se complicó aún más cuando el virrey Cadereyta designó a Pedro de Perea alcalde mayor de Sonora; como Perea era capitán del presidio de Sinaloa la acción del virrey devino disputa por nombrarla autoridad máxima en las alcaldías de Sinaloa y Sonora.

Correspondía a los alcaldes mayores el gobierno de los colonos españoles y de los pueblos de indios localizados dentro de su jurisdicción. Como los cabildos que existían en las villas de Culiacán, San Felipe y Santiago de Sinaloa y El Fuerte de Montesclaros eran muy débiles —no se encuentra rastro alguno de ellos en el siglo XVIII-, tal vez debido a los pocos habitantes y a lo escaso de sus recursos, los alcaldes atendían todos los asuntos tanto de orden civil como criminal. Como el alcalde sólo podía dictar sentencia si era letrado por lo común actuaba como juez receptor es decir, efectuaba las diligencias necesarias para los procesos y una vez que reunía pruebas y testimonios los enviaba a instancias superiores para que dictaran sentencia. Si los casos involucraban indios contaba con la ayuda de intérpretes.

El alcalde tenía la obligación de estimular y proteger el desarrollo económico en su jurisdicción y por eso realizaba frecuentes visitas a las tiendas —para inspeccionar la justa utilización de pesas y medidas— y a las minas -para vigilar las condiciones de trabajo en ellas. Asimismo el alcalde autorizaba la conducción de plata a las casas de ensaye.

En el ramo de hacienda, el alcalde mayor de Sonora se encargaba de vender pólvora y naipes y el de Sinaloa el papel sellado. Este papel tenía el sello real y debía emplearse para cualquier asunto oficial. En el ramo militar, el alcalde organizaba y comandaba a los vecinos cuando había amenazas de ataques indígenas sobre los pueblos.

Era propio del alcalde nombrar gobernadores para los pueblos de indios, aunque siempre con aprobación del misionero. En coordinación con el gobernador indígena, seleccionaba cierto número de nativos destinados a trabajar por algún tiempo en las empresas españolas, procedimiento conocido como repartimiento.

El tiempo del desempeño del cargo de alcalde variaba de pendiendo de la procedencia del nombramiento. Si el nombramiento lo hacía el virrey, el alcalde permanecía en funciones el tiempo que aquél determinara. Si el gobernador de Nueva Vizcaya o la Audiencia de Guadalajara otorgaba el puesto, el ejercicio duraba de uno a dos años. Durante el siglo XVII este último tipo de nombramiento fue el más usual. El alcalde era sometido a juicio de residencia al término de su actividad.

El salario atribuido a los alcaldes mayores era impreciso, varió según la extensión territorial sujeta a su autoridad y de acuerdo con los cargos que acumulara. Debido a los pocos recursos que por tal concepto recibían estos funcionarios, las altas autoridades virreinales toleraban que se dedicaran a actividades económicas independientes como el financiamiento, el comercio, la agricultura, la ganadería o la minería, todo lo cual les estaba prohibido por la ley.

El establecimiento y delimitación de las alcaldías mayores del reino de la Nueva Vizcaya en la costa del Pacífico fue un proceso paulatino que tuvo lugar a lo largo del siglo XVII. En los territorios del sur, cercanos a Nueva Galicia, surgieron y desaparecieron alcaldías en función de la riqueza de los reales mineros explotados.

Al norte de Culiacán poco después de la entrada de Ibarra se fundó, en 1563, la alcaldía mayor de Sinaloa. El alcalde de Sinaloa ostentaba además el titulo de comandante del presidio de Sinaloa. La jurisdicción, tanto del presidio como de la alcaldía, se extendió hacia el norte a medida que los jesuitas avanzaban la frontera. Estas condiciones se mantuvieron hasta la llegada de Pedro de Perea quien en 1641 creó la alcaldía mayor de Sonora. El río Yaqui marcaba el límite entre las dos alcaldías noroccidentales. Los presidios en Sinaloa y Sonora 1600-1700 fueron demarcaciones estratégicas militares que se establecieron en villas y poblados importantes.

Las dificultades de usurpación de jurisdicciones en las alcaldías mayores del noroeste en el siglo XVII surgieron desde aquellos primeros años pues cuando Perea fue destituido como alcalde de Sonora, el alcalde de Sinaloa reasumió la jurisdicción sobre aquellas tierras. Esta situación duró dos años, pues en 1648 el gobernador de Nueva Vizcaya separó de nuevo ambas alcaldías al nombrar al capitán Simón Lazo de la Vega alcalde de Sonora.

Los conflictos se agravaron con el descubrimiento de las minas de Ostimuri, cuya jurisdicción disputaron las alcaldías de Sinaloa y Sonora. Al principio un delegado del alcalde de Sonora se encargo de gobernar Ostimuri pese al desacuerdo del alcalde de Sinaloa.

 

Fuente: Historia General de Sonora, volumen II, De la Conquista al Estado Libre y Soberano de Sonora, Gobierno del Estado de Sonora, Hermosillo 1985.

 

 

Alcaldías mayores noroeste de la Nueva España

Alcaldías mayores en el noroeste de la Nueva España, oeste de la Nueva Vizcaya

 

 

 

 

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Mapa de la alcadías mayores en el noroeste de la Nueva España
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Mapa de la ubicación de las alcandías que conformaban a la Nueva Vizcaya en el siglo XVII, durante la época colonial en México.

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